Pedro y el PSOE

Por Javier ARISTU

¡Qué noche la de aquel día! (A Hard Day’s Night) es el título de una película reportaje de los Beatles, dirigida por Richard Lester, y rodada en 1964. Fue la manera con la que aquel histórico grupo de música de Liverpool traspasó la música y se convirtió en un fenómeno de los medios de masas.

Imagino que muchos de los que asistieron la noche del pasado domingo, a través de la televisión o en la misma sede de Ferraz, valorarán del mismo modo, dentro de unos años, aquellas horas del 21 de mayo de 2017 en que saltó la sorpresa o la esperada noticia de que Pedro Sánchez iba a ser, por voluntad de su soberana militancia, el próximo secretario general socialista, impidiendo de ese modo que Susana Díaz, la contraparte, alcanzase el objetivo de dirigir el partido. ¡Qué noche la de aquel día!

Como es habitual en estos casos han saltado como una bala los editoriales y comentarios periodísticos valorando ya de forma taxativa las consecuencias de tal elección, sin casi dar tiempo a que meditemos un poco. Hay editoriales que parece que han sido dictados más por la ira que por la reflexión que debe acompañar a todo buen comentarista que se precie. Allá cada cual con su libertad de expresión pero luego, cuando el tiempo pase y se asienten los hechos, algunos deberán esconderse debajo de las piedras.

¿Qué impresión saco yo de este acontecimiento político de primer orden? Aunque han pasado solo 48 horas de la resurrección de Pedro me atrevo a proponer algunos puntos de reflexión:

  1. Parece que todo indica que una parte muy importante de la dirección del PSOE, de sus cuadros dirigentes, de sus aparatos regionales, de sus líderes, estaban ignorantes de lo que pensaba la mayoría de la militancia del partido. Tal situación de distanciamiento entre cúpula y base nunca se había visto tan palpable. Si yo fuera dirigente regional del partido y hubiera perdido como han perdido en la mayoría de las regiones no sé si tendría agallas para continuar en esa responsabilidad.
  2. El cálculo que hicieron a partir de octubre dichos cuadros directivos —y sus notables respaldos históricos— se ha mostrado profundamente erróneo. La base del PSOE no ha sacado las mismas consecuencias que sus dirigentes de la última fase política. Los análisis y las valoraciones discrepaban profundamente entre líder y militante de base. Algo grave en un partido que tiene varias decenas de miles de militantes activos.
  3. Andalucía ya es la excepción y no la norma. Históricamente, desde al menos 1979 (Congreso Extraordinario en que Felipe González vuelve a la dirección tras su dimisión de meses antes en el XXVIII Congreso sobre el marxismo) el PSOE ha sido un partido que se ha templado en la medida andaluza: la organización del sur era la más poderosa y sus dirigentes marcaban el paso de González, incitando a su vez a las demás federaciones a seguir esa marcha. En estos momentos, tras el fracaso de Susana Díaz —que es un fracaso de la entera organización andaluza— se abre sin duda una etapa completamente diferente. Da la impresión de que tras muchos años de tensiones el conjunto de la organización del partido no sigue ya la guía andaluza. Y eso es grave precisamente para el PSOE andaluz que puede quedarse aislado de cualquier proyecto más allá del regional andaluz. La imagen de un liderazgo soberbio, que imponía más que convencía, que aullaba más que razonaba no es compatible con un activo militante que también “sabe leer las crisis electorales”, a veces mejor que muchos de sus dirigentes.
  4. Sería un error valorar la actual crisis de liderazgo en el PSOE solo en clave de disputa de elites. Sin duda que hay bastante de esto, especialmente en un partido como el PSOE que derivó desde hace mucho tiempo hacia un modelo de partido de notables que establece el diálogo con sus bases solo a través de los medios de comunicación y de las instituciones. Pero esta crisis viene arrastrándose desde el final del gobierno de Zapatero (2011) y más agudamente desde la irrupción de Rubalcaba en la secretaría general. Es toda una cadena de derrotas electorales que no comienzan con la candidatura de Pedro Sánchez, aunque este haya alcanzado el récord en 2016. Tras las candidaturas de Pedro Sánchez y de Susana Díaz había propuestas muy diferentes sobre estrategia política y sobre modelo de partido que no han sido sino la expresión de lo que cada parte ha leído sobre el deterioro, la crisis y la marginalidad del partido y de la socialdemocracia europea en su conjunto. Por tanto, tras esta extraordinaria batalla interna como ha sido la de las primarias lo que hay es una profunda crisis de propuestas y de estrategia política del socialismo español. Y cada uno de los candidatos ha tratado de superarla con una propuesta diferente: proyecto autónomo para Susana Díaz, alternativa de izquierda para Pedro Sánchez. De momento, la militancia ha optado por la segunda. Veremos lo que dice el próximo Congreso federal.
  5. Nunca las soluciones a una crisis de proyecto pueden venir de atrás. El gran error de Susana Díaz ha sido recurrir al «patrimonio eclesial» del partido, a la serie de «fundadores», como si ese talismán fuera a resolver los problemas de hoy. No ha captado que en 2011 se abrió otro ciclo político de gran profundidad, que la crisis de 2008 ha desencuadernado a todo el armazón de la izquierda social y política en Europa, que las nuevas generaciones no se acoplan con un discurso histórico que ha funcionado durante los años pasados, los de la bonanza y el circulante de dinero, y que, en consecuencia, eran nuevos los problemas y debían ser nuevas las soluciones.
  6. Pero, al mismo tiempo, se ha demostrado que «había vida en Marte», es decir, que el PSOE no está muerto como algunos repetían incansablemente. La gran movilización interna que ha habido en estos meses y la actividad sin duda generosa y desprendida de muchos miles de sus militantes son prueba de que es, todavía, una organización con tensión y con pasión, elementos necesarios para que funcione un dispositivo político de masas. Esos miles de militantes socialistas que han sido capaces de expresar una voluntad de rechazo al continuismo formal son posiblemente prueba de que con ese partido tendrán que contar quienes se planteen a partir de ahora cualquier proyecto de gobierno. Se puede discrepar y disentir del proyecto de ese partido y de su práctica política pero nadie puede negar que el PSOE sigue siendo una organización decisiva en el articulado político español.
  7. La tarea que tiene Pedro Sánchez por delante es inmensa y dudo de que llegue a buen puerto dados los escollos y arrecifes que tiene por delante. Es posible incluso que Pedro sea dirigente de transición y que en el próximo futuro veamos ajustarse de otra manera todos los engranajes que han sido sacudidos en estas semanas de mayo. La política navega con plazos largos, sinuosos e imprevisibles…pero lo que está ya descartado es que el PSOE pueda tener solución recurriendo al pasado, al continuismo y a las viejas glorias. Solo mirando hacia adelante podrá seguir siendo algo consistente en la sociedad española.
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