¡Negocien!

Por Francisco FLORES TRISTÁN

No tuve oportunidad de ver completo el debate de los distintos candidatos a la Secretaría general del PSOE, entre otras razones por la hora inadecuada. Da la sensación de que la dirección del PSOE intentara que lo viera la menor gente posible. Pero lo que vi, y las reseñas y comentarios posteriores de los medios, es suficiente para hacerme una idea de los planteamientos de cada candidato/a. Me llama la atención la falta de programas y estrategias de futuro  o la simpleza de los mismos especialmente de los dos candidatos con mayor número de avales. Por ejemplo del discurso de Susana Díaz podemos colegir que no quiere escorarse a la izquierda ni tampoco buscar pactos en esa dirección. Pero como propuesta concreta positiva su principal idea es la apuesta por un PSOE “como el de siempre”, por un “PSOE ganador” que, si consiguiera serlo, no tendría que pactar con nadie. Imagino que cualquier dirigente de cualquier partido intenta promover que el suyo sea ganador pero… cómo se consigue esto? El principal argumento de Díaz es el apoyo de los barones territoriales y de los antiguos dirigentes (Felipe, Guerra, Zapatero, Bono, Rubalcaba…) de lo que se deduce que, dado el apoyo de los antiguos líderes y de las mismas ideas, el PSOE volvería a ser partido ganador ¡!!

Pues bien, yo creo que sostener esto es no haberse enterado de nada de lo que ha pasado en la política española y mundial en los últimos 5, 6 o 7 años. Pero vamos a ver, ¿es que el fenómeno “Podemos” o el de “Ciudadanos” es sólo cosa de Pedro Sánchez? ¿Acaso no tiene relación alguna con el desastre de los socialistas en Grecia, Holanda, Francia y previsiblemente Gran Bretaña? Susana Díaz y otros dirigentes socialistas no parecen haberse enterado de los estragos que la globalización y la crisis han producido en las clases medias y trabajadoras y que a su vez han provocado el rechazo creciente de una parte de estos sectores precisamente a ese PSOE y esas políticas reivindicadas por Susana Díaz. Yo no sé si habrá o no sorpasso pero de lo que estoy seguro es de que el bipartidismo PSOE/PP no va a volver  en el futuro inmediato. “Podemos” podrá oscilar hacia arriba o hacia abajo pero tiene en este momento un “suelo” electoral” que difícilmente va a bajar del 15 o 16%.

El otro “potente” argumento de Susana Díaz es que ella sí ha ganado elecciones; a diferencia de Pedro Sánchez apostar por ella es apostar  a “caballo ganador”.  Pero esto es una verdad a medias. Es verdad que las únicas elecciones a las que se ha presentado Susana Díaz, las del Parlamento andaluz de 2015, las ganó situándose el PSOE como primera fuerza política andaluza. Pero Susana Díaz olvida decir que el PSOE obtuvo los mismos diputados, 47  y más de 100. 000 votos menos que las elecciones anteriores, las de 2012; si el PSOE llegó a ser primera fuerza política en 2015 y no en 2012 no es tanto mérito del PSOE como demérito del PP, que perdió medio millón de votos que en su mayoría fueron a parar a la nueva fuerza emergente “Ciudadanos”. En realidad la convocatoria adelantada de 2015 se debió a que Susana Díaz no se sentía “a gusto” con un gobierno de coalición con IU heredado de Griñán a pesar de que gozaba de una cierta estabilidad.  Susana Díaz prefirió disolver el Parlamento pensando en una victoria arrolladora que le permitiera gobernar en solitario. La victoria se dio, como hemos visto, pero no fue arrolladora. En un principio intentó conseguir la investidura por el mero hecho de ser la candidata más votada hasta que el paso de los semanas le obligó a pactar con Ciudadanos. Estos antecedentes no hablan bien de su “cintura” como negociadora y me temo que augura una escasa capacidad para negociar y pactar con otras fuerzas, cosa que parece la única manera razonable de desplazar al PP del Gobierno en un futuro más o menos próximo.

