Nuevo tiempo, nuevas miradas

Por Javier ARISTU

Dos programas de televisión, domingueros y nocturnos, me animan a escribir esta entrada. Dos programas, además, que vinieron uno detrás del otro. Me refiero a los de ayer domingo: el último Salvados de Jordi Évole, último en todos los sentidos puesto que el periodista de Cornellà deja de presentarlo, y el que vino a continuación dirigido por Ana Pastor, El Objetivo, ambos en La Sexta TV. Los dos programas me parecieron importantes y sugerentes a la vez que indicadores, seguramente, de un nuevo tiempo.

El Salvados de Évole, dedicado a su barrio de Cornellà,  me pareció un excelente ejercicio de antropología contemporánea, de estudio de una realidad social que no aparece casi nunca en nuestras pantallas de televisión ni en las crónicas periodísticas. ¿La España –en este caso Cataluña–  real? Posiblemente se trataba de un fragmento parcial de la realidad de nuestro país pero la cuestión es que ese fragmento está, frecuentemente, invisible para la crónica política. La habilidad y el buen ojo de Évole consistió en abrir esa puerta y enseñarnos una muestra de esa Cataluña realmente existente, la que en otro tiempo se denominó de “les altres catalans”. Por su objetivo pasaron una pequeña muestra de aquellos andaluces y castellanos que –según testimonió uno de ellos– desertaron del arado para venirse a Cataluña a construirse un destino como personas. Y allí permanecieron y dieron sentido a una sociedad compleja y multicultural como es la actual Cataluña. Évole nos enseñó ayer el otro lado del espejo, seguramente diferente al que estamos habituados a ver en la crónica política desde hace varios años. Esa Cornellà donde nació y se crio el renombrado periodista, donde observamos aquellos desastres urbanísticos en sus orígenes a través del objetivo de una super8 familiar, desastres urbanísticos que debieron dar no pocas plusvalías a algunos cuyos hijos hoy posiblemente defienden opciones independentistas. Las voces y los testimonios que fueron pasando por la cámara de Évole dan fe de una historia vital y social de primer orden; a través de esas sencillas y anónimas gentes se fue rehaciendo la nueva Cataluña que algunos persisten en no reconocer. Otras de apellidos muy catalán incluso apuestan por darles el pasaporte de vuelta. Esas mujeres y esos hombres que limpiaron casas de otras, fabricaron Seats 600 que otros condujimos o que hoy plantan árboles por el placer de dar vida en una colectividad de cemento nos dan una lección extraordinaria de lo que es el mundo contemporáneo. De ellos podemos todavía aprender mucho. Son habitantes de esas ciutats invisibles de Marc Andreu, donde se hace un Viatge a la Catalunya metropolitana, ese conglomerado social, urbano y cultural de indudable impacto sobre la Cataluña actual, realidad social que muchos tratan de ignorar pero de la que es imposible huir. Gracias, Évole, por abrirnos esa cortina.

El otro programa vino a continuación y consistió en un diálogo, admirable, sugerente y poderoso entre cuatro buenos analistas de la realidad política: Iñaki Gabilondo, Esther Vera, José Antonio Zarzalejos y Pablo Simón. Se percibió un estilo de discusión muy diferente al que hemos estado acostumbrados en otros programas. Allí se razonó, no se increpó; se dialogó, no se acusó; se debatió con la cabeza y no con el estómago. Y, además, se atinaron en muchas cosas, en bastantes de las perspectivas de lo que ha ocurrido y puede ocurrir a partir del 28A. Fue un buen ejercicio de discusión pública donde, además, Ana Pastor no protagonizó la palabra sino que dejó hablar y dejó que fluyera el debate. Confiemos en que este nuevo tiempo sea tiempo de diálogo y de discusión civilizada frente al exabrupto y el insulto al que hemos estado acostumbrados hasta hace bien poco.

Solo pondré un pero al contenido del programa: se habló o se analizó muy poco la realidad social de nuestro país. Todo quedó en una mirada muy en clave de partidos, de aparatos y de equipos directivos cuando sabemos que esto, la realidad política de los PP, PSOE, Ciudadanos o Unidas Podemos va siempre detrás de los acontecimientos de la calle. La calle, la sociedad, el mundo del trabajo, la economía, las relaciones que los ciudadanos establecen autónomamente entre ellos quedó fuera del debate de ayer en El Objetivo. Seguimos atraídos por el espectáculo de la política cuando el teatro verdadero, la gran tragedia de los hombres y mujeres discurre en el día a día de sus propias vidas. Ojalá alguien sea capaz de sintetizar la mirada de Évole en Cornellà con la tertulia de expertos hablando de política. Todos ganaríamos.