Confinamiento/ 9. Estupideces

Pueblo confinado, foto flickr de Joan Grífols

Por Javier ARISTU

Confinar = 2. Recluir algo o a alguien dentro de límites. Así define la RAE lo que nos está pasando a millones de ciudadanos en el mundo a consecuencia de esta pandemia. Los límites son nuestros domicilios, salvo excepciones y particularidades según el trabajo y el tipo de actividad. Todos estamos confinados en las casas, dependiendo del teléfono, la tv, Internet, la charla con los cercanos, los libros y las faenas de la casa. Es un periodo de excepción. Para todos. Como decíamos en otra entrada anterior, el Estado –todos los Estados del mundo salvo excepciones– han exigido esta medida para tratar de controlar la expansión del virus y evitar el colapso del sistema hospitalario de cada país.

Algunos no lo ven así y critican las medidas y la actitud del gobierno español acusándolo de autoritario y despótico. La crítica en sí no es lo que me interesa tratar ahora, sino de quien la proclama. No voy a dar nombres, solo cargos e historia.

Se trata de un antiguo diputado de la izquierda de la Transición, profesor universitario, persona de respeto –como se dice– entre sus conocidos, y dirigente histórico de un partido de la izquierda socialdemócrata durante los años 70 y 80. No digo más por no retratarlo. Lo he venido siguiendo en los últimos tiempos porque las cosas que escribe en periódicos y redes sociales son jaleadas de forma bulliciosa por un rebaño de profesores e intelectuales. Siempre coinciden, el profesor y los demás jaleadores, en la crítica a la izquierda, ese demonio que creíamos ya civilizado pero que para esta tropa de gritones es el mal de males, el virus personificado en este momento en Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

La crítica de este ex diputado y ex izquierdista se centra en el autoritarismo del gobierno que prohíbe salir a la gente cuando y como esa gente quiera. Critica al policía que, siguiendo órdenes, trata de descubrir al que se salta la ley saliendo de casa innecesariamente. Critica que tengamos que estar en nuestras cisas sin poder pasear por el campo cuando queramos y como queramos, acompañados o no…Es la de este ex diputado y ex dirigente político de izquierda la concepción más libertaria (a la manera norteamericana) y conservadora que he podido leer en estos días. Ni Trump, ni Thatcher ni sus acólitos habrían llegado a esos extremos. Trump y Johnson han dictado normas similares a las nuestras; los norteamericanos están confinados y los británicos, tras varios días sin decisiones, están confinados. El confinamiento es universal, es obligatorio si queremos contener la pandemia, así nos lo dicen la inmensa mayoría de autoridades sanitarias. Salvo, al parecer, para este ilustre notable de otra época. No hay nada peor que un notable arrepentido.

Montaigne, un sabio, nos lo dejó dicho: «Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis»

AVISO: Acaba de salir un nuevo blog con correspondencia sobre el confinamiento. Tres tártaros se escriben unos a los otros acerca de sus propias experiencias de confinados supervivientes. No se lo pierdan: Desierto de los tártaros. Correspondencia desde el confinamiento