Carta al President de la Generalitat

Presidentes Companys y Puigdemont

Honorable señor Presidente de la Generalidad: perdóneme que me dirija  a usted nuevamente, en forma tan poco protocolaria, en forma pública y periodística: Pero es usted quien debe iniciar el gesto claro sobre el cenagal oscuro. Solo usted, desde su alto sitio, puede tremolar la bandera blanca, y hacer el signo mágico, sobre las encharcadas trincheras de nuestra discordia. No tema usted: cuando menos el ochenta por ciento de los catalanes estamos suspirando por la hora serena de ese anhelado armisticio, tras los interminables años de lucha feroz. Apenas usted levante el brazo, en señal de liberación, un hurra atronador resonará por todo el ámbito de Cataluña. No tema: la inmensa mayoría estaremos con quien nos saque de la charca inmunda. El parlamento no funciona. La autonomía corre peligro. Nuestra hermandad está deshecha. No dude usted tampoco: hay un profundo cansancio secreto entre los bandos enemigos. Se han enredado tanto las cosas, que nadie está satisfecho de sí mismo y nadie se considera seguro en sus actuales posiciones. ¡Decídase usted, honorable señor Presidente! ¿Ha oído usted al señor Cambó? Ha dicho que «ellos» volverán al Parlamento cuando «ustedes» quieran. Ha dicho que están dispuestos a volver mañana mismo. Y el señor Cambó, créalo usted, es sincero. Su posición partidista no es envidiable. Y además, el hombre que tanto se esforzó por establecer la concordia entre todos los españoles, ¿cómo no va a estar dispuesto a hacer algo para conseguirla entre los catalanes? ¡Inicie usted el gesto indispensable, señor Presidente! Sus mismos adversarios políticos le reconocen a usted –hombre de acción, hombre que ha ido superándose indudablemente a través de la acción– el talento y la autoridad que requieren estos actos sutiles.

¿Y qué ocasión mejor, para concertar la indispensable tregua, que esa del conflicto creado, por culpa de unos y otros, a raíz de la ley de Cultivos? La pura verdad es que , a pesar de las bravatas y las afirmaciones rotundas, nadie sabe cómo salirse de él, porque todos temen las desastrosas consecuencias que una decisión partidista acarrearía finalmente. Y la única solución es esta: la salida por la concordia entre los catalanes […]

En una palabra: esta es la hora de la tregua patriótica. El país en masa la quiere. Los políticos responsables deben facilitarla. Que nadie pretenda luego ignorarlo. Por esto un mero ciudadano, desligado de todo partidismo, lo declara aquí con lealtad. Que cada cual cumpla como debe. Y dicho esto, Cataluña por encima de todos.

Nota: El texto anterior fue escrito por Agustí Calvet Gaziel el 18 de mayo de 1934. Desde su tribuna del diario La Vanguardia, Gaziel redactó esta demanda al Presidente de la Generalitat Lluis Companys. La situación era explosiva: el Parlament de Catalunya estaba en crisis por el debate y aprobación de la Ley de Cultivos. Esta había sido aprobada el 21 de marzo de 1934 por unanimidad de los diputados presentes —los de la Lliga Catalana de Cambó, nueva denominación de la veterana Lliga Regionalista, se ausentaron. La anulación de la Ley de Contratos de Cultivos creó una grave crisis política entre Madrid y Barcelona —incluyendo la retirada de los diputados de Esquerra Republicana de Cataluña de las Cortes Españolas, a la que sumaron los del PNV en muestra de solidaridad fiel a su linea de justicia social agraria, que trataba de aplicar en Navarra— y una considerable exacerbación nacionalista, que favorecía las actividades paramilitares y la propaganda separatista de las Joventuts d’Estat Català, dirigidas por Josep Dencàs. Dencàs logró la consejería de Gobernación el 18 de septiembre represaliando además al movimiento anarcosindicalista de Barcelona, en tanto que a Miquel Badia, de Esquerra Republicana de Cataluña, se le encargaban los servicios de Orden Público de Cataluña. ​

Sin embargo, como ninguno de los dos gobiernos quería iniciar una nueva confrontación, representantes de los mismos negociaron a lo largo del verano la introducción de enmiendas en el reglamento que tenía que desarrollar la ley. Pero el acuerdo alcanzado entre Samper y Companys se rompió cuando a principios de octubre se constituyó en Madrid el nuevo gobierno presidido por Alejandro Lerroux y del que formaban parte tres ministros de la CEDA. Inmediatamente se inició la Revolución de Octubre de 1934, en la que Companys fue uno de los protagonistas con la Proclamación del Estado Catalán, dentro de la República “Federal” Española. El fracaso de la Revolución supuso el encarcelamiento de Companys y de su gobierno y la suspensión del Estatuto de Autonomía. [Fuente: Wikipedia].  El texto de Agustí Calvet está sacado del libro Gaziel, Tot s’ha perdut, edición de Jordi Amat y Prólogo de Enric Juliana, RBA, 2013.

¿Dos momentos históricos, una sola historia?

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