Algunas reflexiones a propósito de las elecciones en Francia

Por Santiago CARRILLO MENÉNDEZ

Sin lugar a dudas, estas elecciones presidenciales han sido el primer acto de un proceso que concluirá con las legislativas de junio y que convendrá analizar una vez haya concluido. Algunas enseñanzas/conclusiones se pueden sacar de este primer acto que ha venido a sancionar la descomposición del sistema político francés. Soplan vientos preocupantes, no solo en Francia, que tienen que ver con los profundos cambios sociales que han ido transformando nuestras sociedades, dejando a un lado sectores cada vez más importantes de las mismas que se sienten abandonados y perjudicados por el sistema.

  1. El ocaso del Partido Socialista

Sin lugar a dudas, el elemento más destacable de esta primera fase del proceso ha sido el resultado del PSF en la primera vuelta. En algunos medios, no siempre con la honestidad intelectual exigible, se ha querido atribuir esta derrota histórica al hecho de haber elegido un cabeza de lista (Benoît Hamon) izquierdista, demasiado radical.

Que el programa de Hamon fuese demasiado radical es, cuanto menos, discutible. ¿Qué proponía el candidato vencedor de las primarias socialistas? En primer lugar, enmendar la Ley Trabajo, sin derogar los aspectos positivos de la misma. También proponía la creación de un Ingreso Universal de Existencia (o renta básica), para los adultos que perciben menos de 1,9 veces el salario mínimo (el 30% de la población) y una propuesta de financiación. Una idea que está cada vez más presente en el debate público y no sólo de la mano de la izquierda.

Planteaba, además de recuperar algunas promesas olvidadas de François Hollande: reducir la jornada laboral, un impuesto a los robots en los procesos industriales, incrementar el gasto público en educación y cultura, priorizar la ecología y dar visados humanitarios a los refugiados. Unas medidas de izquierdas, pero muy lejos de la ruptura con el capitalismo que llevó a Mitterrand a ganar las presidenciales de 1981.

Conviene recordar, a quienes sostienen esta idea, el resurgimiento del Partido Socialista en Francia, después del congreso de Épinay, cuando fue refundado por un Mitterrand capaz de reagrupar bajo su dirección a casi toda la familia socialista (incluido el viejo partido socialista del que no era miembro). ¿Cuál era el programa político por el que se apostó entonces? ¡La unidad de la izquierda!

Con ese programa, Mitterrand se presentó a las presidenciales de 1974 (que perdió frente a Giscard d’Estaing) y ganó las de 1981, anunciando nada menos que la ruptura con el capitalismo. Entre sus primeras medidas: incrementar el salario mínimo un 10%, las prestaciones sociales un 25% y la creación del impuesto sobre las grandes fortunas. Además nacionalizó la banca (en su mayoría ya de propiedad estatal después de la Segunda Guerra Mundial) y las grandes empresas.

Se pueden discutir la validez de aquellas decisiones y el “timing” de las mismas. Desde luego no el hecho de que Mitterrand ganase las elecciones con un programa marcadamente de izquierdas, incluso en aquel momento histórico.

Tampoco es posible olvidar que Hollande ganó las elecciones de 2012 con un programa claramente de izquierdas, aupado por una voluntad de cambio aunque una vez en el gobierno se haya dedicado a tomar medidas contrarias a lo fundamental de dicho programa. De hecho, no pocos elementos del programa de Hamon ya estaban en el de Hollande (ver, por ejemplo, este enlace en francés: http://www.liberation.fr/elections-presidentielle-legislatives-2017/2017/02/09/dans-le-programme-de-hamon-des-promesses-oubliees-de-hollande_1547189).

El ocaso del PS, y no es el primer ejemplo en Europa, ha venido por las políticas realizadas desde el gobierno más que por la elección de un candidato supuestamente “izquierdista”. Por cierto, en un proceso en el que votaron más de dos millones de personas. Lo que le reprocha su electorado tradicional a la socialdemocracia es que no aparezca como una opción claramente diferenciada del neoliberalismo dominante.

También ha podido influir la defección de quienes se apuntaron a caballo ganador, rompiendo las amarras con el socialismo y apostando por el liberalismo de Macron. Mención aparte merece el señor Valls, quien se declaró libre de rencores al perder las primarias y, al poco tiempo, decidió hacer campaña por Macron y romper con su partido.

El resultado de todo ello es que el PS ha dejado de aparecer como una opción útil para el electorado del país vecino y nada en el horizonte permite ser optimista en cuanto a su futuro.

  1. El voto de la izquierda

En cuanto a los resultados de la izquierda, PS obviamente incluido, varios elementos llaman la atención. Me referiré a ellos siguiendo la cronología del proceso electoral.

En primer lugar, los candidatos del PS y de La Francia Insumisa (Jean-Luc Mélenchon) sumaron 9.352.450, bastante más de los 8.657.326 votos de Emmanuel Macron o los 7.679.493 votos de Marine Le Pen (eso sin tener en cuenta los 627.010 votos de Lucha Obrera y del Partido Anticapitalista).

Obviamente, ir juntos en la primera vuelta no habría impedido la victoria de Macron en la segunda, pero nos había librado de tener a un partido de tinte fascista en la segunda vuelta, con todo lo que ello habría supuesto (en particular cortar de raíz las aspiraciones del Frente Nacional) para la izquierda, para la imagen de Francia y para todas las fuerzas de progreso en Europa.

