Confinamiento /7. Recuerdo y olvido

Foto flickr Studio Incendo

Por Javier ARISTU

La tensión entre memoria y olvido es lo que nos hace humanos. Sin la capacidad de recordar y almacenar estos recuerdos no podríamos vivir como colectividad humana, como sociedad de personas a las que les une algo más que el instinto de supervivencia. Pero sin olvidar seríamos una agrupación de animales dispuestos a devorarnos unos a otros.

Lo digo a propósito, como se puede adivinar, de esta pandemia que nos asola. Dentro de dos años, ¿recordaremos (o recordarán) estos días? ¿Habremos sacado lecciones de estas jornadas de colapso social? ¿Nos hará mejor sociedad el simple hecho de recordar lo que nos unió en estos días de angustia? Es posible que en el futuro algunos o muchos cierren estas sesiones de aislamiento con el olvido más absoluto y reproduzcan los mismos vicios sociales que nos han llevado hasta aquí. El recuerdo de estos días será indispensable para construir una forma de vida social más equilibrada y más proporcional a nuestra limitada existencia.

Pero igual que he dicho lo anterior, digo su contrario. Sin una pizca de olvido será imposible seguir viviendo. El ser humano no puede estar instalado permanentemente en el recuerdo del mal pasado, de la tragedia vivida, de la pandemia en permanente estado de vigilia. Nuestra historia nacional cargada de tragedias civiles nos aporta la lección de la necesidad de recordar/olvidar: sé que es difícil y que algunos activistas del memorialismo me acusarán de pecador. Sin el recuerdo, aunque sea puramente libresco o intelectual, es imposible aprender para la vida. Pero, repito, sin olvidar la tragedia pasada es imposible afrontar un futuro con ilusión. Nuestras guerras carlistas –más de 200.000 muertos en la Primera– y nuestra Guerra civil de 1936 son el paradigma de lo que estoy diciendo. Menos nos acordamos de la llamada gripe española, que sufrieron nuestros (mis) abuelos en 1918. Las guerras civiles españolas del siglo XIX y XX son nuestro caldo de cultivo del virus y a la vez de su antivirus. Son paradójicos ejemplos que no debemos dejar de tener en la memoria social (¡qué importancia tiene la escuela!) pero al mismo tiempo, sin haberlas superado en nuestra mente y en nuestro sistema de acción y convivencia social, no habríamos sido capaces de seguir viviendo como sociedad cohesionada y plural.