Nuevo y conservador regionalismo

Manuel Clavero Arévalo y Juan Manuel Moreno Bonilla. Foto Diario de Sevilla

Por Javier ARISTU

La batalla está servida. Frente al nuevo gobierno de Pedro Sánchez, formado por el PSOE y Unidas Podemos, se está configurando una plataforma de agraviados y adversarios con el PP a la cabeza y con algunas comunidades territoriales como ariete rompedor. Una de ellas es Andalucía.

No había sido nombrado el Gobierno cuando ya Juan Manuel Moreno, Presidente de la Junta de Andalucía, salía reclamando 4.000 millones y manifestando que «va a haber comunidades que van a ser mimadas y otras comunidades que van a ser perjudicadas, entre ellas Andalucía». El fundamento teórico de esta concepción lo dice bien claro el dirigente de la derecha andaluza: vamos a asistir a una “asimetría” territorial y Cataluña saldrá “beneficiada”. Asimetría, agravio, Cataluña: los tres elementos de una concepción que más que basarse en la comprensión del otro se sustenta en el rechazo de la diferencia. Y diferencia es desigualdad pero no tiene por qué ser lo contrario de la equidad. Vayamos por partes.

Está pendiente la revisión y diseño de un nuevo modelo de financiación de las Comunidades autónomas puesto que a casi nadie satisface el actual basado en criterios que no responden a una realidad de Estado compuesto y autonómico. El principio de que el estado recauda y las Comunidades autónomas gastan es insostenible. La solidaridad entre territorios debe acompañarse de la responsabilidad en el ingreso y en el gasto. Pedir 4.000 millones sin haber ni siquiera comenzado una discusión sobre las mutuas y compartidas responsabilidades de cada parte como componentes del Estado es un gesto que proclama ya el grito de guerra.

Más grave es usar el término «asimetría» como negativo. Y lo vengo leyendo y oyendo desde hace bastante tiempo en tribunas y tertulias por parte de personas que se proclaman de derecha o de izquierda. Digámoslo claro: usar la palabra «asimetría» como idea negativa en el marco autonómico es un profundo error. El antónimo «simetría» sí que es negativo a la hora de plantear un modelo de estado autonómico con bastantes elementos de federalidad. ¿Pueden ser simétricos dos territorios autónomos donde en uno se hablan dos lenguas y en el otro solo una? ¿Pueden disponer de la misma política educativa o comunicativa dos comunidades, una bilingüe y otra monolingüe? Obviamente no.

¿Son simétricos dos gobiernos autonómicos cuando uno dispone de competencias en policía y seguridad y el otro no? ¿Pueden asemejarse en competencias aquel que disponga de un estatuto especial a partir del Fuero vasco que el que ha asumido las competencias a partir de 1986? La Constitución nos dice que ambos pueden alcanzar las mismas competencias…pero no obligatoriamente.

Uno de los estados más federales del mundo, los Estados Unidos, contempla la inmensa asimetría de que algunos de sus estados admitan la pena de muerte mientras que otros la han eliminado de su sistema judicial: ¿puede haber mayor asimetría que la del derecho a la vida visto de manera tan diferente en Texas que en Illinois? Todos hemos visto películas de gánster donde el simple hecho de pasar la línea fronteriza entre un estado y otro significaba evitar ser perseguido. Al margen de estas anécdotas, es clarísimo que el Estado más federal del mundo es precisamente el más asimétrico aunque hablen la misma lengua de Shakesperare.

En el caso de España hablar de asimetría como desigualdad es un profundo error. Todo estado federal –y el autonómico español lleva bastante de esa carga– combina la igualdad entre todos sus ciudadanos con los derechos de cada estado federado a organizar su convivencia a su manera, siempre dentro de los márgenes de la Constitución federal. Por tanto, hay que empezar a hablar de asimetría como un rasgo positivo de nuestra Constitución. Catalanes, vascos, andaluces, valencianos formamos parte de comunidades diferentes por lengua, historia, características socio-culturales, sistema de partidos políticos y otros aspectos, y con Estatutos que reconocen esa particularidad. A su vez, formamos parte de un sistema constitucional y acordado por el que bajo el principio de la cooperación y la solidaridad nos comprometemos a colaborar en el proyecto común de España.

Resucitar el agravio contra el que no es andaluz es la nueva arma de la derecha. Perdido el poder central del estado recurre a sus poderes territoriales para construir un memorial de agravios contra aquellas comunidades que ellos, la derecha, considera como adversarios si no enemigos. Ahora son catalanes, ayer fueron vascos y mañana pueden ser los valencianos. La cuestión es la confrontación territorial como eje de una batalla política por disputar el poder del estado.

En Andalucía asistimos desde hace unos meses a la refundación de un proyecto regionalista andaluz basado en valores conservadores, donde lo andaluz se confunde con lo anticatalán y con lo español-español. No es nuevo ese proyecto, en cierto modo es el mismo que la UCD condujo a finales de los años 70, en pleno nacimiento de nuestra democracia. Consistía en convertir a Andalucía (“Andaluz, este no es tu referéndum”) en punta de lanza de un españolismo anticatalán y antivasco. Era ni más ni menos que proseguir en el mantenimiento del eje España-Andalucía frente a otras periferias o espacios nacionales que disputan a Madrid su capacidad de dirección estatal.

No es casualidad, ni mucho menos, que sea precisamente en este momento cuando la Junta de Andalucía presidida por un militante del PP instaure una Medalla de Andalucía con el distintivo nombre de Manuel Clavero Arévalo.  Un político que destacó en aquellos años por la incomprensión de la cuestión vasca o de la cuestión catalana pasa a dar nombre a una distinción andaluza. Todo un símbolo.