Jordi Solé Tura

«En las condiciones que estamos en estos momentos es muy difícil delimitar muy estrictamente las autonomías, teniendo en cuenta todos los problemas de organización general del estado. Pero dejar la cuestión indeterminada también tiene sus riesgos: queda todo a la negociación, y las negociaciones dependen mucho de la coyuntura. Me temo que si se deja todo a la negociación, la inercia será a favor del centro». Así hablaba Jordi Solé Tura en noviembre de 1977, en pleno debate de la ponencia constitucional, en una entrevista que le hicieron los periodistas José Martí Gómez y Josep Ramoneda, en la revista Por favor.

Recomiendo a mis amigos y amigas la lectura de esta enjundiosa conversación que ha vuelto a publicar el Centre d’Estudis Per la democracia Jordi Solé Tura, de Mollet del Vallès. Y, si lo hacen, no olviden tampoco la presentación que hace el periodista Enric Juliana sobre cómo y en qué contexto se pudo hacer aquella Constitución. Les copio una perla de este agudo analista: «Si en els propers anys hi ha alguna mena de desbordament constitucional, serà per la dreta, no per l’esquerra. Crec que la Constitució de 1978 serà en els propers anys un baluard democràtic front les pulsions de caràcter autoritari que recorren Europa. Tinc la impressió que Jordi Solé Tura avui això ho tindria molt clar i ho defensaria amb la gran eficàcia didàctica amb la que solia expresar les seves idees. Tinc la sensació que aquesta idea comença».

Así están las cosas. La derecha del PP, acompañada por su actual tiralevitas Ciudadanos, pretende marcar un hipotético “terreno constitucional” del que marginan a todo aquel que, según ellos, no comparta las tesis de una España nacional y unitaria. Cuarenta años después de haber perdido aquella batalla constitucional, el partido fundado por Manuel Fraga pretende hacerse con la autoría moral de aquel fundamento de convivencia que precisamente trató de crear otro espacio de entendimiento al que casi nunca ha estado dispuesta la derecha española.

En estos momentos, la parte, mayoritaria, de los españoles que fue capaz de recomponer ese terreno de tolerancia y respeto por encima de ideologías y proyectos particulares, se ve sometida a la tenaza de dos generadores de intolerancia y exclusivismo: por un lado, el nacionalismo español que no admite otra visión de España que la suya y, por la otra, un independentismo que rompe cualquier posibilidad de acuerdo a partir de esa Constitución.

En estos momentos asistimos a una interesante “caída del caballo” de Pablo Iglesias cuando, de cara a un nuevo gobierno y tras los resultados del 10N, divisa un auténtico peligro desde las fuerzas de la derecha extrema que pretenden, literalmente, cargarse el Estado de las autonomías. Frente a esa concepción excluyente de España avisa Iglesias. Por otra, ERC adivina también, con inseguridades y pies de plomo, que dejar pasar esta vez un acuerdo de investidura y legislatura con partidos como PSOE y Unidas Podemos tampoco va a facilitar su papel influyente en Cataluña. Algo, o mucho, se está moviendo, sin todavía perfiles ni horizontes claros. Pero se mueve…

Apunto otra cita, esta de 1985, de Jordi Solé Tura: «Entre la ambigüedad del nacionalismo y las divisiones y las incertidumbres de la izquierda, el modelo político del estado de las Autonomías puede quedar paralizado y bajo la capa de las autonomías puede desarrollarse un nuevo centralismo de corte tecnocrático que no solo acabe frustrando las posibilidades de superación del viejo centralismo, sino que dé alas a movimientos independentistas cada vez más radicales y más amplios. Algo de eso empieza a vislumbrarse ya». Dicho, repito, en 1985, lo cual indica la vista larga de su autor.

Conviene denunciarlo alto y claro: la Constitución es nuestra, no de los que desean resucitar un modelo de país excluyente. La única posibilidad de reencontrar un terreno de acuerdo y de convivencia será siempre a partir de esa Constitución de 1978. Habrá que reformarla, profundizarla, ampliarla en derechos y libertades…pero siempre a partir de aquel texto que, entre otros, redactó Jordi Solé Tura.