Incendiarios

Foto PhotographYeah!

Por Francisco FLORES TRISTÁN

En las últimas semanas estamos asistiendo a un peligroso ambiente de polarización social que enloda la actividad parlamentaria y hace muy difícil abordar con la necesaria y adecuada serenidad la cantidad de problemas que este país tiene planteados. El lenguaje parlamentario, el de de gran parte de los medios de comunicación y de las redes sociales recuerda a los meses previos a la guerra civil. No es el caso afortunadamente de las condiciones socioeconómicas ni de las FFAA cuya realidad ni por asomo recuerda aquellos años.  No digo por tanto que nos amenace una guerra civil pero este uso irresponsable del lenguaje y la subida de la temperatura política que parece haber convertido a muchos de los dirigentes políticos en verdaderos incendiarios puede confundir a algunos. He leído recientemente la noticia de que un dirigente de los “chalecos amarillos” en Francia, Christophe Chalençon (recibido por cierto por el Viceprimer ministro italiano Luigi di Maio) ha afirmado que “una guerra civil (en Francia) es inevitable” y que si Macron no cedía “corresponde a los militares entrar en acción” (El País 8 febrero). Nunca pensé que semejante cosa se pudiera oír en la Franca republicana. Pero eso nos indica que el problema no es solo de España. Parece que hay un interés de determinados actores (¿Steve Bannon, Putin, Trump?)en elevar la tensión política en Europa.

En España esta crispación comenzó a desatarse tras la moción de censura. Por entonces comencé a oír los calificativos de “usurpador”, “okupa” y otras lindezas referidas al Presidente del Gobierno. Claro que estos son cosa de niños al lado de las descalificaciones gruesas que los últimos días se están profiriendo especialmente por Pablo Casado: “traidor”, “desleal”, “felón”, “mentiroso compulsivo”…  Lo último que acabo de oírle es que Sánchez está aplicando el programa de ETA cometiendo alta traición. El catalizador de esta crispación es sin duda el conflicto catalán, caballo al que se han subido las tres fuerzas de la Derecha y con el que piensan (quizá con acierto) que van a lograr descabalgar del Poder a Sánchez.

Pero lo que nos debería preocupar, más allá de quien esté en el Gobierno, es la manera de resolver, o de atenuar al menos, este conflicto de Cataluña que se ha convertido en una espada de Damocles en el panorama político español porque impide abordar la solución del resto de problemas, que son muchos. Si obviamos la hojarasca de los insultos y las declaraciones altisonantes ¿qué soluciones proponen los tres partidos de la Derecha? En esto son unánimes, desde la extrema derecha de Vox a la Derecha últimamente igual de extrema del PP e incluso al “liberal” Ciudadanos. La solución, cuando lleguen estos señores al Gobierno, es “aplicar el art. 155 a Cataluña de manera plena e indefinida” (sic). ¡Pero es que algunos barones regionales y algunos viejos santones del PSOE están diciendo lo mismo!

…Pues yo creo que esta medida produciría un incendio mucho mayor que el que se pretende sofocar. Cuando el Gobierno Rajoy propuso al Senado la suspensión de la autonomía catalana había una justificación clara y objetiva: la Declaración unilateral de independencia y los acuerdos parlamentarios del 6 y 7 de septiembre. Una actuación semejante provocó en 1861 en los EEUU una atroz guerra civil. No sé si esto será un delito de rebelión, de sedición o desobediencia pero de lo que creo que no cabe duda es de que estas acciones, que no opiniones, eran contrarias a la Ley, especialmente a la Constitución y al Estatuto de Autonomía. Por tanto la aplicación del 155 en esta ocasión era, en mi opinión, plenamente justificable. Por otra parte casi todo el mundo alabó entonces la “prudencia” de Rajoy al suspender la Autonomía tan solo el tiempo indispensable para celebrar nuevas elecciones. En una situación similar por cierto, en 1934, el Gobierno de la República suspendió indefinidamente la Autonomía catalana siendo muy criticada esa decisión por numerosos políticos republicanos que argumentaron que lo correcto hubiera sido suspender la Generalitat solo el tiempo indispensable para convocar elecciones, justo lo que hizo Rajoy en 2017.

