Europa y la libertad

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Por Javier ARISTU

Hablaba ayer de las elecciones municipales y autonómicas en España y comentaba sus resultados. Hoy toca hacerlo respecto de las elecciones europeas celebradas el mismo 26 de mayo. Elecciones europeas, en España y en toda Europa, destinadas a renovar los 751 escaños de su parlamento, y que se han desarrollado simultáneamente en los 27 estados.

Resumamos de forma breve los principales datos de estas elecciones:

  • La participación electoral ha aumentado, lo que refleja el interés político de las mismas y el interés de los europeos por ser parte de las soluciones. En España el crecimiento de la participación ha sido notable, pasando del 45,8 de 2014 al 64,3, casi 20 puntos más. En el conjunto de Europa también ha subido la participación: si en las últimas convocatorias celebradas desde 1994 no se alcanzaba el 45 por ciento de votantes en esta última se ha sobrepasado el 50 por ciento. Merece la pena destacar que los países más abstencionistas han sido Reino Unido (37% de participación), Portugal (31,4%) y, sobre todo, los del área oriental y balcánica de Europa. Tales son los casos de Chequia, Estonia, Eslovaquia, Croacia, Bulgaria o Letonia, que se mueven en porcentajes entre el 22 y el 37%. En el área “dura” de la Unión la participación varía entre Bélgica (88,5%), España (64,3), Alemania (61,4), Italia (54,5) y Francia (50,1).
  • La hegemonía entre conservadores y socialdemócratas (PPE y S&D), que había venido siendo el eje sobre el que se configuraba la política europea de los últimos 20 o 30 años ha perdido fuelle: de los 406 escaños (217 conservadores y 187 socialistas) que detentaban este doblete de fuerzas en la legislatura anterior (2014-2019) podrían pasar a 325 (177 y 150 respectivamente)en esta que arranca ahora. Lo cual da como resultado que entre ambos pierden la mayoría de la cámara (376 votos) necesitando, por tanto, un tercer socio para sacar adelante los acuerdos.
  • Otra cara de este importante giro es la subida de los partidos que expresan posiciones políticas nacionalistas, xenófobas o de extrema derecha y que se reunían en torno a dos grupos parlamentarios, Europa de la Libertad y Democracia Directa y el Grupo de Europa de las Naciones y Libertades. Este conglomerado, tras el 28M, dispondrán de una representación de unos 110 escaños. Hay que destacar que dos partidos de esa corriente, el RN de Marie Le Pen y la Liga de Salvini, han obtenido el primer puesto en sus respectivos países, Francia e Italia. Además, en Hungría, el partido Fidesz del primer ministro Orban ha alcanzado el 52,3 de los votos. Aunque este partido está integrado en el PP europeo –cosa incongruente– es la cabeza de la política xenófoba en el oriente europeo. Todo es muy preocupante.
  • La izquierda radical o alternativa agrupada en torno al grupo Izquierda Unitaria Europea sufre una pérdida importante: de los 52 escaños pasa a tener 39.
  • Los Verdes (Grupo de los Verdes / Alianza Libre Europea) aumentan su representación subiendo desde los 50 asientos hasta los 69. Destaquemos que en Francia se sitúan como tercera fuerza política, por encima de La Francia Insumisa y los Republicanos.
  • Finalmente, los centristas liberales también aumentan su representación desde los 67 hasta los 109 escaños.

Por países, subrayemos algunas notas destacadas:

