Hacia el precipicio

Foto Flickr Diego Jambrina

Por Francisco FLORES TRISTÁN

Parece inexplicable la irresponsabilidad con que las dos principales fuerzas de Izquierdas de este país nos están llevando al abismo de unas nuevas elecciones con su corolario de un más que posible triunfo de las Derechas. Hace 5 meses las Derechas parecían un púgil noqueado incapaz de sostenerse sobre la lona. El electorado progresista estaba eufórico por haberse movilizado con éxito para impedir el acceso al poder del trío derechista reunido en Colón. La absoluta incapacidad mostrada por el PSOE y UP para traducir esta victoria electoral en un Gobierno fuerte que comenzara rápidamente a revertir las lesivas políticas de la Derecha durante los años de crisis y afrontar los graves problemas que tiene planteado este país, las pensiones, Cataluña, la recuperación de los servicios públicos, la sostenibilidad energética, el paro y el subempleo, la emigración… han provocado la decepción en una gran parte del electorado de Izquierdas y la inquietud ante la muy probable posibilidad de tener que pasar otra reválida en forma de nueva convocatoria a las urnas.

La perplejidad, o indignación según los casos, con la que observamos esta incapacidad para llegar a un acuerdo se agudiza si miramos a nuestra vecina Italia donde han bastado un par de semanas para poner de acuerdo a fuerzas consideradas hace muy poco irreconciliables, como el partido democrático y el movimiento 5 estrellas. En la misma España hemos visto cómo, salvo alguna excepción, se llegaba rápidamente a acuerdos a nivel autonómico y municipal entre las mismas fuerzas que son incapaces de ponerse de acuerdo a nivel estatal. ¿Qué les ocurre a los dirigentes de Izquierdas de nuestro país? ¿Manca finezza?… como suele decirse comparando con Italia? Es que en España no se sabe negociar? … A los que tenemos cierta experiencia sindical nos resulta un poco sarcástico oír hablar de esta incapacidad para negociar. En mi opinión el problema es que ha faltado una verdadera voluntad de negociar y llegar a un acuerdo.

Vayamos por partes. La responsabilidad principal recae a mi juicio en quien está  llamado a encabezar el Gobierno como fuerza más votada y  mayoritaria en la Izquierda, el PSOE y su máximo dirigente Pedro Sánchez. Lo lógico es pensar que casi al día siguiente de las elecciones el PSOE pusiera a negociar a su equipo todo el tiempo necesario para llegar a acuerdos con UUPP y con las demás fuerzas necesarias para la investidura, Compromis, el PNV… En lugar de eso la dirección del PSOE dejó pasar los meses de mayo y junio y solo cuando quedaban muy escasos días para la Investidura, ya en julio, se sentó a negociar con Podemos y sus convergencias. Optaron por una estrategia que recuerda a esa escena de  la película “Rebelde sin causa” en la que James Dean protagoniza una carrera de coches hacia el acantilado en la que la estrategia consiste en aguantar hasta el final en la suposición de que el rival acabará tirándose del coche antes de precipitarse en el vacío. El inconveniente de esta estrategia es que puede provocar que ambos se estrellen. Es lo que ocurrió en la investidura fallida de julio. Pero, lejos de enmendar errores, en lugar de negociar hasta la saciedad durante julio y agosto, se volvió a la “estrategia del precipicio” esperando para sentarse a negociar hasta iniciado septiembre cuando faltan pocos días para el 23, fecha en que, si no hay Gobierno, el país se verá abocado a nuevas elecciones. A estas alturas ignoro si el objetivo es esperar que el adversario ceda en el último momento o si verdaderamente lo que se quiere es directamente ir a las urnas. En cualquiera de los dos casos creo que se trata de una estrategia irresponsable. Algunos sociólogos opinan que el resultado electoral será parecido al actual. Otros que el PSOE puede subir ligeramente. Perdonen que no me lo crea. Veamos, la suma de todos los votos a fuerzas de Izquierdas el pasado 28 de abril incluyendo aquí el PSOE, UUPP, Compromís e incluso el Partido regionalista de Cantabria es de 11.438.632. La suma de las Derechas (PP, Cs, Vox y Navarra suma) es de 11.276.920. Es decir que hay tan solo una diferencia de 161. 712 votos en favor de las Izquierdas. Y todo el mundo coincide en que la participación fue muy elevada. Y entre otras cosas fue elevada por la movilización masiva del electorado de Izquierdas. No hace falta ser un lince para deducir que el estado actual de frustración por la falta de acuerdo va a provocar un elevado aumento de la abstención especialmente en el segmento más progresista del electorado. Ignoro cuantos de los que votaron Izquierda el 28 de abril se van a abstener el 10 de noviembre pero no es descabellado pensar que pueden ser bastante más de 200.000 Esto puede abocar a una mayoría de las Derechas o, en el mejor de los casos, una situación de empate donde sea necesario el concurso de sectores tan volubles como Junts pel Cat que empeore las posibilidades de formar Gobierno. ¿Cómo es posible que se tire a la basura la ilusión y las posibilidades ciertas de formar un Gobierno progresista que afronte los problemas del país? No son creíbles  las excusas que argumenta el PSOE para llegar a un acuerdo, que la idea de Pablo Iglesias es formar dos Gobiernos dando autonomía a los ministerios de Podemos o que hay diferencias irreconciliables sobre Cataluña… Particularmente tampoco a mí me parece demasiado fiable Pablo Iglesias pero si solo pudiéramos con las personas muy fiables… apañados estaríamos! Que se lo digan a Churchill y Stalin en la II Guerra Mundial  o a Kennedy y Jruchev en la “crisis de los misiles” por poner dos ejemplos entre miles. Estas diferencias se pueden resolver en un documento que asegure la unidad del Gobierno y un planteamiento común que difícilmente podría negarse a firmarlo Iglesias. Y tampoco me parece comprensible que lo que era posible en julio (la Vicepresidencia y 3 ministerios) ahora no se pueda ofertar.

