Podemos, hablando claro (I)

Por Javier TERRIENTE

1.- ¡Minorías al poder!

De cómo un partido grupuscular, y crepuscular, en el ocaso de su trayectoria, ha sido capaz de controlar la organización de Podemos en Andalucía y otros lugares, con la inestimable ayuda de la dirección estatal, mientras sus oponentes se fragmentan a su paso,  es digno de figurar en los Planes de Estudios de la Facultad de Sociología de la Complutense  como un clásico de la conspiración política.

Trabajando sin tregua, paso a paso, e incrustada en  espacios decisorios, ha encontrado el momento adecuado para imponer sus condiciones, las que transmutarían Podemos  en una organización residual de la izquierda.

Es el momento de Anticapitalistas, una prolongación actualizada de Izquierda Anticapitalista, que en las elecciones anteriores a las de su ingreso en Podemos, obtenía unos insuperables resultados electorales: Parlamento Europeo 2008, 0,13% (19.880 votos), Elecciones Generales 2011, 0,10%,(24.456 votos), Elecciones al Parlament de Catalunya (en coalición con la CUP), 3,47%.  Poderosas razones, estas, que avalan su furiosa reconversión al podemismo.

No importa que el mundo a su alrededor exija respuestas  inmediatas y globales desde una perspectiva de mayorías. Lo fundamental en este tipo de partidos es regirse por el principio de que la política y la historia son un devenir sin fin, siendo ellos, claro está, los representantes auténticos de una gloriosa revolución en marcha hacia ninguna parte.

De modo que, ante el giro de 180 grados que escenifica la inauguración de una política de pactos con el PSOE, aunque limitada a asuntos sociales e iniciativas parlamentarias puntuales, sin mociones de censura de por medio, sólo puede haber una respuesta pura y verdadera: desplegar el programa máximo de revolución en la revolución hasta la derrota final. Ello implicaría la transformación de Podemos en un partido vocacionalmente extraparlamentario, con un programa acorde a esos propósitos:

  1. El soberanismo político de todas las comunidades y regiones sin exclusiones y al mismo nivel. O la insurgencia de territorios y personas en su máxima expresión.
  2. La dilución de las instituciones representativas en una dinámica movimientista de ascenso imparable de las masas al Poder.  O cómo la democracia se convierte en un mero término subordinado a la acción social.
  3. La orientación anticapitalista como alfa y omega de un proyecto político de liberación de los pueblos a escala mundial. O la Revolución nos hará libres en cuerpo y alma.
  4. La implantación progresiva de mecanismos autoritarios, lo que conlleva el desprecio del sistema de garantías y la reducción drástica de la pluralidad interna. O, yo soy la ley, luego la ley es la manifestación de la voluntad de unos pocos sobre la de muchos.

El pasado 5 de junio, un grito de guerra recorrió Andalucía: “para que luego nos reproche pleno tras pleno que no gobernamos con ustedes, ¡con el PSOE ni muerta, vamos!”. Con esta elegante declaración de principios, la líder andaluza Teresa Rodríguez dio otra vuelta de tuerca a las hostilidades con el PSOE. Fue el último acto de un desencuentro de más de dos años, tras 81 días de negativa inflexible a la investidura de Susana Díaz, que utilizó ese pretexto para emparejarse con Cs. En el bloque del no, PP, IU y Podemos. Hasta hoy. Un atajo glorioso.

Por si no es suficiente, la dirección andaluza ha instado a IU a que abandone los gobiernos que comparte con el PSOE, anunciándole que los futuros acuerdos municipales han de pasar holgadamente la prueba dinástica de la pureza de sangre antisocialista. Sólo así, IU sería digna de pertenecer, siguiendo el piadoso criterio del Kichi, a alguna de esas cofradías de pescadores, rojas rojísimas, devotas devotísimas de santos y santas, de tan honda tradición mediterránea.

