Andalucismo siglo XXI

Por Javier ARISTU

«Vivimos en una de las tierras más ricas y bonitas del mundo. Sierra, vega, valles, marismas, campiña y litoral forman parte de un abanico de paisajes tan diverso como diversas son las formas de entender la vida en nuestra tierra. La solidaridad y vivir la vida en colectivo son valores comunes a los andaluces y las andaluzas que nos empoderan como pueblo para salir de la situación en la que nos encontramos. Porque Andalucía ante todo es una tierra integradora, que abraza y que cuida sus gentes. Esos valores pensamos que son las mejores semillas que podemos sembrar para cualquier proceso de cambio».

Lo anterior es el tercer párrafo un Manifiesto titulado Adelante Andalucía que acaba de salir a la luz pública, promovido por Podemos e IU de Andalucía, dos fuerzas que están en proceso de confluencia a fin de presentarse juntas a las próximas elecciones autonómicas. Pocas veces como en este caso he visto cómo la cursilería y la afectación han anegado el lenguaje político, ya de por sí afectado. Los mayores tópicos sobre la sociedad andaluza vuelven a ser reinterpretados en este manifiesto político, solo que esta vez en pleno siglo XXI y por unas fuerzas que se declaran de izquierda radical.

Las propuestas que se nos hace desde Podemos e IU Andalucía no suponen ni siquiera la recuperación de aquel andalucismo de Blas Infante que podía combinar una propuesta social con un reclamo comunitario o territorial. Este manifiesto nos retrotrae incluso a finales del siglo XIX, a los momentos en que el andalucismo tenía visos de movimiento folklorista y, como nos dice el historiador Cruz Artacho, suponía un intento de «delimitación y concreción de la etnicidad andaluza, definida tanto en términos físico-antropológicos como culturales». Volvemos a los tiempos de la inmadurez política y el protoandalucismo. Ni regionalismo ni autonomismo: simple folklorismo.

Como relata el dicho, “si éramos pocos parió la abuela”. Si estábamos asistiendo a un resurgimiento en Cataluña de lo peor de los nacionalismos, la variante etnicista, supremacista y xenófoba, ahora resulta que desde Andalucía interpretamos el territorio donde residimos como una tierra bendita, un vergel eterno al que no se sabe quién (minorías extrañas y elites corruptas) han vendido y prostituido. «Sombra hecha de luz», dijo Cernuda en otra retórica expresión aunque hermoso verso. Nuestro Heimat es la hermosura hecha materia. Y, ya sabemos, tras el Heimat, tras la Patria, viene el Estado, hecho política y poder.

Estamos, por tanto, ante el resurgimiento a través de dos fuerzas políticas de izquierda radical del andalucismo político que parecía enterrado. La imagen de ayer, de Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo retratados ante el monumento a Blas Infante en el km. 4 de la carretera de Madrid es todo un símbolo del proyecto. La «cuestión nacional o territorial» ha venido a suplantar a lo que tradicionalmente fue el proyecto de la izquierda, «la cuestión social». En todo el manifiesto citado no aparece por ninguna parte las referencias a un proyecto de cambio social, de transformación de las viejas relaciones sociales que están dentro de la actual sociedad andaluza. Blas Infante, en los años veinte del siglo XX, tuvo la osadía y en cierto modo la audacia de combinar la cuestión social (en aquel momento era el problema del reparto y propiedad de la tierra) con la demanda autonómica. Hoy, cien años después, los herederos de los viejos revolucionarios y reformadores sociales de la CNT, de la UGT o del PCE centran toda el peso en el rescate del 4 de diciembre de 1977, en un lenguaje cargado de símbolos y fuerza plástica impulsiva pero inconcreto e inactual. Otro ejemplo: “Vivimos un momento histórico a la altura de aquel 4 de diciembre de 1977, cuando el Pueblo andaluz inundó las calles exigiendo su Autonomía. Entonces salimos a coger las riendas del futuro de nuestra tierra, con la esperanza de que el autogobierno nos permitiría acabar con los graves problemas de Andalucía». Es un discurso abstracto, vago y retórico, olvidando o marginando el de la política, el de los hechos y las nuevas realidades. ¡Por favor, dirigentes de Podemos y de IU, dejemos ya de hacer historia y hagamos algo de política!

Una nueva fuerza nacionalista andaluza está surgiendo. En cierta medida va a recoger las banderas del viejo andalucismo de Blas Infante y de los andalucistas de los años setenta. Lo cual muestra que tras la crisis terminal de los años 90 del siglo XX algo quedó de ese sentimiento andalucista. Pero también muestra el inmenso desconcierto de una izquierda que pretende transformar las derrotas sociales en alientos nacionalistas. No sería la primera vez que eso ocurriera. Lo vemos en Cataluña y en otros sitios. No sabemos si al final Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo se verán reflejados en la Esquerra Republicana o bien en la CUP.

¿Andalucía necesita un proyecto? Sin duda. Veo al proyecto del PSOE, el que surgió en 1982 entonces pleno de potencia y de vigor, carente hoy de contenidos y de ideas. Ante el actual debate territorial y constitucional el partido de Susana Díaz parece estar en una posición defensiva; como si mover las piedras constitucionales fuera a suponer la pérdida de su estabilidad. Sin embargo, se ha abierto un tiempo nuevo, un tiempo de reformas, y de reformas de calado que darán lugar, más pronto que tarde, a reformas constitucionales. Si no fuere así, España seguirá atravesando momentos de tensión y de profundas conmociones territoriales. Por ello es importante que desde Andalucía se lidere un planteamiento abierto, con visión de futuro. Nunca el retraimiento y el encerramiento trajeron nada bueno para Andalucía.

Ahora bien, ese proyecto no debe ir por la imitación de los moldes de las reclamaciones nacionalistas. Cuanto más se acerquen los políticos a las cuestiones sociales concretas más pronto nos acercaremos al buen camino. Hoy Andalucía necesita un diseño claro de cuáles son los problemas y sus soluciones más cercanas y prácticas (sin construcciones retóricas ni himnos a la tierra) y, además, una unidad más consistente de las fuerzas y grupos progresistas capaz de construir un conjunto político que pueda ir marcando otro rumbo.

El pasado 8 de junio se dio a luz un nuevo gobierno en España, un gobierno exclusivo del PSOE. Se ha sido capaz de desalojar al PP de la administración del país. Creo que el destino ha dado un giro inesperado en nuestras previsiones. En el Manifiesto Andalucía Adelante se dice: en Andalucía «hay que levantar un dique de contención a las políticas de PP y Cs y al mismo tiempo ofrecer una alternativa a Susana Díaz para que Andalucía deje de mirar al pasado y pueda mirar adelante». Creo que la segunda parte del enunciado necesitará en próximo futuro una corrección. Oído al parche.

 

 

 

 

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