Al otro candidato con mayor expectativa, Pedro Sánchez, hay que reconocerle mérito al haber conseguido casi igualarse en avales con Susana Díaz a pesar de tener  a todo el aparato del partido (la mayoría de los secretarios regionales y provinciales) en contra. Es más que probable que el intento de los partidarios de Susana Díaz de “apabullar” al contrario con el apoyo de todos los ex secretarios generales y de los barones territoriales, la magna concentración en Madrid el día de su presentación, etc. hayan sido los causantes de la “resurrección” de un candidato que parecía noqueado después de la entrevista con Jordi Évole. Seguro que también han contribuido a ello las malas maneras con las que se produjo su defenestración en el Comité federal del día 1 de octubre, así como el recuerdo del torpedeamiento del que fue objeto por gran parte de los barones  territoriales a lo largo del pasado año. Pero las malas maneras de sus oponentes y el que aparezca como víctima del aparato del partido no hacen per se de Pedro Sánchez un buen candidato. Personalmente veo en él  la misma falta de horizonte estratégico que en Susana Díaz. No son sólo los vaivenes ideológicos que señalan sus contrarios (hoy Cataluña es una nación, mañana sí pero solo en sentido “cultural”, hoy se plantea la alianza con Podemos y mañana rectifica hablando de pacto con la “sociedad”…) El problema de Pedro Sánchez es que estos vaivenes no son nuevos; reproducen la falta de una estrategia concreta más allá de dejar correr el tiempo  y del “no es no” al PP que protagonizó especialmente después de las elecciones de junio y hasta el citado Comité federal de octubre. No se puede organizar un programa simplemente en negativo, es decir basado simplemente en la negativa pactar con el PP. No basta con oponerse al PP. Hay que explicar y negociar una estrategia alternativa para desalojarlo del Gobierno. Esto es lo que creo que le falta a Pedro Sánchez.

Sinceramente el candidato que me pareció más razonable en el debate fue Patxi López. Al menos pareció el que ponía más empeño en evitar la polarización y que fuera posible después de las primarias reconstruir la unidad y fortaleza del partido ese “coser las costuras” que anunció Susana Díaz pero que ha cumplido luego muy poco. Pero tampoco me pareció fino en la estrategia postcongreso. Eso de que “no necesitamos pactar con Podemos porque somos la alternativa al PP” no deja de ser un piadoso deseo.

No sé quién va a ganar las primarias. Creo que la diferencia de votos en cualquier caso será pequeña lo que debería obligar a los candidatos a pactar y buscar recomponer la unidad en lo que podría ser muy útil López. Puede ocurrir esto o puede ocurrir que el vencedor o vencedora prepare la apisonadora para triturar al adversario. No soy militante del PSOE. Pero creo que el PSOE ha prestado importantes servicios al progreso de este país y su demolición iría en perjuicio del conjunto de la Izquierda. En cualquier caso sería deseable una “cura de humildad” y “realismo”. El bipartidismo no se va a restaurar en España al menos a corto plazo por lo que no hay otra manera de sustituir a PP más que negociando las fuerzas de oposición, lo que incluye a Podemos y, dado la situación en Cataluña, también a Ciudadanos. Aquella idea de pacto tripartito propuesta por Sartorius, Llamazares y otros podría hacerse hoy realidad si hubiera algo más de realismo y algo menos de prepotencia entre los líderes de Podemos, el PSOE y Ciudadanos. La razón es evidente: Aquello de que, con un PP en minoría se podrían revertir sus leyes más lesivas ha demostrado ser una falacia. Nada se ha logrado en este sentido  más allá de salvas de artillería. Por otra parte ha ocurrido lo que parecía imposible: la corrupción que está emergiendo de las alcantarillas amenaza con convertir al PP y la política española en general en un cenagal (para muchos ya lo es). Y lo que es peor, todo esto no conduce a una mayor debilidad de un Gobierno que está en minoría sino a una manipulación descarada de las instituciones del Estado para intentar camuflar estos ríos de corrupción. La manipulación de la Fiscalía por el Gobierno supera lo conocido en épocas de mayoría absoluta. Esto debería y podría evitarse si el PSOE, Podemos y Ciudadanos pusieran los intereses del Estado y la Democracia por encima del legítimo deseo de arramplar unos cuantos votos al contrario. Pero esto implica “negociar” y por supuesto no demonizar a aquellos con quien se negocia; no se puede reclamar la sustitución del PP por el daño que está infringiendo a la credibilidad del sistema democrático y a renglón seguido considerar a los demás partidos “lacayos” o “servidores” del PP. ¿No decían todos los observadores que, tras el fin del bipartidismo, se impondría la necesidad de “negociar”? Pues… a qué esperan los dirigentes políticos? ¡¡Negocien!!