El enredo catalán

Vista de la plaza de Catalunya de Barcelona durante la tradicional manifestación convocada por la ANC con motivo de la Diada del 11 de septiembre (2017) Imagen: EFE

Por Carlos ARENAS POSADAS

Me imagino que será difícil para un ciudadano de a pie posicionarse en esta maraña de informaciones, desinformaciones, opiniones interesadas y subvencionadas, cruces de legalidades y legitimidades en torno al problema catalán y la convocatoria del referéndum del 1 de octubre. La confusión aumenta hasta el grado de la paranoia cuando, tanto los partidarios como los contrarios de su celebración usan las palabras “libertad”, “democracia”, como el primero de los argumentos.

Para quienes defienden que la democracia significa respeto a la Constitución, el descarado y chapucero asalto a las instituciones del Estado de las Autonomías de estas fechas es un acto inadmisible de los representantes de la mitad de la clase política catalana, amparado, y en ello coincido, en argumentos históricos, políticos y viscerales verdaderamente falaces y retorcidos. El victimismo una vez más ha sido el elixir mágico utilizado por los constructores de naciones.

Reconozco y en parte comparto, sin embargo, el derecho de la ciudadanía catalana a rebelarse contra ese Estado y plantar cara a una Constitución que, después de cuarenta años, ha desembocado en un  régimen que no ha impedido que este país siga estando en manos de las oligarquías. De manera que veo en la manifestación de la Diada de ayer -no sé si también lo ven los que han concurrido- una expresión de espíritu cívico, republicano en el sentido primigenio de la palabra, que añoro en otras regiones del país.

Lo que ocurre es que esta explosión de civismo me parece un tanto cínica y mezquina; se produce cuando las elites burguesas catalanas han dejado de formar parte del núcleo duro de la oligarquía española como lo fueron a lo largo del siglo XX; cuando han perdido su hegemonía política en Cataluña y el papel “pujolista” de árbitro de la gobernanza española; cuando está soportada por el mundo payés de viejas reminiscencias carlistas; cuando está incluso aplaudida por los nuevos anarquistas  –otrora enemigos acérrimos de los  nacionalistas- en el contexto de la crisis de identidad del movimiento obrero.  La mezquindad del procès no es ni más ni menos grave que la que envuelve las tendencias económicas nacionalistas que progresan en Europa.

¿A favor o en contra del referéndum del 1-O? En contra. En contra porque en estas circunstancias amenaza la convivencia entre catalanes y las libertades en España. En contra al menos hasta que los españoles no seamos capaces de cambiar el escenario político vigente que hoy favorece el famoso choque de trenes;  hasta que una nueva Constitución permita liberarnos de las minorías extractivas, financieras, religiosas, militares o políticas sean o no sean independentistas. En ese otro escenario,  el referéndum será anacrónico o dará el triunfo a los ciudadanos sin adjetivos de cualquier parte de España.