Taxistas y un cartel

Foto Manuel Gómez, El Correo de Andalucía

Por Javier ARISTU

La campaña electoral andaluza pasa hoy su ecuador. Dentro de ocho días iremos a votar más de seis millones de personas para decidir quién nos debe gobernar los próximos cuatro años. No sigo muy de cerca el vaivén delos candidatos y los mítines electorales pero hay dos cuestiones que en este momento de reflexión y contraste de ideas se me vienen a la cabeza.

Los taxistas. Un colectivo de personas de este gremio boicoteó el otro día un mitin de Susana Díaz en San Juan de Aznalfarache e impidieron que diera su discurso. Mal, rematadamente mal este acto de impedir que se den las reuniones electorales. No me parece loable que estos trabajadores impidan de ese modo que los ciudadanos, libremente, escuchen las propuestas electorales de una candidata. Pero es que horas antes el gremio hizo un paro patronal (la mayoría son autónomos, creo) de tal modo que durante unas horas no hubo taxis en Sevilla. Ni servicios mínimos ni convocatoria previa de paro. ¿Cómo calificaríamos este tipo de respuesta social? ¿Huelga salvaje? ¿lock out o paro empresarial? Conviene de todos modos matizar y discriminar el sintagma “los taxistas”. Ni son todos los que allí estaban ni todos los que defienden los métodos de violencia y coerción ciudadana. Estoy seguro de que muchos trabajadores del gremio ni comparten ni propugnan esas técnicas de agitación y activismo pero la impresión generalizada de la ciudadanía es que es el gremio en su globalidad el que tiene secuestrada a toda una ciudad cuando ellos deciden parar su actividad de servicio público sin ningún tipo de límite. Una última reflexión: va a ser difícil que en este mundo de cambios tecnológicos y de modelos de servicios tan acelerados y profundos los taxistas a la vieja usanza (licencia municipal de por vida, traspaso de la misma, monopolio de movilidad en un municipio, libertad para trabajar cuando se quiera, etc.) sobrevivan. Cuanto antes se enteren de que el cambio de modelo productivo también está llegando a la movilidad urbana antes podrán obtener una mejor posición ante los Uber y los Cabify y lo que venga y está por llegar. Tratar, además, de mantener su posición de “oferta exclusiva de servicios” mediante la violencia y el maltrato al ciudadano es aún más perjudicial. Los taxistas sevillanos, y en general todos los taxistas, deberían aprender de los acontecimientos sociales de últimos veinte años: o negocian su nueva situación en un mundo cambiante y global o van a perder irremisiblemente su posición de exclusividad porque el ciudadano no le va a respetar.

El emblema de partido. Paso por la calle y veo las farolas con los estandartes de esta campaña electoral. Me fijo en el cartel de Susana Díaz, candidata del PSOE, y aunque es muy fácil identificarla como candidata de ese partido ya que una farola está al lado de la otra, veo que precisamente el cartel donde está su foto solo pone: «Con Susana + Andalucía», dominando el color verde. Susana llevada al paroxismo: Susana es igual a Andalucía, Andalucía es Susana. La publicidad absorbe casi todo lo que quieran hacer los creativos; el mundo del consumo ha llegado a tal nivel de saturación que el publicista necesita aguzar el ingenio al máximo. A mí me muestra una concepción de la actividad pública que no me gusta. Ese cartel me está transmitiendo un mensaje que viene a identificar con una mujer concreta esta región del sur de España, este colectivo cultural y social de ocho millones de personas. Personalismo, se decía antes. ¿Este es el programa que nos quiere transmitir el Partido socialista? ¿Hemos llegado a tal punto de saturación de mensajes o de vaciedad de programas que solo les basta con una persona llamada Susana? Hace unos años se criticó aquella imagen electoral de Artur Mas con los brazos abiertos, como un Moisés bíblico, señalando el camino a todos los catalanes y se decía que era una señal de autoritarismo carismático del líder. ¿Qué podemos decir hoy de esa imagen de identificar a una persona llamada Susana con Andalucía? Cuidado con coger esa senda tan personalista…tras eso puede aparecer también por aquí el autoritarismo carismático.

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