Entendimiento o polarización

Foto Pablo Fernández

Por Julián SÁNCHEZ-VIZCAÍNO

Como señalaba hace unos días Paco Rodríguez de Lecea en un lúcido texto (“Saca tus sucias manos del choque de trenes”) el riesgo de un conflicto civil irreversible está siendo alimentado por quienes intencionadamente cierran con sus decisiones y actitudes cualquier vía de diálogo racional para una salida concertada a la complejísima situación creada en Cataluña.El bloqueo de una posible solución a la crisis inspirada en el sentido de la responsabilidad tiene mucho que ver con los falsos dilemas que los diferentes actores han puesto en circulación entre las opiniones públicas, para confusión de la población y perjuicio de los intereses generales.

Porque el dilema real que debería orientar la actitud de partidos y sociedad civil se debería dar, a mi juicio, entre entendimiento o polarización social.

Las razones de que los elementales y sintéticos relatos que acompañan a las expresiones públicas de quienes pilotan directa o indirectamente el proceso giren sobre consignas muy poco útiles para el objetivo de la superación del conflicto, creo que se encuentran ocultas en la combinación compleja de distintos intereses que buscan de un modo u otro la polarización.

Sería doble por tanto la finalidad de una acción racional al servicio de la creación de un espacio de diálogo y concertación democrática. Por un lado, el levantamiento del velo de los intereses escondidos tras el escenario del conficto, no visibles para la ciudadanía y evidentemente no entendibles si no se conocen. Por otro, la vertebración de ámbitos sociales de integración plural de colectivos ciudadanos, sindicales, profesionales, territoriales y académicos para la interacción de ideas y propuestas de solución en un contexto propicio al entendimiento y sin la presión directa del conflicto.

En cuanto a la información acerca de los intereses ocultos tras la actitud de los actores poco sabemos los ciudadanos de a pie, más allá de los datos al alcance de todos y de las explicaciones generales.

Pero da la impresión de que existe un auténtico juego de tronos en las bambalinas del proceso entre actores a los que conviene sostener la estrategia de la tension y de la polarización. Si la cuestión central que todo lo resume se da según unos entre democracia o represión, no entre independencia sí o no, y para otros entre legalidad o sedición, se está apostando indefectiblemente por el choque.

El entendimiento vendrá por una solución política, pero esta no consiste en proclamar que el conflicto se resolverá con una solución política, sino en decir cuál es esa solución. Ni que el conflicto solo puede tener solución con el diálogo, sino en señalar cómo se vertebra ese diálogo para que este sea productivo.

No es fácil, pero la inclinación de un sector muy importante de la oposición de izquierda a construir un bloque de desbordamiento institucional coaligado con el nacionalismo independentista, alentado por un nuevo protagonista empresarial, es echar gasolina al fuego, es situarse en la polarización, no en el entendimiento.

Son imprescindibles, por lo tanto, iniciativas como las de Federalistas de izquierdas o la de los y las sindicalistas que suscriben el Manifiesto del 21 de septiembre, o la declaración muy medida de la Confederación sindical de CCOO. Son aportes que rompen con esa endemoniada dinámica de enfrentamiento que podría prolongarse indefinidamente y crear las condiciones para la aparición de la violencia política extrema en Cataluña, con un impacto muy peligroso a su vez para la convivencia amistosa entre Cataluña y el conjunto de España.

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