Cataluña. Choque de trenes (I)

Fotomovimiento

Por Francisco FLORES TRISTÁN

El tren en marcha

Por fin ha llegado el choque de trenes que tanto tiempo se ha estado anunciando. ¡Cuánto tiempo desperdiciado sin buscar soluciones que evitaran este desenlace! He escuchado bastantes veces que “la culpa de todo la tiene Rajoy”. Yo creo desde luego que el PP tiene una cuota importante de responsabilidad en lo sucedido especialmente de no haber propuesto alternativas, propuestas que pudieran satisfacer al menos parcialmente las demandas de la sociedad catalana. Es significativo que aquellas famosas 23 peticiones de Artur Mas  quedaran sin respuesta.  Y lo mismo podemos decir de la actitud del PP contraria a toda reforma constitucional, actitud solo modificada en las últimas semanas ante la tormenta que se nos viene encima. La táctica de Rajoy de “no hacer nada”, de dejar pudrirse los asuntos, le habrá venido bien en algunos conflictos pero en lo que se refiere a Cataluña se puede decir sin temor a equivocarnos que esta táctica ha cosechado un completo y absoluto fracaso.

Pero las responsabilidades de lo ocurrido no solo corresponden al PP. Conviene recordar que las simientes del conflicto empezaron a sembrarse cuando Pascual Maragall decidió, en su empeño de gobernar a toda costa, incorporar a su Gobierno a Esquerra, partido entonces insignificante, con el señuelo de reformar el Estatut para ampliar las competencias autonómicas, cosa que los nacionalistas de CiU no habían pedido. Así llegamos al Estatut de 2006 que suscitó un entusiasmo del pueblo catalán perfectamente descriptible, tanto que acudió a votarlo la friolera de un 49% del censo. Más de la mitad de los catalanes estaba tan ilusionada con el nuevo Estatut que prefirió quedarse en casa. Y del resto un 73,24% de los votantes votó a favor. Eso significa que solo el 35,77% del censo electoral se mostró favorable al Estatut. No comento estos datos para desmerecer o devaluar el Estatut sino para subrayar que en esas fechas la demanda de más Autonomía era más una reivindicación de los partidos políticos que algo sentido por las masas catalanas. Recordemos también para repartir adecuadamente las responsabilidades que previamente el Presidente del Gobierno, Zapatero, había prometido aceptar en el Congreso de los Diputados tal cual lo que viniera del Parlament, cosa que no pudo cumplir por la oposición de numerosos sectores políticos incluido del propio PSOE. Por ello se procedió, en palabras de Alfonso Guerra, a un “cepillado” del texto estatutario consensuado en la Comisión constitucional por el PSOE y CiU dirigida entonces por Artur Mas. El PP, excluido entonces de este consenso, decidió entonces recurrir al TC culminando una campaña contra el Estatut que había derivado en una expansión de la “catalanofobia”, con intentos de boicot a productos catalanes incluida.

Pero la expansión del independentismo se produce a partir de la sentencia del TC de julio de 2010 y la subsiguiente gran manifestación contra la misma de la que el President Montilla tuvo que ser retirado por su escolta, increpado por los gritos de “botifler, botifler”. ¿Qué había ocurrido en cuatro años, del 2006 al 2010 para que la citada sentencia, que recordemos solo declaró inconstitucionales 14 de los 223 artículos del Estatut, provocara el inicio de la explosión independentista cuando el Estatut había provocado hasta entonces tan escaso entusiasmo popular?  A mi juicio esto se  debió a dos factores fundamentales. Por un lado el victimismo impulsado por los partidos nacionalistas que insistieron una y otra vez en que un Tribunal constitucional “deslegitimado” (por no haber sido repuestas las bajas a causa del forcejeo entre PSOE y PP a la hora de nombrar los sustitutos) había “anulado” la decisión del pueblo catalán aprobada en referéndum. Pero este es el procedimiento establecido por la legislación al que nadie había puesto objeciones en 30 años. Por otra parte, independientemente de la polémica sobre si el TC debería intervenir antes o después del Referéndum, en todos los países, incluidos los regímenes federales, los Tribunales constitucionales o el Supremo, en el caso de algunos como EEUU, pueden anular cualquier Ley inferior que se oponga a la Constitución.

Pero el factor fundamental que inició la efervescencia del independentismo fue la crisis económica. Angelo Tasca dijo que “sin crisis económica no hay Fascismo”. Pues yo creo que se podría añadir que tampoco el separatismo catalán habría llegado a las cotas que ha llegado sin la crisis. A partir de 2010 la crisis azotó a Cataluña, España y Europa con sus consecuencias de paro y recortes. El Govern de Artur Mas aplicó medidas de recorte tan duras o más que las de Rajoy. Por otra parte en este período empezó a visualizarse en los Tribunales lo que había sido un “secreto a voces”, la corrupción protagonizada por la familia Pujol y otros cargos de CiU que no desmerecían de la protagonizada por el PP en el resto de España. Hay que reconocer que el nacionalismo catalán ha tenido una habilidad envidiable  para desviar la atención culpando de los males a España. El procedimiento no es nuevo. A lo largo de la Historia cuando una grave crisis asolaba un país, se buscaba un “chivo expiatorio” sobre el que descargar la ira de las masas. Solía ser alguien distinto pero cercano. Durante mucho tiempo fueron los judíos; más recientemente, los inmigrantes. En el caso de Cataluña la culpable fue España. “Espanya ens roba”, “Espanya es centralista”, “no hem d’alimentar andalusos  ni extremenys”… Estas frases se han repetido hasta la saciedad en los últimos años aderezadas con las falacias de las “balanzas fiscales”, de los supuestos 16.000 millones que Cataluña aporta anualmente de más a la solidaridad con España, todo ello mezclado con medias verdades como que las autopistas catalanas son deficientes y de peaje (en lo que al parecer la Generalitat no tuvo nada que ver)… Así se ha construido la imagen de que una Cataluña independiente sería una Arcadia feliz, libre de la atrasada, triste e inquisitorial España a la que además se identifica con el franquismo, como si no hubiera habido partidarios de Franco en Cataluña.  Incluso he llegado a oír que la corrupción de los Pujol y compañía no es más que una excrecencia española que desaparecería lógicamente en una Cataluña independiente que “por supuesto” seguiría en la UE. Eso sí, el Barça seguiría jugando en la Liga española sin ningún problema. Chapeau! La jugada ha sido maestra. Las manifestaciones, que en otras ciudades de España han sido contra los recortes y demás medidas antisociales, en Cataluña lo han sido por la independencia y por el “derecho a decidir”. Y aquí hay que apuntar también la responsabilidad de la Izquierda. Ni los partidos de Izquierda ni los Sindicatos ha sido capaces de responder a estas falacias, de cuestionar las explicaciones del nacionalismo. Más bien se han subido al “carro” de estas movilizaciones, quizá para no ser identificados con el odioso españolismo, como el caso de algunos charnegos que en su deseo de sacudirse el polvo de la dehesa han resultado ser más papistas que el Papa, es decir más nacionalistas que Junqueras. Han sido más bien personalidades individuales, como López Bulla o Borrell las únicas que ha puesto un poco de cordura en la Izquierda catalana. Borrell ha escrito incluso un libro, cuya lectura recomiendo, en el que desmonta las falacias que antes mencionaba y en algún debate televisivo con Junqueras dejó a éste fuera de juego.

[Continuará]

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