Elogio de la corrupción

 

Por Antonio SÁNCHEZ NIETO

Por fin, al alcanzarse los novecientos casos aislados de corrupción en el PP,  Rajoy ha decidido atajar de raíz el problema recordando lo que nos decía el cura “ya que no podéis ser castos, ser cautos”. Ha caído en la cuenta de que lo malo de la corrupción es su conocimiento, porque  el escándalo debilita la autoridad.

En los medios de comunicación ya aparecen voces que nos avisan de que el excesivo celo de la Guardia Civil va a convertir España en un estado policíaco; se establece la Ley Mordaza; se mueven jueces, fiscales y la frontera entre el poder ejecutivo y judicial; renace el término chisme con nuevo significado… y aparece en un horizonte próximo  otro espantajo que nos hará olvidar la corrupción: el separatismo catalán.

Así que, asumiendo que hay que adaptarse a las nuevas circunstancias, que retornamos a la normalidad, presento un vademécum de argumentos positivos que pronto nos será familiar y que ya están en la calle.

La corrupción es un indicador de bienestar. Florece con el crecimiento económico y decae cuando la economía lo hace.

La corrupción es un banderín de enganche de vocaciones políticas. Recordad qué  pronto los emprendedores inmobiliarios (muchos  llegaron a empresarios) inundaron las listas electorales de los partidos políticos de derecha a izquierda. Con la democracia muchos políticos descubrieron los valores empresariales y se dedicaron a compartirlos. Hoy contemplamos con ternura como la amistad entre político y constructor es más frecuente y duradera que entre compañeros de partido.

La corrupción es ejemplar. ¿Quien no ha oído aquello de “si los de arriba no pagan impuestos, por que yo voy a pagar el IVA”? Los corruptos tienen más imitadores que los virtuosos.

La corrupción agiliza la toma de decisiones. Es la grasa del capitalismo; si bien ensucia, facilita los rozamientos.

La corrupción cuando es delito, lo es de guante blanco .  Entre los allegados apenas mancha la reputación (compiyogi…). No crea problemas de conciencia; apenas hay arrepentidos ni produce suicidios. Si has llegado a un buen nivel de corrupción, habrá escándalo pero después te levantarán estatuas (Marqués de Comillas, Marqués de Salamanca, Narváez, Isabel II…). No es letal, ni siquiera violenta.

La corrupción se asienta en los pilares básicos de la sociedad: la familia, la amistad y el trabajo. Los corruptos suelen tener un acendrado sentido familiar: colaboran en sus afanes padres, hijos, cónyuges…Se forman estirpes legendarias como los Rato, los Fabra, los González, los Pujol….

La lealtad es la base de su funcionamiento.

La corrupción es el mecanismo más rápido de movilidad social.

Los corruptos son los horteras del capitalismo. Son arribistas que intentan imitar a los burgueses en ética y estética pero se les ve el pelo de la dehesa..

En sus orígenes los burgueses también fueron arribistas. Los corruptos conocidos son burgueses fallidos. Pero son las fuerzas especiales de los liberales. Nadie como ellos ha  llevado hasta sus últimas consecuencias la demolición y descrédito del Estado Providencia y su sector público (Bankia, Canal de Isabel II…). Hacen el trabajo sucio bordeando y transgrediendo la ley cuando es necesario, haciendo de pantalla a los establecidos, que no necesitan transgredir las leyes sino que las inspiran y cambian cuando es necesario.

La corrupción privatiza los beneficios públicos .

La corrupción mutualiza los costes (o sea, los daños producidos por lo afanado se reparte entre mucha gente).

La corrupción es un mecanismo muy eficiente de redistribución de la riqueza. Establece un flujo financiero desde la parte de población más pobre, ineficiente en crear riqueza, hacia las minorías más dinámicas y dotadas en el valor esencial del capitalismo: la codicia.

La corrupción es valorada con arreglo al ciclo económico. Cuando la burbuja inmobiliaria, esta práctica se llamaba especulación, sus operaciones pelotazos y sus autores linces. Fue la.recesión, que acarrea problemas de distribución de recursos escasos a repartir, lo que produjo la  demonizacion del modelo.

Pongamos que hablo de Madrid. Allá en los tiempos en que  definíamos Futuro como un espacio de Progreso y Esperanza, la susodicha gobernaba este rincón manchego con modales de condesa. Aprovechó su profesión de cazatalentos para rodearse de una corte de engominados jovencitos, que se desenvolvían en las procelosas aguas de la política municipal con gracejo y desenvoltura. Ganaban todas las elecciones sin que las acusaciones de corrupción hicieran mella en un electorado obnubilado por los proyectos faraónicos de autopistas inútiles y bellas rotondas. Eran las acusaciones puros chismes.   En el 2007 el clima político cambió. Lo que se creía el divino milagro español resultó ser un portento diabólico que terminó en catastrofe. Se calentó el ambiente, se estancaron las aguas y aquellos simpáticos renacuajos se convirtieron en una plaga de ranas similar a la bíblica maldicion del faraón de Egipto. La faraona terminó devorada por sus ahora repugnantes sapos. Resumiendo, los hechos no cambiaron (eran y actuaron como ranas de principio a fin) pero sí su percepción  con el cambio de coyuntura.

