De aquellos polvos estos lodos

Desagües Árabes Salobreña, Granada Walimai.photo

Por Carlos ARENAS POSADAS

Con el descomunal batacazo en las elecciones del domingo pasado han terminado, más que probablemente, casi cuarenta años de gobierno del PSOE –me resisto a llamarlo gobierno socialista-en la comunidad andaluza. La sorpresa ha sido doble para quienes conociendo el letargo de las instituciones andaluzas, esperábamos que el desfallecimiento desembocara en un trasvase de votos hacia la izquierda

Los demoscópicos harán  análisis que se explican en sí mismos; los políticos de cortos vuelos irán ahora “casa por casa” para tener una idea exacta de la desafección electoral y tratar de recuperar su confianza en próximas ocasiones.  Les ahorro la visita a la mía y les ofrezco mi primera impresión:

  1. El PSOE-A nunca ha tenido un proyecto de país andaluz como sí lo han tenido Madrid, el País Vasco, Cataluña o La Rioja. Es decir, un proyecto ilusionante de desarrollo económico y social que enganchara en un proyecto común al conjunto de la ciudadanía andaluza desde Ayamonte hasta los Vélez. Tras unos primeros años donde se manifestó una errática política de desarrollo endógeno, los esfuerzos realizados por parte de la Junta de Andalucía han ido encaminados a sostener una estrategia de “subdesarrollo racional” consistente en mantener para Andalucía un sistema de dependencia política del capitalismo español y transnacional a cambio de las ayudas interregionales y europeas que sirvieran para mejorar en algo las rentas de los andaluces y los servicios sociales.
  • Dicho de otra manera, el PSOE-A se ha mantenido en el poder por haber garantizado  la permanencia de intereses coloniales en Andalucía, siguiendo una trayectoria que principió a finales del siglo XIX y que se consolidó durante el franquismo. A cambio de sumisión política a esos intereses, el Partido ha desempeñado el papel de crupier de banca que ha repartido compensaciones y subsidios, lo que le ha deparado réditos electorales durante 36 años y la posibilidad de ocupar para sus cuadros las instituciones autonómicas habidas y por haber. No es raro pues que, en base a esa misión histórica, los socialistas andaluces hayan representado tan importante papel en Madrid, al menos en los años del encaje autonómico y con Europa,  como en Sevilla.  Frente a ellos,  tampoco ha sido casualidad que las derechas indígenas sólo hayan parido dirigentes perdedores o mediocres.
  • El PSOE-A se ha mantenido en el poder durante tanto tiempo porque supo generar una distributional coaligation de amplio espectro en la sociedad andaluza: desde el empresariado paniaguado que campa en la CEA hasta las familias pobres del medio rural que han visto, efectivamente,cómo el subsidio ha sido una alternativa a la indigencia, cómo sus calles y plazas se han adecentado y hay escuelas para sus hijos, pasando por una amplia clase media -a la que pertenecen los dirigentes del partido obrero-, a una parte de la cual se ha ofrecido empleo fijo y bien remunerado en las instituciones y, sobre todo, una distinción selectiva en colegios privados y concertados,en casetas de feria y hermandades, en guetos “nacionales” en las ciudades; es decir, se le ha permitido seguir sacando provecho de un capital social endogámico, de una selección darwinista de los individuos que los ha catapultado al poder económico o político.
  • Bien,pues toda esa estrategia ha fracasado el 2-D. ¿Qué ha pasado? Se dice: la izquierda se ha desmovilizado; medio millón o más de votantes de izquierdas se ha quedado en su casa. Por supuesto. Hay una lectura fácil del fenómeno: la victoria del PSOE estaba tan cantada que una parte de sus votantes se ha desentendido. Hay otra lectura algo menos simple. Desde hace años, desde 2008,la distributional coaligation a la que he aludido no ha dejado de tener fallas importantes:  los recortes, el gobierno del PP en Madrid,la inquietante situación de las transferencias por la cuestión catalana, por el Brexit y por el futuro de Europa en general y de la Europa del sur, etc., etc.,han producido una minoración de la capacidad distribuidora del crupier socialista, lo que se ha traducido en un deterioro importante de las prestaciones y de los servicios sociales sin que, por la ausencia de sentido de país, la Junta haya querido modificar la trayectoria de un capitalismo andaluz que sigue caracterizado por las elevadas tasas de paro, la precariedad laboral, la ausencia de futuro para los jóvenes, el empobrecimiento de las clases medias, etc.,etc.  
  • Históricamente al pueblo andaluz se le ha privado de su libertad para decidir. No se me entienda en clave nacionalista; me refiero a la incapacidad de muchos andaluces para decidir qué hacer con sus vidas. El muy desigual reparto del capital en Andalucía –de todas las modalidades del capital- ha conducido a la supeditación de los más a las decisiones de una minoría, antes del señorito y del cacique, hoy del empleador monopsónico al que se teme o del partido jacobino que paternalmente piensa por todos. A falta de esa libertad, a muchos andaluces solo le han quedado dos opciones: o emigrar –cuando les han dejado- o someterse para sobrevivir. Mientras la supeditación hacia el empleador o al político da sus frutos, el vínculo personal o ideológico entre cliente y patrón se mantiene, pero se rompe dando paso al agravio  cuando los términos de la transacción se anulan o desvirtúan. Nada hay más subversivo que un sumiso despechado; en democracia, la abstención puede ser la más suave delas venganzas; la más severa es votar la opción política que más daño pueda hacer y eso es lo que le ha pasado al PSOE.
  • Como decía, tanta o mayor sorpresa ha causado la caída de Adelante Andalucía; una coalición electoral llamada a recoger los votos desafectos del PSOE-A y que no ha podido mantener siquiera la representación de los partidos que en 2015 se presentaban separados. Obviamente,la explicación de esa caída debe ser distinta a la apuntada para el partido dela Junta por el simple hecho de que no ha tenido responsabilidades de gobierno.  Nada que reprochar a sus líderes, personas honestas y bien intencionadas, nada a su propuesta andalucista a pesar de que la bandera andaluza esté hoy achicharrada y polvorienta por más de tres décadas de andalucismo de guardarropía de la Junta.