Sin embargo, ocurre a veces, que tensando al límite los desacuerdos se corre el peligro de  llegar a la autoinmolación. La negativa a formar parte del proceso constituyente de Catalunya en Comú y las críticas infundadas al funcionamiento de Ahora Madrid, apuntan en esa dirección.  

No hay pues heroísmo alguno en este empeño de refundación Anticapitalista de Podemos.  En realidad, no se está librando una batalla verdadera, en la que el rugido de los cañones se confunda con  el ruido metálico de las espadas y el choque de escudos, en medio de paisajes sangrientos. Es sólo negocios. Negocio electoral travestido de acaloradas discusiones de estrategias de poder en modo Juego de Tronos.

 2.- Refundando Podemos

En este sentido, la estrategia es la clave. El factor decisivo para entender que organizaciones que alcanzan en poco tiempo cimas sublimes desde donde mirar de frente al dios verdadero de la Trilateral con su Trama de ángeles y arcángeles, acaben precipitándose abruptamente por la sima insondable del olvido y la desmemoria.

Ante el olvido, recordar que la dirección de Podemos decidió trocear la tarta del partido, en virtud de una serie de pactos territoriales con grupúsculos del viejo orden revolucionario, marginando a quienes defendían un proyecto de mayorías.

Ante la desmemoria, insistir en que tomó un camino sin retorno: ejercer de buen samaritano con IU, estableciendo un marco de confluencia estatal que permitió rescatarla del hundimiento definitivo.

Hay pues en marcha, un doble proceso implosivo, coincidente en la exclusión de sus contrarios. Uno, encabezado por el revolucionarismo rampante del partido/asociación Anticapitalistas,  con cabezas de puente en Andalucía, Madrid y Catalunya, y otro, el que impulsa la propia dirección de Podemos transmutándose en una nueva identidad con IU.

La vía utilizada ha sido la reconversión de Podemos en Unidos Podemos. He ahí el factor determinante. Un tránsito cualitativo que, sin embargo, se presentó como un mero cambio de nombre en el registro de partidos políticos. Y puesto que no hubo caso ya que nadie discrepó,  se asumió con la misma emoción y naturalidad que la caída de un objeto desde la Torre de Pisa por efecto de la ley de la gravedad. Abrazos,  rendida admiración y felicitaciones mutuas.

Sin embargo, lo que se quiere ocultar es, paradójicamente, lo que transparenta la fórmula Unidos Podemos: una convergencia estructural con IU, tendente a cambiar la naturaleza de Podemos e IU en un cuerpo de doble alma, en cohabitación pecaminosa en un frente de la izquierda auténtica.

Toda una carga de profundidad sobre la línea de flotación de un proyecto que surgió de la necesidad, y de la ambición, de construir un amplio espectro de nuevas alianzas democráticas desde una perspectiva de mayorías.

Hay pues un silencio consciente sobre el alcance real  de esa decisión, aparentemente inocua, pero que revela una redefinición completa de las estrategias y objetivos de Podemos, mediante un orden de palabras que va más allá de un mero legalismo de leguleyos.

Y lo que expresa ese orden es que IU ha pasado de la irrelevancia de años de estancamiento a la baja, a incorporarse como aliado preferencial de un nuevo Bloque Histórico (definición oficial) sobre el que la dirección de Podemos ha depositado todas sus  esperanzas.

Otra cosa muy distinta es que, a partir del 26J, haya perdido visibilidad como partido. Es opinable. A cambio ha ganado influencia en Podemos,  sus líderes han adquirido una relevancia inusitada y   tiene tres diputados más respecto al 20- D, de un total de ocho, cuatro de ellos en listas de las Confluencias.

¡Pobre Gramsci, aquella cabeza privilegiada de la izquierda comunista italiana que Mussolini no consiguió acallar en años de encierro atroz!

¡Se quedaría perplejo viendo que su original concepto de Bloque Histórico (la soldadura entre infraestructura económica y social y superestructura política y jurídico-ideológica), se ha travestido en una manera vulgar de encubrir transacciones políticas cupulares!

[Continuará]