Si se jugaran solo el futuro de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias sería su problema. Allá ellos si se estrellan en el acantilado. Pero no es así. Ni siquiera se trata del futuro de sus dos partidos, que también. Se trata del futuro de los trabajadores y las clases populares de este país. Se trata incluso del futuro de este país porque la secesión de Cataluña, aunque improbable, me parece más posible con un Gobierno de una Derecha dura que con un Gobierno de Izquierdas.

Y qué decir de Unidas Podemos y su líder, Pablo Iglesias. Su responsabilidad es tan alta como la del PSOE tan solo atemperada por el hecho de ser la cuarta fuerza política y por tanto con menos capacidad de influencia. Tres días antes de las elecciones municipales en Madrid, Pablo Iglesias, con el argumento de que “de todas formas Manuela Carmena va a ganar”, anunció que iba a votar a IU. Esta formación política no sacó un solo concejal (idéntico resultado que en las anteriores elecciones, es decir que había precedentes) pero estos votos de la Izquierda perdidos privaron a Carmena de los votos necesarios para tener un gobierno progresista en Madrid y posibilitando que hoy sea Alcalde de la capital de España un personaje tan mediocre como José Luis Martínez Almeida. Esta actuación de Pablo Iglesias dice poco de la sagacidad y de la responsabilidad del dirigente de Podemos. Iglesias tenía que saber que su declaración iba a inclinar a parte de sus seguidores a hacer lo mismo y que ello podía provocar, como efectivamente así fue, la pérdida de la Alcaldía por Carmena. Desde el inicio del proceso Iglesias ha priorizado el reparto de cargos ministeriales antes que un acuerdo programático con el argumento de que “no se fía” del PSOE y que la presencia de UUPP en el Gobierno sería la “garantía” de llevar adelante un programa progresista. Esta declaración de intenciones desde luego no facilita la negociación y además contradice otro argumento aireado por Podemos de atribuirse los avances progresistas dados por Sánchez  antes de las elecciones. Por otra parte la insistencia en hablar primero de ministerios transmite la imagen de que se priorizan las poltronas antes que el programa de Gobierno. La exigencia de Iglesias es legítima aunque por el contrario no me parece que lo sea esa idea, que se trasluce de sus declaraciones, de considerar coto aparte los hipotéticos ministerios que pudiera conseguir su partido, lo que pondría en peligro la unidad de acción del futuro Gobierno. En cualquier caso no se puede poner en peligro un Gobierno progresista por tensar la cuerda en el reparto de ministerios. Pablo Iglesias también jugó al juego de James Dean cuando rechazó en julio la Vicepresidencia y 3 ministerios. Seguro que también pensó que el otro conductor cedería antes de llegar al  acantilado, es decir a las elecciones. El error de uno y otro lo vamos a pagar todos. Llegados a esta situación, ¿no sería mejor ceder a la pretensión del PSOE, permitir la investidura y  plantear más  adelante la posibilidad de entrar en el Ejecutivo? Por mucho que Sánchez sea investido seguirá necesitando a UUPP para ir aprobando leyes empezando por los Presupuestos. A estas alturas sería una quimera por parte del PSOE, si es que realmente quisiera esto, depender de una imposible abstención de Cs o del PP.

Volviendo a la tesis inicial, estos dirigentes actuales de los dos partidos de la Izquierda no han mostrado voluntad de negociar. Y esto es palpable incluso a nivel interno. ¿Cómo van a ser capaces de negociar si ni siquiera son capaces de conciliar la disidencia interna? Tanto uno como otro han laminado de las listas electorales a la oposición interna. Sánchez alabó mucho a Rubalcaba cuando murió pero todos o casi todos sus seguidores fueron excluidos de las listas. Se puede estar en desacuerdo con Elena Valenciano, Eduardo Madina o Ignacio Urquizu pero son personas que pueden aportar mucho. Rodearse de gente que solo te dice lo que quieres oír no se bueno para ningún dirigente político, entre otras cosas porque se acaba perdiendo el contacto con la realidad. Y en el caso de Podemos tres cuartos de lo mismo. No es solo Errejón, al que muchos han calificado de “traidor” en un espectáculo que me recuerda otros tiempos y otro partido al que originariamente Podemos decía querer superar. Es que ha ido dejando gente por el camino: Espinar, Doménech, Bescansa… Podrá decirse que algunos se han ido “voluntariamente” ¿Pero ¿se ha hecho algo por retenerlos? El caso es que hoy por hoy en la dirección de Podemos Pablo Iglesias se ha quedado sin contestación interna salvo el caso de Andalucía y curiosamente de IU que ha demostrado tener mayor sensatez y altura de miras que Iglesias.

Ignoro si a última hora alguien se tirará del coche y evitaremos las elecciones pero de todas formas harán falta muchos esfuerzos para recuperar no ya el entusiasmo sino la credibilidad perdida por los dos partidos de Izquierdas ante su electorado. Solo la puesta en marcha de un programa de reformas que dé respuestas a los problemas que España tiene planteados y que permita visualizar que hay realmente un gobierno progresista al frente del país posibilitará la recuperación de esa credibilidad perdida y la movilización del electorado progresista. Lo que sí me parece seguro es que si las elecciones posibilitan un Gobierno de las Derechas, cosa ante la que me echo a temblar,  Pedro Sánchez y Pablo Iglesias habrán puesto fin a sus carreras políticas para siempre.