Sumar y no restar

Foto Flickr Robert Nunn

Por Francisco FLORES TRISTÁN

Hubo cierta sorpresa con los resultados de las elecciones municipales y autonómicas. En la Izquierda había quien esperaba que la ola causada por los resultados de las elecciones generales un mes antes tuviera un efecto de arrastre en las del 26M.  Y así parece que ha sido en las del Parlamento europeo donde las dos fuerzas de Izquierda, (fundamentalmente el PSOE, porque el porcentaje de voto a Podemos es menor que en las generales) superan el resultado de las generales, todo lo contrario a lo ocurrido a las tres fuerzas de la Derecha.  Sin embargo el triunfo en las municipales y autonómicas de la suma de las Derechas sobre las Izquierdas en algunos territorios ha causado una cierta euforia en las Derechas (tanto que de momento frenan la posible sustitución de Casado al frente del PP) y una cierta decepción en las Izquierdas. Pero si analizamos los datos de las elecciones generales en esos territorios podemos concluir que la sorpresa es muy relativa.

Pongamos, para no extendernos demasiado, el ejemplo de 4 territorios significativos, Madrid ciudad y Madrid región, Castilla La Mancha y Extremadura. En las pasadas elecciones generales las fuerzas de Izquierda (PSOE, UUPP y Compromís) superaron por algo más de  2000 votos (11.386.435, un 43,65%) a las Derechas (PP, Cs,  Vox y Navarra suma) que alcanzaron 11.384.044, un 43,64% de los votos emitidos. Sin embargo las peculiaridades del sistema electoral hicieron que la diferencia en escaños fuera más abultada (166 escaños para las Izquierdas frente a 149 para las Derechas). Por el contrario en los cuatro territorios antes mencionados las Derechas sumaron mayor número de votos que las Izquierdas. La diferencia más abultada se dio en Castilla La Mancha donde las tres fuerzas  de Derechas sumaron un 55,45% de votos frente al 42,52% de las dos fuerzas de Izquierdas. En el municipio de Madrid las Derechas sumaron un 53,58% y las Izquierdas un 43,55%; en la Comunidad de Madrid las Derechas alcanzaron un 53,43% y las Izquierdas, un 43,52%. Por último en Extremadura los resultados fueron más ajustados, un 50,13% las Derechas y un 47,57% las Izquierdas.

A la vista de estos resultados lo esperable (o temible desde el punto de vista de las Izquierdas) era una victoria clara de las Derechas en Madrid, región, Madrid, ciudad y Castilla La Mancha y un resultado muy ajustado en Extremadura con ventaja para las Derechas. Pero es bien sabido que los resultados en las Autonómicas y municipales pueden variar respecto a las generales. Son elecciones más cercanas a la gente, los candidatos son más conocidos y en definitiva se valora, además de la ideología,  la gestión autonómica y municipal. En estos cuatro casos los resultados han variado respecto a las generales en un sentido favorable a las Izquierdas si bien en Madrid región y en el municipio ese cambio no ha sido suficiente para superar a los tres partidos de la Derecha.

El vuelco ha sido muy pronunciado en Extremadura y Castilla La Mancha. En la primera, las Izquierdas han pasado del 47,57 % de las generales al 53,91 % en las Autonómicas; por el contrario las Derechas bajan del 50,13 % de las generales al 43,3% de las autonómicas. En Castilla La Mancha las Izquierdas suben del 42,52 % de las generales al 51,01 % de las Autonómicas mientras que las Derechas bajan del 55,45 % de las generales al 46,95 % en las Autonómicas. En ambos casos la subida de la Izquierdas es fundamentalmente una subida del PSOE que compensa la caída de UUPP en ambas Comunidades. También en ambas Comunidades el PSOE cuenta con la mayoría absoluta de escaños en las Asambleas regionales. En Castilla La Mancha UUPP, que formaba parte del gobierno regional, pierde todos sus escaños. Es evidente que la ciudadanía de estas dos Comunidades ha valorado positivamente la gestión de Fernández Vara y García Page y sus respectivos equipos. Con toda probabilidad una parte reducida del electorado habitualmente conservador ha votado a estos dirigentes. Desconozco los entresijos de la labor de Gobierno de estas Comunidades pero no cabe duda que algo habrán tenido que hacer bien estos dirigentes regionales para obtener estos resultados.

Distinta suerte ha sido la de la Comunidad y la del Municipio de Madrid. En la ciudad podía esperarse que la labor de Manuela Carmena al frente del Municipio diera sus frutos y el electorado le renovara su confianza para un segundo mandato. Por otra parte la desastrosa gestión de la Comunidad por parte del PP, los numerosos casos de corrupción, la dimisión de Cifuentes, el transfuguismo  del último Presidente… todo hacía presagiar que era posible el cambio. Pero no ha sido así. Las Izquierdas suben respecto a las generales tanto en Madrid ciudad (47,29 % frente al 43,55 de las generales) como en la Comunidad (47,56% frente al 43,52 de las generales) pero no llegan a superar a las Derechas y además porcentualmente bajan ligeramente respecto a las anteriores elecciones municipales y autonómicas del 2015. ¿Qué ha pasado en Madrid? ¿Por qué las Izquierdas no han logrado revalidar su mayoría en el Ayuntamiento y arrebatar la Comunidad a las Derechas? No conozco todos los avatares de la política en esos territorios pero, visto desde fuera, creo que hay al menos dos elementos que han tenido que influir en los resultados, quizá decisivamente, y que además no son exclusivos de estos territorios.

