Tras el 2D (2)

Sevilla, foto flickr por Karen

Por Javier ARISTU

Seguimos analizando los resultados del 2D.

  • Fracaso del PP. El Partido Popular no puede cantar victoria tan fácilmente. La posibilidad de contar con la Presidencia del gobierno andaluz, debido a las combinaciones postelectorales, que por otra parte tanto ha criticado, no puede ocultar que ni siquiera ha sido una victoria pírrica: lo del PP es claramente una derrota como oferta electoral. Este partido, como el PSOE, también desde 2008 ha venido perdiendo votos: 159.321 en 2012, 506.665 en 2015 y, finalmente, 314.893 en 2018, lo que suma la no despreciable cifra de 980.000 votos perdidos en estos diez años. Hoy, aquel partido que ganó las elecciones de 2012 con el 40,7 del porcentaje ha pasado a tener el 20,7 de los votos. Los votos obtenidos en 2018 suponen la misma cantidad, aproximadamente, que la suma de Ap y UCD en 1982. Para pensarlo. No es precisamente para cantar victoria. Está por ver que si consigue tener la Presidencia de la Junta de Andalucía pueda cambiar esa tendencia negativa. Más bien podemos pensar que será difícil que la revierta dado el alto índice de competitividad que hay ahora mismo en ese campo de la derecha y los cambios culturales y generacionales que se están produciendo en el electorado andaluz.

 

  • Mutaciones en la izquierda andalucista. Recojo este adjetivo (“andalucista”) porque ha marcado de forma dominante la campaña última de Adelante Andalucía y, al parecer, no contraviene el proyecto de esa formación. Podríamos usar también el concepto de “izquierda radical” que han usado en otras ocasiones. Desde 1986 ha venido presentándose como Izquierda Unida, coalición hegemonizada por el PCE, con resultados generalmente modestos salvo en 1994. En la primera década de este siglo XXI se venía moviendo entre los 330.000 votos del año 2004 y los 430.000 votos en las elecciones de 2012, con porcentajes entre el 7 y el 11 por ciento. La irrupción de Podemos en la convocatoria de 2015 la llevó a los 275.000 votos, perdiendo casi la mitad de sus votantes. A partir de esta legislatura pasada ha iniciado un proceso de convergencia con la parte andaluza de Podemos presentándose ambos en coalición dentro de la candidatura llamada Adelante Andalucía que no ha dado los resultados esperados. Si ambas formaciones consiguieron por separado un total de 860.000 votos en 2015, ahora en la reciente convocatoria de 2018 han obtenido 660.000 votos, unos 200.000 menos, es decir, 1 de cada 4 votantes no le votó. El resultado no es positivo, obviamente, cuando, además, se ha perdido la posibilidad de ser llave para futuras coaliciones. Queda por delante un complicado y sinuoso proceso de clarificación, análisis y proyecto dentro de los grupos que componen esta formación electoral, así como su relación con el conjunto estatal. No será fácil.

 

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