Resacas y mareas

Marea. Foto flickr Aysha Bibiana Balboa

Por Javier ARISTU

Ni siquiera hay gobierno y ya han empezado a deslegitimarlo. No se sabe exactamente cuál puede ser el acuerdo alcanzado entre PSOE y Esquerra y ya está descalificado y denunciado como la mayor tragedia de los últimos tiempos. Un conglomerado de medios, poderes, tribunos y columnistas de los más diversos pelajes han iniciado la caza del zorro: la posibilidad de dar un giro al empantanamiento político en el que estamos situados desde 2015 ha levantado todas las señales de alarmas de estos guardianes de una patria soñada e inexistente. Van a tirar con balas de caza mayor.

La posibilidad de abrir una etapa moderadísima de cambio político y de reformas sociales –contadas y concretadas– a partir de un acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos, más la posibilidad de abrir un nuevo ciclo en el conflicto catalán –ciclo que de una manera u otra era obligatorio abrir– ha convertido a los antes acomodados y confortables columnistas y editorialistas en arqueros de los peores dardos contra el proyecto, simple proyecto, de estos nuevos armadores de pactos políticos, El único pacto político posible para estos opinadores es el del PSOE con el PP, o viceversa. Fuera de ese círculo mágico no hay alternativa posible. TINA, There is not alternative, es el resucitado lema de la derecha mediática que nos rodea. Fuera de ese terreno en el que ha venido viviendo la política española desde 1982 no hay solución posible. Da igual que los últimos años hayan sido penosos para la mayoría de los ciudadanos; da igual que la deuda pública española haya llegado a sus récords con gobiernos del PP (Rajoy); les importa un pito que el mayor proceso de deterioro y destrucción social se haya producido a partir de reformas laborales y sociales de ministros y ministras de la derecha; es completamente intrascendente (para estos opinadores) que el escándalo mayor de apropiación privada desde las arcas del estado se haya producido en comunidades gobernadas por el PP; no les ha alarmado para nada que haya sido un gobierno popular el que haya facilitado el reforzamiento y hegemonía del independentismo catalán… para esta gente que firma esos artículos y editoriales la España rota no es la que dejó Rajoy sino la que ni siquiera ha comenzado a vislumbrarse en acuerdos legítimos de fuerzas políticas legítimas. Legítimo es, para estos voceros, el pacto del PP con Vox, partido que dicta en su programa el derrumbe del Estado de las Autonomías, baluarte del modelo constitucional de la actual España, pero le quitan cualquier legitimidad a pactar con UP o con el principal partido de Cataluña. Se puede firmar con el PNV si se trata de que gobierne Aznar o Rajoy, pero de ninguna manera es válido un pacto con el PNV si el objetivo es que entre en el gobierno unos señores llamados Sánchez o Iglesias, representantes entre los dos de once millones de españoles y exponentes de la proporción parlamentaria hoy mayoritaria.

Como una permanente resaca, de nuevo vuelve esa España exclusiva que solo piensa en los intereses generales cuando coincide con los suyos propios. Es una marea de opinión que cada vez que ve cuestionada o en peligro la norma y estabilidad diseñada por ellos arranca en imprecaciones y acusaciones contra los «enemigos de España».

José Antonio Zarzalejos, un reconocido y respetable columnista, en su día director del diario ABC, en una pirueta intelectual, nos habla del «retroceso de 90 años de la izquierda» al hablar del posible pacto PSOE-ERC para la investidura. No sabemos todavía el contenido y el detalle de ese acuerdo que será aprobado o rechazado por los órganos de esos partidos en próximas horas y que, por cierto, el propio Torra invalida. Pero ese desconocimiento no le hurta al reconocido columnista para descalificar por la base la posible convergencia, parcial seguramente y limitada, entre dos fuerzas parlamentarias (PSOE y ERC) que están obligadas a algún tipo de trato si no queremos que este país se despeñe finalmente. Y no hay otra descalificación que la de recurrir a la historia de España de la República, la de 1931, descontextualizando y sacando de lugar a autores como Azaña.

Y otro director de medio, en este caso el andaluz José Antonio Carrizosa del Diario de Sevilla, ya nos adelanta que Andalucía –así, usando el hiperónimo– perderá financiación a causa del pacto con los catalanes. No importa que una andaluza dirija el Ministerio de Hacienda y que, en consecuencia, quepa pensar que no va a provocar la ruina de su tierra de origen, o que ni siquiera se haya aprobado el presupuesto general del Estado, presupuesto que incluirá los mecanismos de financiación de todas las comunidades. No importan esos datos reales, lo que se destaca es que cualquier salida, por pequeña y moderada que sea, a la actual situación es negativa porque no la gestiona el conglomerado de poder y de gobierno que ha venido haciéndolo desde al menos cuarenta años. Conglomerado que ha venido funcionando bajo el acuerdo, legítimo y legal, del PP y del PSOE; cambiar ese sistema de gestión de la democracia es lo que duele en las entrañas de ese sistema económico-social bastante deteriorado y que, no lo olvidemos, ha fracasado en relación con los grandes retos con los que se medía la sociedad española.

Cualquier cambio en el statu quo de estas cuatro décadas provoca urticaria y un profundo rechazo a una consistente parte del establishment mediático nacional. Y, sin embargo, estamos ante un momento interesante en la historia de España. Nada está decidido, pero por eso la política ha vuelto al primer plano. Ojalá tengan suerte los destinados a gestionar este momento histórico.