Confinamiento/ 16. Tres semanas

Foto de mauro mora en Unsplash

Por Javier ARISTU

Los alemanes derrotaron al ejército francés en 1940 en solo tres semanas tras un año cargado de tensión pero sin ninguna acción bélica de importancia. En tres semanas las defensas francesas, y el conjunto del ensamblaje institucional, militar y político de la III República se vino abajo. La historia recomenzaba de otra manera.

No quiero recurrir a metáforas bélicas, porque esta pandemia no es una guerra, pero lo que nos está ocurriendo se va a llevar por delante muchas de nuestras convenciones e instituciones sociales establecidas. En solo tres semanas, el coronavirus ha cambiado por completo nuestro «estar en el mundo». Seremos otros tras este tifón. Nuestros nietos –y tengo cinco– serán los hijos del coronavirus como a otros les llamaron los niños de la guerra o los hijos del baby boom. Este derribo o derrumbe del armazón institucional y social que se ha venido creando desde hace algunas décadas –me refiero especialmente al esqueleto y masa corporal construidas tras la hegemonía neoliberal en los años 80 y el auge globalizador de los primeros años del siglo XXI– tendrá que ser sustituido por otra arquitectura, otros andamiajes y otros materiales más sólidos y cohesivos, capaces de integrar a la cantidad de desvalidos y desamparados que va a dejar tras sí la pandemia.

Se trata de nada más ni nada menos que de un nuevo contrato social, un nuevo modelo de convivencia y cohabitación del planeta entre los seres humanos constituidos en sociedad. Hoy, más que nunca, se atisba el fin de las ideologías…pero lasdel pasado. Va a ser imposible reconstruir el nuevo marco global de convivencia mundial recurriendo al catecismo neoliberal y privatizador que nos ha emborrachado en los últimos tiempos. Tampoco servirán aquellos que sigan recurriendo a viejas religiones estatalizadoras o impositivas. No sé por dónde hay que ir en concreto, pero sí sé que a partir de ahora tendrán que primar los intereses de la sociedad sobre los del individualismo, los de la salud de todos sobre la rentabilidad económica, los del servicio público para la colectividad sobre los del privilegio de minorías. Ponedle vosotros el nombre a eso.