Podría decirse con razón que Adelante Andalucía ha pagado la fragmentación de las corrientes en ese proyecto transversal e interclasista que es Podemos, pero habría que añadir que tanto se puede defraudar al electorado desde el poder como desde la alternativa de poder. Podemos se presentó después del 15-M como el partido de la utopía, dela democracia real para los españoles y para los andaluces; eso le permitió subir espectacularmente como suben las acciones en mercados especulativos; tan rápidamente como suben, las acciones se desploman y, lo que es peor, provocan que una parte de los “indignados” con el sistema se adscriban a las “soluciones”más estrafalarias; no otra cosa ha ocurrido en Estados Unidos y está ocurriendo en el Reino Unido, Italia, Alemania o Francia.

  • Tras la decepción por los resultados, ahora toca gritar el “no pasarán”; está bien,que no pasen, pero lo que debe tocar sobre todo es edificar y hacer creíble un proyecto de país, un nuevo camino andaluz que sirva no solo para convencer alos ya convencidos sino para pasar a la ofensiva y atraer a muchos que, siendo también clases populares, hoy se abstienen, votan otras opciones o están siendo atraídos a la órbita de los fachas. Vemos cómo en muchos pueblos andaluces el triunfo de la izquierda se repite desde hace décadas elección tras elección; no se trata de una fidelidad religiosa sino de la fidelidad a un proyecto municipal y comunitario del que se obtienen ventajas materiales para la población. Ese debe ser el camino.
  • El triunfo de las derechas no solo se explica por demérito de las izquierdas, dela simulada o de la real; también por los “méritos” de los partidos de la derecha y en especial de VOX. Varios centenares de miles andaluces han votado esta opción política sin haber leído una línea de su programa político. Su éxito relativo –apenas ha alcanzado el 10 por ciento del electorado- se explica por razones que están en la cabeza de todos; razones de índole global –la exportación de la estulticia trumpista- y europea –el ascenso de la ultraderecha- que han permitido a los fachas de siempre, antes en el PP, perder la vergüenza y confesar abiertamente que lo son. A eso se ha sumado la invasión de líderes nacionales que han apelado a los más zafios y viscerales sentimientos anti-catalanistas y xenófobos que han calado en poblaciones que viven de cerca, como ocurre en Almería o en el Campo de Gibraltar, el fenómeno dela inmigración. Me parece que a esas razones habría que añadir al menos una más: el interés de la banca española por enmarañar la vida política sacudiendo el espantajo del fascismo; con ello trata de salir indemne de la crisis de legitimidad de sus operaciones y de encontrar un clima político propicio y atemorizado que le permita seguir siendo el faro privilegiado de la Marca España.
  1. Con independencia de los deméritos de la izquierda o de los “méritos” de la derecha, creo que hay que ver este momento como una oportunidad histórica para abrir una nueva etapa; antes que sumergirse en el desánimo, de Andalucía, de sus intelectuales, sindicatos, organizaciones civiles, de los movimientos feministas, etc., deben surgir ideas e iniciativas verdaderamente regeneradoras –miles de jóvenes manifestándose espontáneamente el día de ayer fueron la primera demostración- que abran ese nuevo camino al que me refería. Todo lo contrario, un gobierno de las derechas en Andalucía nova a cambiar, sino a hacer aún más elocuente, el carácter dependiente y precario de la economía y de la sociedad andaluza. Por supuesto, la zafiedad de unos “reconquistadores” que nos recuerdan la época más pestilente de nuestra historia no puede volver a ser argumento para derrotarnos.
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