Pero ¿qué justificación habría hoy para aplicar nuevamente el art. 155? Es verdad que el verbo incontrolado del President Torra aviva con frecuencia el fuego del enfrentamiento en Cataluña. Y también es cierto que los partidos independentistas (unos más que otros) no han renunciado a la vía unilateral. Pero una cosa es la incontinencia verbal y otra pasar a la acción como en los actos que se produjeron en septiembre y octubre de 2017 y por los cuales están comenzando a ser juzgados los dirigentes independentistas en el Tribunal Supremo. Desde entonces no se ha producido una violación semejante de la Ley. Y cuando se ha bordeado la legalidad, como ocurrió en diciembre pasado al ordenar la Generalitat a los Mossos no intervenir contra los CDRs que estaban paralizando la circulación en Cataluña,  el Gobierno al que la Derecha acusa de traidor y felón, actuó con presteza advirtiendo de la posibilidad de hacer intervenir a las Fuerzas de Orden público y logrando la rectificación de la Generalitat. El art. 155 está previsto para casos muy graves y requiere de una motivación clara. Por otra parte el tripartito de Derechas olvida las consecuencias internacionales que podría tener una suspensión “indefinida” de la Autonomía catalana. No es nada seguro que la falta completa de apoyos que ha tenido en Europa y en el mundo la Declaración de independencia catalana se mantuviera en caso de una suspensión permanente de la Autonomía. Y por último una suspensión no limitada en el tiempo es peligrosísima. ¿Hasta cuando se mantendría esa suspensión? ¿Hasta que las encuestas previeran una derrota de los partidos independentistas?  Esto sí justificaría las críticas al Estado español por comportamiento antidemocrático.

El factor esencial que mantiene vivo el conflicto catalán es que algo menos de la mitad de la población catalana sigue manteniendo su apoyo a los partidos independentistas. El objetivo de todos los que deseen realmente mantener la unidad de España debería ser persuadir a esa parte de la población catalana de las ventajas y la conveniencia de permanecer en España o al menos que ese porcentaje no crezca. ¿Cómo se consigue esto?  El Gobierno del PP, apoyado en su última etapa por Cs, se mantuvo en la inacción frente a este problema durante más de 6 años confiado en que, con el tiempo, el “suflé bajaría”. No solo no bajó sino que empeoró hasta los hechos antes comentados que provocaron la aplicación del art.155 con el apoyo del PSOE. El Gobierno Sánchez lleva solo 8 meses intentando otra política, la del acercamiento y la negociación. Algún viejo dirigente socialista, Alfonso Guerra en concreto, ha dicho recientemente que “no hay nada que negociar con los golpistas”!  Un poco fuerte viniendo de un componente de un Gobierno que negoció con ETA, al igual por cierto que lo hizo el Gobierno de Aznar. Yo creo que negociar no es malo, es la mejor salida, incluso cuando se hace con delincuentes, si esto puede salvar vidas. Lo negativo es que en esa negociación se quiebre el “Estado de Derecho”, que se roce la Constitución o las leyes. Pero no es cierto que el gobierno español haya hecho concesiones inadmisibles en esta negociación que por cierto está rota en este momento. Es una escandalosa falsedad lo que se afirmó en el manifiesto leído en la plaza de Colón: No se han aceptado las 21 condiciones de Torra, ni se admitió el derecho de autodeterminación, ni Sánchez recibió con lazo amarillo a Torra, ni siquiera se admitió un mediador internacional. Lo más que se le puede reprochar al Gobierno es que se le hayan hechos concesiones económicas a Cataluña en los presupuestos, desde luego no mayores a las que Rajoy hizo en los presupuestos de 2018 al País Vasco sin que nadie le llamara entonces, traidor, vendepatrias o felón.