Que la posibilidad de una candidatura de unidad de la izquierda (¿recuerdan el proyecto de Mitterrand?) ya en la primera vuelta no se haya ni siquiera planteado dice mucho acerca de la capacidad de los líderes actuales. Se podrá argüir que, en tiempos de Mitterrand, el voto de la izquierda sólo se agrupó en la segunda vuelta y es cierto. Pero en aquellos tiempos el Frente Nacional no era una opción en ascenso para la cual pasar a la segunda vuelta equivaliese a obtener un certificado de normalidad política en un sistema como el francés.

En segundo lugar, lo más grave de este proceso es que se ha roto el frente republicano. Este término designa el principio de unidad de todas las fuerzas democráticas contra los partidos de extrema derecha.

En 2002, cuando por un voto de castigo al PS (y una gran dispersión del voto de izquierdas) en la primera vuelta, Le Pen y Chirac se enfrentaron en la segunda, el 82,21% de los electores votaron a Chirac, muchos tapándose la nariz (habían saltado varios casos de corrupción que involucraban al candidato en su época de alcalde de Paris)) y otros lamentando su elección en la primera vuelta. Hubo una auténtica movilización, con llamamientos y manifestaciones.

El uno de mayo se convirtió en una movilización contra Le Pen con más de 1.300.000 personas en la calle (fuente del Ministerio del Interior), de las cuales más de 400.000 en Paris. Partidos, asociaciones, personalidades, todos se movilizaron: no tanto porque existiese el peligro de una victoria de Le Pen, sino porque por higiene republicana era importante que su resultado fuese tan pequeño como fuese posible.

Por cierto, en aquella primera vuelta, la izquierda (verdes incluidos) obtuvo casi 11,5 millones de votos (2,5 veces más que Le Pen) frente a los 5,7 millones que obtuvo Chirac. ¡Y la segunda vuelta fue Chirac/Le Pen!

Aunque Macron haya obtenido en la segunda vuelta un resultado mejor de lo pronosticado, esta vez no ha sido así. Escasos llamamientos. Nula movilización. Ni siquiera Mélanchon, quien podría considerarse como uno de los máximos herederos de la tradición antifascista ha sido capaz de pedir un voto contra Le Pen, es decir un voto a Macron.

¿Está Francia condenada a tener a un representante del Frente Nacional en la segunda vuelta por la incapacidad de la izquierda a ponerse de acuerdo? Si es así, mal vamos: alguna vez, acabará por ganar el Frente Nacional. La izquierda francesa debería empezar a pensar seriamente en dar respuestas a una situación nueva en la cual puede no llegar a bastar con el desistimiento en la segunda vuelta si no quiere despertar un día en plena pesadilla.

Así se contribuye a banalizar al Frente Nacional, a que parezca simplemente una opción más y, quién sabe, se abona el terreno a una posible mejora de sus resultados electorales. Todo un despropósito.

  1. Las próximas legislativas

Los días 11 (primera vuelta) y 18 (segunda vuelta) de junio se celebrarán las elecciones legislativas en Francia. Eso (y el sectarismo de dirigentes y, probablemente, de parte del electorado) explica porque no ha existido unidad de acción contra el Frente Nacional.

Con la debacle socialista y la fragmentación del voto a su derecha, Macron se sitúa en condiciones de transformar su Movimiento por la República en el partido ganador de las legislativas. Así lo auguran los sondeos electorales disponibles. Después de Italia y España, Francia va a ser testigo de un nuevo terremoto electoral.

Convendrá estar atentos al devenir de esta nueva formación. Macron presenta un perfil claramente liberal en lo económico y así lo confirma la elección de su primer ministro, y de algunas carteras clave de su gobierno (Justicia, Ejercito, Economía), pero con algunas facetas interesantes. Por ejemplo, como recordaba recientemente Yanis Varufakis en un artículo en el que pedía el voto para Macron en la segunda vuelta, fue el único ministro europeo que intentó ayudar a Grecia y se ganó por ello la inquina de la señora Merkel. Además, se ha posicionado claramente en el tema de los refugiados. De alguna manera, esto se refleja en la presencia de un ecologista y cuatro antiguos miembros del PS en las carteras más sociales.

El sistema de un elegido por circunscripción y elección a dos vueltas debería jugar, y mucho, a favor de Macron, si no se produce un cambio mayor en el panorama electoral del país vecino. También afectará negativamente al PS.

Este mismo sistema actuará de barrera contra el Frente Nacional (de nuevo salvo cambio mayor en la situación) aunque cabe esperar que esta formación incremente notablemente su presencia en la cámara. Actualmente, por el sistema usado, sólo tienen un diputado (de 577) mientras que, en las europeas, donde rige un sistema proporcional, consiguieron en su momento 22 (de 74) parlamentarios. La división de la izquierda va a jugar a su favor.

En cuanto a la izquierda de la izquierda, parece que le crecen los enanos. Mélenchon y el Partido Comunista Francés, que iban juntos a las presidenciales, han roto las conversaciones para las legislativas. Además, volverá a surgir al menos parte del mosaico de la izquierda en las papeletas. Bien podría ser que en muchas circunscripciones ningún representante de esa izquierda fragmentada alcance el mínimo necesario para ir a la segunda vuelta y esta se vea muy infrarrepresentada en el próximo parlamento.

Los dirigentes de los nuevos movimientos parecen haberse olvidado hasta de las lecciones que habían aprendido los que les precedieron. No hablemos ya de entender las peculiaridades de la nueva situación. Si siguen así, nos tendremos que seguir conformando con que ganen los Macron de turno. No es nada esperanzador

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