Otra austeridad

Por Enrico BERLINGUER

Un día como hoy, hace  34 años, era enterrado en Roma Enrico Berlinguer, secretario general del PCI. Había muerto en Padua dos días antes tras sufrir un derrame cerebral mientras daba un mitin. Berlinguer hubiera cumplido hoy 96 años. Publicamos un extracto de su famoso discurso de 1977 ante la convención de los intelectuales comunistas en el que expuso una teoría sobre la austeridad, es decir, sobre otro modo de producir y consumir. Dicho texto dio en una magnífica síntesis los elementos necesarios para una concepción progresista sobre el falso desarrollo capitalista y ofreció elementos de análisis que todavía hoy son válidos para la izquierda. Las personas mueren pero las ideas permanecen.

Dar un sentido y una finalidad a la política de austeridad: pero ¿qué austeridad?

¿Cuál es el origen de la necesidad de ponernos a pensar y a trabajar sobre un proyecto de transformación de la sociedad que indique objetivos y metas a perseguir y alcanzar en los próximos tres o cuatro años, pero que se traduzcan en hechos, disposiciones y medidas inmediatas que señalen su puesta en marcha?

Esta necesidad nace de la consciencia de que hay que darle un sentido y una finalidad a la política de austeridad que es una opción obligada y duradera y, al mismo tiempo, una condición de salvación para los pueblos de Occidente en general, y especialmente para el pueblo italiano.

La austeridad no es hoy un mero instrumento de política económica al que hay que recurrir para superar una dificultad temporal, coyuntural, para permitir la recuperación y la restauración de los viejos mecanismos económicos y sociales. Así conciben y presentan la austeridad los grupos dominantes y las fuerzas políticas conservadoras. Para nosotros, por el contrario, la austeridad es el medio de impugnar por la raíz y sentar las bases para la superación de un sistema que ha entrado en una crisis estructural y de fondo, no coyuntural, y cuyas características distintivas son el derroche y el desaprovechamiento, la exaltación de los particularismos y de los individualismos más exacerbados, del consumismo más desenfrenado. Austeridad significa rigor, eficiencia, seriedad y también justicia, es decir, lo contrario de lo que hemos conocido y sufrido hasta ahora y que nos ha conducido a la gravísima crisis cuyos daños hace años que se acumulan y se manifiestan hoy en Italia en todo su dramático alcance.

Es, pues, en base a este enfoque como el movimiento obrero puede enarbolar la bandera de la austeridad. Austeridad es para los comunistas lucha efectiva contra la situación existente, contra la evolución espontánea de las cosas, y al mismo tiempo, premisa, condición material para realizar el cambio. Concebida de esta manera, la austeridad se convierte en un arma de lucha moderna y actualizada tanto contra los defensores de orden económico y social existente como contra los que la consideran como la única situación posible de una sociedad destinada orgánicamente a permanecer atrasada, subdesarrollada y, además, cada vez más desequilibrada, cada vez más cargada de injusticias, de contradicciones, de desigualdades.

Lejos de ser, pues, una concesión a los intereses de los grupos dominantes o a las necesidades de supervivencia del capitalismo, la austeridad puede ser una opción con un avanzado y concreto contenido de clase, puede y debe ser una de las formas en que el movimiento obrero se erige en portador de una organización diferente de la vida social, a través de la cual lucha por afirmar, en las condiciones actuales, sus antiguos y siempre válidos ideales de liberación.

En efecto, creo que en las condiciones actuales es inimaginable luchar realmente y con eficacia por una sociedad superior sin partir de la necesidad imprescindible de la austeridad.

Pero la austeridad, según sus contenidos y las fuerzas que la encauzan, puede utilizarse como instrumento de depresión económica, de represión política y de perpetuación de las injusticias sociales o como ocasión para un desarrollo económico y social nuevo, para un riguroso saneamiento del Estado, para una profunda transformación de la organización social, para la defensa y expansión de la democracia: en un palabra, como medio de justicia y de liberación del hombre y de todas sus energías, hoy postradas, dispersas, desperdiciadas.

[texto completo en Mientras Tanto]

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