Confinamiento/ 3. Unanimidad

Foto Flickr: Tim Dennell

Por Javier ARISTU

«Nuestro tiempo se caracteriza tanto por un enfoque racional del riesgo como por una carencia: la imposibilidad de atribuir las molestias a causas externas». De esta forma explica el sociólogo  francés Bertrand Vidal algo de lo que nos está sucediendo y que el coronavirus ha hecho aflorar. Tenemos la capacidad como nunca de prever algunos riesgos y catástrofes (tormentas, huracanes, gotas frías), menos algunos otros (terremotos, consecuencias de la evolución de los huracanes) pero esta crisis del Covid19 ha hecho emerger que la naturaleza viviente no puede ser siempre sometida a cálculos numéricos. El virus ha saltado de improviso y se ha expandido por todo el orbe sin que podamos controlarlo, de momento, y eliminarlo de nuestras vidas. Nadie lo previó.

Además, ya no es posible, nos dice el sociólogo, establecer una zona de la tierra, una reserva sea natural o humana, donde marginar el mal, el peligro. Ya no hay lugar en el mundo que nos pueda proteger del virus: ni China pero tampoco ni los Estados Unidos, paradigmas ambos hoy del máximo poder tecnológico y del cálculo numérico, se han salvado. Tampoco podemos decir que el virus pertenezca a esa clase de infra hombres o infra criaturas como en otros tiempos anteriores se achacaba a los pordioseros, mendigos, prostitutas o judíos, acusándolos de traer la enfermedad a la aldea o a la ciudad. Hitler hablaba de los judíos como infra hombres, Untermensch, que había que exterminar. Hoy han sido infectados desde presidentes de gobierno hasta cajeras de supermercado. No hay clases en la infección. El Covid19 nos ha igualado en cierto modo como seres biológicos y como seres sociales. Todos, o la mayoría,  estamos encerrados, aislados, protegidos aparentemente.

La interconexión entre el ser humano y la naturaleza es hoy total. Nos dice Vidal que ahora estamos en la era de la globalización del riesgo. La propagación del coronavirus es solo un ejemplo entre muchos del imperio del mundo de los hombres y de la naturaleza hiperconectada de nuestras sociedades contemporáneas: globalización, circulación de flujos, turismo, migraciones, intercambios internacionales … La amenaza es consustancial a nuestro estilo de vida y ya no hay ninguna posibilidad de excluir ningún peligro. En resumen, el riesgo se ha convertido en el producto de la etapa más avanzada de nuestro estilo de vida actual.

No estoy seguro de que Vidal tenga razón en todo. Creo que las sociedades del pasado estaban expuestas a más y mayores riesgos. La ciencia y su aplicación técnica nos ha salvado de muchas catástrofes anticipándose a ellas. El problema es que nos creíamos ya sabedores y controladores de todo. Y no, la naturaleza y la vida misma no puede estar sometida al cálculo numérico, al dato estadístico o de previsión. Los misterios siguen siendo misterios para nosotros los humanos.

Otro problema, como siempre, estará en el cuidado del infectado. ¿Se cuidará mejor al anciano de una residencia común que a la estrella de cine infectada? Será interesante que al final de esta pandemia pudiéramos tener datos de cómo ha afectado la mortandad y la enfermedad por clases sociales. Cuántas personas con recursos se han salvado y cuántas sin recursos han dejado de existir.