Optimismo

Por Javier ARISTU

Me pongo a escribir unos breves comentarios a pocas horas de los históricos resultados de esta noche pasada con las ideas más claras que en otras elecciones. Ha sido un resultado rotundo, a pesar de las brumas que todavía tenemos por delante. Este 28 de abril la sociedad democrática ha puesto las cosas en su sitio. Los electores, con su papeleta en la urna, han clarificado el tormentoso y alborotador panorama que nos rodeaba y ha marcado el camino de por dónde debe ir la política a partir de ahora. En ese sentido han sido elecciones clarificadoras, espectacularmente purificadoras para la salud civil de este país. La noche del 28A ha cerrado un capítulo y ha abierto otro completamente distinto, creo y espero, de este relato interminable que es la historia de España.

Primera gran conclusión: el PSOE vuelve a situarse como el partido central de la política española y adquiere la gran responsabilidad no solo de formar un gobierno de amplio respaldo para toda la legislatura sino de acometer las vías de solución a los dos grandes problemas que nos atenazan en estos momentos: la cuestión territorial y la configuración de un modelo de sociedad más justa y equitativa. Ambas cuestiones no se resuelven en una legislatura pero es indudable que ésta, la legislatura que marcará el gobierno de Pedro Sánchez, debe comenzar a plantear las vías para un futuro diferente.

Segunda gran conclusión: la derecha ha entrado en una honda reconversión y seguramente atravesará un periodo de profundo desconcierto. Como decíamos en entradas anteriores el modelo PP como eje absoluto de la derecha conservadora ha entrado en completa crisis –y, todo hay que decirlo, en solo cuatro años– y está por ver cuál va a ser el formato de la nueva derecha española: ¿Ciudadanos es el relevo? No lo veo claro. Yo apuesto por que se va hacia una nueva formación política conservadora que va a dejar atrás mucho de todo ese franquismo representado hoy por Aznar, Casado y Vox. Estimo que la reconversión de esta derecha española pasará por una recomposición muy profunda de sus fundamentos ideológicos y programáticos. Y en ese proyecto la ausencia de representación política del PP en Cataluña y Euskadi obligará a replantearse esos fundamentos españolistas. Tiempo al tiempo.

Las tareas por delante son importantes; no solo se trata de configurar un gobierno con fuerza parlamentaria sino sobre todo de construir un programa de adaptación de España a las nuevas coordenadas de un proyecto global, europeo y mundial. Supone diseñar un programa exigente de modernización –no me refiero a los ejemplos históricos que fueron simples desmantelamientos productivos–, de innovación, de motivación y puesta en marcha de recursos humanos y sociales. Respecto al gobierno: me gustaría que éste fuera un espejo de la España seria y responsable que está presente en sus universidades, circuitos empresariales y sociales progresistas. Creo que entre PSOE, Podemos y otras fuerzas pueden ofrecer un plantel de gobernantes y responsables políticos que son la cara más seria y consistente de este país. Ha llegado quizá el momento –y el último gobierno de Pedro Sánchez lo demostró sobradamente– de configurar un gobierno de “buenos gestores y excelentes ciudadanos” que acometa las tareas de dignificar la función social del gobierno.

Cataluña: creo que los resultados en esa comunidad han sido buenos y abren un camino de optimismo. Me parece que se ha impuesto la necesidad de dialogar y hablar entre posiciones contrapuestas: que Esquerra Republicana (ERC) y el Partido Socialista catalán (PSC) hayan sido los triunfadores de la noche da oxígeno a todos, a Cataluña y a España, para esta nueva etapa de resolución lenta pero constante de los problemas de configuración territorial del estado.

Andalucía: el proceso iniciado el 2D de 2018, e incluso antes, proseguirá con muchos vericuetos y contradicciones pero este 28A no ha hecho sino confirmar que esta comunidad del sur necesita un profundo zamarreo en muchos sentidos y no sé si el Gobierno de la Junta (PP y Cs) y la oposición (PSOE y AA) están en condiciones de gestionar esta mini revolución. No son tiempos de quietud.

Elecciones de Mayo: el próximo 26M es la segunda ronda. Si los partidos de la izquierda logran repetir los resultados de ayer se confirmará que la vía de cambio será más ancha y accesible, pero si la triada de la derecha consigue hacerse con importantes capitales y triunfa en las europeas los resultados de ayer ya no serán lo que son hoy. Así que no conviene bajar la guardia y habrá que seguir enviando esos mensajes que recibíamos estos días previos al 28A: “Vota, ahora que puedes”.

Terminaba mi anterior entrada, escrita el sábado preelectoral, con un canto al optimismo: hoy lunes postelectoral puedo ratificarlo. Hemos ganado una batalla al pesimismo y a la caverna. Ahora se trata de aplicarnos y mejorar.