Esta negociación entre el Gobierno y la Generalitat ha encallado por la intransigencia política de los dirigentes catalanes. El fanatismo de que están haciendo gala es igual o peor que el del Tripartito de Derechas. Han priorizado todo el tiempo dos requisitos que sabían claramente inaceptables para el Gobierno, el derecho de autodeterminación, que solo sería posible mediante una reforma constitucional que requeriría los 2/3 del Congreso hoy día absolutamente inviable, y una injerencia inaceptable del Gobierno sobre la Fiscalía para retirar las acusaciones sobre los políticos independistas. En esta última petición hacen gala además de una hipocresía incomprensible pues en dos de las 21 condiciones de Torra se hace referencia a la necesidad de la “separación de poderes” (punto 8) y de respetar la “independencia del Poder judicial” (punto 13) (sic). ¿Habrá alguien que explique a la ciudadanía catalana esas contradicciones? ¿Lo harán los partidos políticos que, entre otras cosas, están para esto? Da la impresión que al menos una parte del independentismo catalán está apostando al “cuanto peor, mejor”. Es decir, mejor tener a un Tripartito de Derechas  en Madrid que aplique un 155 más duro porque eso (suponen ellos) provocará un levantamiento en Cataluña y un apoyo internacional al mismo. Esquerra republicana parecía ir en otra dirección pero a la postre ha acabado alineándose con los más duros de Puigdemont. El miedo a quedar como blandos o peor, como traidores, les ha atenazado como acongojó a Puigdemont en octubre de 2017 cuando Rufián habló de las 155 monedas de plata, haciéndole echarse atrás en su decisión de convocar elecciones y acarreando todo lo que vino después. ¿Pedirá alguna vez cuentas el pueblo catalán a Rufián y Puigdemont por aquellas acciones?

El Gobierno Sánchez ha actuado con torpeza. No solo en relación a Cataluña sino también en otros aspectos da la impresión de estar desnortado, con continuos bandazos. Un día Pedro Sánchez promete una reforma constitucional exprés para suspender los aforamientos y luego… nunca más se supo. Comenzó acogiendo a los refugiados del Aquarius para más tarde negar el permiso a esos barcos para navegar entre Italia y África. Prometió al principio una legislatura corta, la alargó hasta el 2020 y últimamente amaga con Elecciones el Domingo de Ramos. Lo último ha sido el fiasco del “relator”. Si era un mero notario o “apuntador” de las reuniones ¿para qué aceptarlo a sabiendas de que, por recordar al “mediador internacional” que pedía Torra, suministraría artillería al Tripartito de Derechas? Con estos bandazos, con esta escasa solidez amenaza con arruinar las esperanzas que había depositado una gran parte de la población. Y la desesperanza es amiga de la abstención, “bestia negra” de las Izquierdas en unas elecciones. ¿Qué ha pasado con la reforma de la Ley mordaza en estos 8 meses?  ¿Y con la reforma de la reforma laboral? Estas cosas no se han explicado o se han explicado mal. Da la impresión que se gobierna a golpe de twit, como Trump, o de que solo se tiene en cuenta el elemento mediático. Parece que quien más influye en el Presidente del Gobierno es un personaje, un asesor de imagen, Iván Redondo, que por serlo, lo mismo podría trabajar para este Gobierno que para uno del PP. No soy quien para dar consejos pero creo que a Pedro Sánchez le iría mejor si confiara menos en este tipo de personajes “líquidos” así como en una Vicepresidenta del Gobierno que, con todos mis respetos, creo que está muy por debajo de lo que se requeriría para este puesto,  y más en personajes más sólidos políticamente hablando. En su propio Gobierno tiene algunos. Y debería escuchar más y consensuar más con su propio partido, empezando por los secretarios regionales evitando así esta cacofonía de voces que tanto desorienta al electorado. El Gobierno y los partidos de Izquierdas deberían esforzarse en hacer pedagogía política, en explicar a la ciudadanía lo que han hecho y lo que quieren hacer y obligar al Tripartito de Derechas a debatir sobre soluciones concretas en una campaña que debe conducir, si se confirma el rechazo a los presupuestos, a unas elecciones en el más breve espacio de tiempo posible que creo que, como solución menos mala, sería coincidente con las elecciones municipales, europeas y autonómicas de mayo.