¿Susanismo?

Por Javier ARISTU

Leo esto en la página web de Castellano ActualElsufijo –ismo se usa para formar sustantivos que pueden designar doctrinas,sistemas, escuelas, movimientos, actitudes, actividades deportivas o términos científicos (Diccionario de la lengua española, 2001): budismo, capitalismo, positivismo, chavismo, egocentrismo, paracaidismo, etc. El proceso de formar sustantivos añadiendo un sufijo a otra palabra se llama nominalización, pues el sufijo –ismo puede unirse, principalmente, a un sustantivo o a un adjetivo.

A través de la adición del sufijo -ismo construimos nuevos conceptos y desarrollamos nuevas formas de abarcar la realidad compleja y en cambio. Impacto enorme tuvo a principios del siglo XX esta forma de añadir el sufijo a nombres habituales para identificar nuevos conceptos de arte y literatura: la época de los ismos da identidad a las grandes vanguardias culturales de Europa durante las décadas anteriores y posteriores a la Primera guerra mundial (1914-1918). De esos años nos vienen los tan usuales surrealismo, dadaísmo, cubismo y otras definiciones de estilos y modalidades artísticas.

En política la tendencia a crear -ismos es incansable. ¿Qué sería de nosotros sin capitalismo (del término capital) o socialismo (de social, sociedad)? ¿Y qué sin imperialismo (de imperial) o fascismo (de fascio), o comunismo (de común) o falangismo (de falange) o pacifismo (de paz)? La política sin ismos parece que no es política.

El afán ha llegado hasta hacer de nombres propios de la política conceptos categóricos: peronismo (de Perón), chavismo (de Chaves), leninismo (de Lenin), estalinismo (de Stalin), maoísmo (de Mao), y podríamos seguir por cada continente. El sociólogo ya desaparecido Ulrich Beck creó un palabro muy peculiar: merkiavelismo, juntando los núcleos de Merkel y Maquiavelo (maquiavelismo) para crear esa nueva estrategia de defensa del poder por parte de Angela Merkel (véase aquí su artículo traducido)

En España hay rica tradición de crear «escuelas de pensamiento» a partir de los ismos: largocaballerismo (del socialista LargoCaballero), prietismo (de Prieto), franquismo (de Franco), azañismo (de Azaña),etc. La democracia tampoco se quedó atrás: hemos creado paradigmas cognitivos conlos que sintetizamos la complejidad de la política colocando el -ismo al final: felipismo (de Felipe González), pujolismo (de Jordi Pujol), carrillismo (de Santiago Carrillo)…pero se aparta de la regla José María Aznar que, sin embargo, no ha dado aznarismo sino aznaridad en invención de Vázquez Montalbán. ¡Curioso!

La sorpresa surge con el nuevo término que arrancó hace poco y que los políticos de Podemos, especialmente, lo vienen difundiendo: susanismo, para referirse a Susana Díaz, candidata del PSOE y hasta ahora Presidenta de la Junta de Andalucía. Hay variantes a partir del lexema Susana: por ejemplo, el periodista Carlos Mármol habla de la susanidad o del susanato. Es como rememorar la hispanidad y el sultanato de recio abolengo en nuestra historia. ¿Qué es el susanismo? Teresa Rodríguez, la dirigente de Adelante Andalucía, la define en cuatro palabras: “El susanismo es la generación de niños probeta del PSOE, sin ADN de izquierdas” (El Confidencial). Voilà!, que diría un francés. Pablo Iglesias ha dado un paso más en esa estrategia de personalizar la política andaluza diciendo que no hubiera habido presupuestos unitarios PSOE-Podemos con Susana Díaz al frente del PSOE estatal. El susanismo para los políticos de Podemos es lo contrario de socialismo o de izquierdismo.

Hacer de una política llamada Susana Díaz la síntesis de todo un proyecto político de alcance al que denominan susanismo es un profundo error por parte de sus adversarios. Es sobrevalorar a quien pretenden menospreciar. Nada mejor para la política Susana Díaz que la declaren símbolo de un proyecto político. Y es menospreciar a un rocoso adversario, al menos en Andalucía, llamado PSOE. Muchos militantes y simpatizantes del socialismo andaluz se tienen que sentir ofendidos cuando se compara su proyecto político –sea cual sea la valoración que del mismo se tenga– con el de su secretaria general. No valorar ese “patriotismo de partido” que todo militante lleva dentro es mostrar el grado de desconocimiento y de menosprecio por parte de esos creadores de ismos. ¿Qué pensaría un militante de Izquierda Unida si a su organización la llaman «los maillistas o garzonistas»? Ya sabemos que cuando aquella asamblea de Vistalegre había errejonistas y pablistas…pero ¿todos los afiliados de Podemos son identificados así?

Curiosamente, los gobiernos socialistas de Andalucía han sido dirigidos durante más años por Manuel Chaves y José Antonio Griñán…pero no recuerdo que al PSOE de entonces se denominase con el concepto de chavismo o griñanismo. ¿Por qué ahora con Susana Díaz?

Creo que a todos nos iría mejor, especialmente a los electores que somos simples ciudadanos sin militancia, si los políticos centrasen el debate electoral andaluz en contenidos y no en apelativos. Recurrir al adjetivo o al -ismo es recurso ingenioso, puede ser hasta gracioso y sugerente pero, en verdad, aporta poco de contenido político y programático que es de lo que andamos escasos.

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