Uno de estos elementos ha sido la habitual división de la Izquierda, agravada por sectarismos y cainismos varios. “Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros”. En el caso de Madrid esta división ha sido protagonizada por las fuerzas políticas situadas a la izquierda del PSOE. Había además un precedente; en las elecciones de 2015 IU rompió la alianza que tenía con Podemos en el resto de España y se presentó por separado tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad de Madrid. El resultado fue que IU no obtuvo representación  ni en el Ayuntamiento ni en la Comunidad por no alcanzar el 5%; sus votos se perdieron pero obstaculizaron (impidieron en la Comunidad) la formación de mayorías progresistas. Bien, pues cuatro años después “sostenella y no enmendalla” como dice el Poema del Cid. Como es bien sabido Errejón, el candidato in péctore de Podemos desde hace tres años, acaba presentándose bajo las siglas de Mas Madrid en la Comunidad en la que también Podemos presenta su propia candidatura. En el Ayuntamiento Podemos no se presenta pero sí lo hace IU que vuelve a no obtener representación por no alcanzar el 4%. El origen de todo esto es la falta de acuerdo a la hora de formar los equipos municipal y autonómico. Tanto Errejón como Carmena exigían colocar a personas de su confianza mientras que la dirección de Podemos exigió someterse a lo que determinaran las primarias. Los votantes progresistas tienen derecho a preguntarse si eran tan fuertes las diferencias entre Carmena y Errejón y la dirección de Podemos, fundamentalmente Pablo Iglesias, como para romper la baraja. Y no se me diga que el problema eran las primarias. Todos sabemos que, si hay acuerdo, el apoyo de la cúpula del partido suele ser decisivo en el resultado de las mismas. No se trata solo de que el sistema electoral perjudique al voto fragmentado. El problema quizá mayor es que esta división desmoraliza a una parte sustancial de los votantes, esencialmente los menos concienciados, promoviendo la abstención de los mismos. En este sentido  es muy significativa la decisión de Pablo Iglesias que, tras haber retirado a Podemos de la candidatura de Mas Madrid de Carmena y haber anunciado que no presentaría candidatura propia para propiciar el triunfo de Carmena, tres días antes de las elecciones decide dar un giro de 180 grados y apoya la candidatura de IU de Sánchez Mato con el argumento de que “Carmena va a ganar pase lo que pase”. Pablo Iglesias es un líder lo suficientemente inteligente y experimentado como para saber que Carmena no iba ganar “pase lo que pase” y que esas declaraciones iban a tener el efecto de que muchos votantes de Podemos iban a retirar el voto a Carmena pasando a abstenerse  o a votar a IU que no llegó al 5%. Esa actitud de Iglesias tiene todo el aspecto de una venganza de Carmena con el resultado de la pérdida de la mayoría progresista.

El segundo elemento que ha influido en la derrota de las Izquierdas en Madrid es la abstención de un sector de la clase trabajadora. Al poco de iniciarse el recuento de votos se conoció el índice de participación que era 6 puntos más bajo que en las elecciones generales de abril. Pero además se conoció que la abstención era más pronunciada en la zona sur de Madrid, en los barrios obreros de Carabanchel, Vallecas… Probablemente esta abstención ha sido determinante para la derrota de la mayoría de Izquierdas. Respecto a los motivos de la abstención sin duda ha tenido que influir el factor que hemos señalado antes, la división y el sectarismo, pero es posible que tengamos que relacionarla también con los mismos motivos que en otros lugares de Europa e incluso América hacen que una parte de la clase trabajadora, que siempre había votado a los partidos de Izquierdas, socialistas y comunistas, hayan pasado a votar opciones populistas, Los cinturones obreros de las grandes ciudades francesas han pasado en gran medida de votar a los comunistas a votar al Frente nacional. Hace unos días hemos visto que los antaño feudos del PCI, como la Emilia Romagna, votan ahora mayoritariamente a la Liga de Salvini. Y no olvidemos que para que se produjera la victoria de Trump fue decisivo el voto de los trabajadores de Estados que habían vivido la crisis industrial como Pennsylvania, Ohio o Michigan.

En España todavía no hay un grupo populista de Derechas que recoja el voto obrero, como en Francia o Italia. Vox todavía no recibe sus votos significativamente en estos sectores. Pero puede ocurrir en el futuro. El primer paso es pasar de votar a partidos de Izquierdas a abstenerse pero el segundo paso puede ser votar a partidos populistas de Derecha si la Izquierda no espabila y presentan un programa atractivo para estos sectores de la clase trabajadora. Está muy bien que la izquierda asuma las reivindicaciones de diversos colectivos como el LGTB, los inmigrantes y por supuesto el movimiento feminista pero no puede descuidar los problemas de la clase trabajadora, crisol en el que se universalizan las reivindicaciones de los distintos colectivos. De que la Izquierda encuentre respuestas al impacto de las nuevas tecnologías en el mundo laboral con su secuela de precarización y subempleo, depende su futuro político y la derrota del populismo reaccionario

Al igual que comentábamos antes con las tendencias sectarias, se trata de Sumar y no restar. Para ello es necesario flexibilidad, altura de miras e imaginación y trabajo intelectual para dar respuesta a los desafíos tecnológicos.