  • Francia muestra de nuevo el rostro terrible de la extrema derecha. Ni siquiera Macron ha conseguido parar esta vez a la formación de Le Pen. Esta se ha colocado en primera posición con el 23,3 de los votos, mientras que Macron alcanzó el 22,4. La capacidad de difusión del partido de extrema derecha por toda Francia se viene configurando desde hace tiempo y ya no es un fenómeno esporádico; al contrario, se ha asentado en la sociedad francesa y se ha convertido en el polo que aglutina una nueva cultura, básicamente nacionalista anti globalización y profundamente xenófoba, pero al mismo tiempo recogiendo en su programa las insatisfacciones y anhelos de muchas capas populares de Francia. La otra cara es la derrota del partido La Francia Insumisa de Mélénchon, incapaz de cohesionar a esa sociedad del descontento a través de un discurso incoherente y contradictorio: se propone salir de los tratados europeos pero a la vez se está por la armonización social o los impuestos a las multinacionales.
  • En Italia se ha producido el resultado de que, por primera vez, un partido que no tiene reparo en reclamar señas y gestos del fascismo mussoliniano alcanza la primera posición, con el 34,3. Su programa antinmigración, netamente nacionalista y antieuropeo ha conseguido calar en amplias capas de la población, en el norte y en el sur. La Liga de Salvini está en condiciones de dirigir la política italiana a corto plazo –ya está en el gobierno de coalición con 5Estrellas– y de condicionar toda la política de la Unión si es capaz de coordinarse con los partidos extremistas francés, húngaro y otros menores.
  • Alemania muestra el cansancio de la gran coalición –sus componentes CDU y SPD solo alcanzan el 45 por ciento de los votos emitidos– y la realidad del crecimiento de, por un lado, los verdes que, con el 20,5 se colocan en segunda posición, y, por el otro, la extrema derecha nacional con el 11 por ciento. La izquierda radical sufre un fuerte castigo llegando solo al 5,5 por ciento.

Tras estas elecciones se constata dos fenómenos aparentemente contradictorios pero a la vez coexistentes. Por un lado, el desgaste de las dos tradicionales fuerzas que han sostenido el proyecto europeo durante los últimos decenios, el partido conservador y popular en todas sus variantes y la débil respiración de la socialdemocracia en casi todos los países, con excepción de España, Portugal y Países Bajos. Y, por el otro lado, el crecimiento –no tan fuerte como algunos preveían pero crecimiento a fin de cuentas– del partido de la extrema derecha en todas sus variantes. Ese conglomerado fascistoide seguramente va a coordinarse más ahora que se refuerzan en el Parlamento europeo y va a tratar de sostener una política de confrontación dura con el proyecto europeo. Salvini y Le Pen expresan perfectamente en sus discursos ese antagonismo con el proyecto europeo. Nos dicen: hoy lo que se debate es la pervivencia de las naciones frente al proyecto globalizador, entendiendo este de forma negativa. Y, añaden un elemento de enorme carga tóxica y falsificadora: ya no es posible entender el conflicto como contraste entre izquierda y derecha; el conflicto hoy es entre naciones y entes burocráticos destructores de las mismas.

¿Y ahora?

Estos elementos constituyen el terreno de batalla donde la izquierda debe batirse si quiere servir a los intereses de la gente más necesitada, de las capas populares, y evitar que caigan en las redes de ese partido extremista. Hoy el debate es Europa, una Europa que sin duda hay que revisar en sus programas y alternativas pero sin caer en el error de eliminar su capacidad de ser y de actuar. Y para ello, para reconstruir un programa de profundización europeísta y democrática, será necesario superar esquemas partidistas, formulaciones estrechas y sectarias para tratar de levantar un arco de fuerzas parlamentarias europeas, arco lo más amplio posible y lo más plural posible, que se plantee como objetivo primero parar la ofensiva de la extrema derecha y, posteriormente, reformular y reprogramar el proyecto europeo capaz de satisfacer las necesidades de las capas sociales más amplias y castigadas por esta crisis. Hay campo y hay tarea para que trabajen las fuerzas democráticas y las izquierdas europeas.

El poeta francés Paul Eluard escribió un famoso poema que tituló Liberté. Lo compuso en 1942, en Francia ocupada por los nazis, y no hay escolar francés que no lo haya estudiado. Copio una de sus estrofas:

Sur les sentiers éveillés

Sur les routes déployées

Sur les places qui débordent

J’écris ton nom …[Liberté]

(Traducido sería : «Sobre las sendas despiertas/ Sobre los caminos desplegados/ Sobre los lugares que se desbordan/ Escribo tu nombre…Libertad»).

Pues bien, cambiemos el término Libertad por Europa y repitamos con Eluard ese magnífico poema (lo enlazo aquí para el curioso lector)