Así que actualicémonos. No estaría mal que, ahora que en las patrias se refugia hasta Podemos, diéramos un enfoque patriótico al asunto, reivindicando nuestro modelo productivo con el mismo orgullo que sus respectivos paisanos alardean del capitalismo renano o anglosajón. Es innegable la existencia de un capitalismo hispano con diversas denominaciones: capitalismo de amíguetes, capitalismo clientelar, capitalismo de saqueo…Sería necesario reivindicarlo sin complejos frente a otros modelos foráneos que tratan de desprestigiarlo desde una supuesta superioridad moral y funcional. Sugiero que forme parte de la marca España. Aunque es cierto que la corrupción no es un producto exclusivo de nuestra patria, si creo que gozamos de una ventaja comparativa que convendría explotar.

Hace poco, el secretario general del partido socialista  y jefe de gobierno holandés, de nombre impronunciable, aparte de calvinista, declaró que a España no se le debería ayudar más porque se lo gastan en “vino y mujeres”. Evidentemente plantea una metáfora  morigerada de la corrupción, distorsionada por prejuicios puritanos. Pero podríamos explotar ese prejuicio tan extendido como gancho para inversores, ejecutivos y turistas. Un espacio  donde liberar sus represiones sociales. Por supuesto, esa imagen debería ir reforzada por una política cultural atractiva para la emergente clase media china, consumidora de productos culturales, fomentando los mercados medievales en cada rincón del país, innovando e inventando tradiciones como procesiones, corridas de toros…etc. El patrimonio histórico tradicional, nuestros castillos, iglesias, monasterios podría verse acrecentado e innovado con la arqueología del milagro español, tan generoso en ruinas de barrios nunca habitados, auditorios sin estrenar, ciudades de la cultura a medio construir, aeropuertos sin ruidos ni aviones, puentes resbaladizos, y todas aquellas cosas que se calificaron apresuradamente de despilfarro sin tener en cuenta que una obra de arte, como el salero de Cellini, no se diseña para que sea útil sino como objeto de contemplación o emblema de poder .

Además hay que profundizar las reformas ya puestas en marcha. Se requeriría una mayor flexibilización de las relaciones laborales, dignificando a trabajadores sobreprotegidos convirtiéndoles en emprendedores amantes del riesgo y responsables exclusivos de su propia vida.

También sería necesaria una reforma legal, pues las leyes deben reconocer y regular las prácticas sociales habituales wy no se puede ocultar que la corrupción lo es para la minoría más poderosa e influyente de la sociedad española y goza de la tolerancia de al menos un tercio de la población.

Urge la ilegalizacion de las amnistias fiscales. La última afectó a 32.000 personas. El sentido común nos dice que es una parte ínfima del iceberg, que aflora a los más tontos entre los listos, ¿por qué desvelar al común la realidad de que las élites no quieren compartir con sus paisanos  el diluvio que viene y por eso cambian de continente? La amnistía solo recauda infamia,  envidia y resentimiento.

El problema de la corrupción hay atajarlo con medidas radicales: hay que plantear su total desregulacion.

Si no hay reglas, no hay delito. Dejemos que sea la libre competencia la que determine el nivel y cantidad de las mordidas.

Su desregulacion supondría un importante ahorro de recursos ahora dedicados a su represión y que podrían liberarse para otros fines más urgentes. Por ejemplo, se acabaría con el colapso de los tribunales y podrían dedicarse mayores recursos policiales para defender nuestras fronteras de las invasiones migratorias.

Además, la formación de corruptos requiere poca inversión. Ya tenemos las mejores escuelas de negocio donde adquirir conocimientos financieros y de contabilidad básicos. Y es una inversión cuyo retorno es más rápido y seguro que el dedicado a ciencia o tecnología, pues los corruptos suelen trabajar en casa y los científicos emigran.

No oculto que esta desregulacion tiene riesgos importantes. El mayor de ellos es el caos y el rápido empobrecimiento de la mayoría de la población por el súbito encarecimiento de los productos básicos. Dudo, no obstante, que su impacto  fuera mayor que el causado por las estrictas regulaciones emanadas de  los organismos internacionales durante la crisis y las especulaciones financieras de los gurús de Wall Street y la City. Y, al fin y al cabo, irían en la misma línea.

En fin, sospecho que todavía habrá gente que no comparta mis propuestas por motivos éticos, porque piensen que la economía y la política deben estar al servicio del hombre. Sería el colmo…