Tiempos modernos

Por Javier ARISTU

Ando leyendo el libro que acaba de salir sobre la historia del PCE entre 1956 y 1982 [De la hegemonía a la autodestrucción].  Sus autores, Carme Molinero y Père Ysas son expertos en la época y en ese ámbito de estudio. Hasta ahora he leído las páginas dedicadas a la Transición, ese periodo trascendental de nuestra historia contemporánea que abarca, sintéticamente, desde 1974 a 1977. Es evidente que el periodo se alarga por detrás y por delante pero esos tres años son decisivos a la hora de fijar una imagen determinada de lo que fue aquello.

Concluida la lectura de la Primera parte me arriesgo a comentar algunos aspectos que me sugieren, a su vez, ciertas reflexiones sobre el presente, este presente de cuarenta años después. No voy a decir mucho más sobre aquel periodo; se está volcando mucha tinta en estos días sobre el mismo, a veces con inmensa ignorancia, otras con bastante superficialidad y, sobre todo, con mucho de mala voluntad, como si desnudando a la Transición se tratara de que no aparecieran las vergüenzas del actual momento. Este libro de Molinero e Ysàs es sólido y  fundamentado, aporta datos de archivos que generalmente no aparecen en los comentarios usuales (por ejemplo, el papel de los dirigentes sindicales de CCOO, sus relaciones complejas y conflictivas a veces con la dirección del PCE), establece una cadencia de acciones comprensible, acciones  que van cambiando porque los acontecimientos que los motivan imprimen una gran velocidad, y delinea bastante bien las razones (la famosa correlación de fuerzas) de la evolución de aquel PCE. Pero digo que solo he leído, de momento, la Primera parte.

Dicha lectura, decía, me traslada casi indefectiblemente al tiempo presente. Para anotar sus diferencias de ritmos, cadencias, actitudes y estilos.

Evidentemente no es lo mismo el tránsito de una dictadura a una democracia que una crisis política como la que llevamos experimentando desde 2014. Aquello, lo de 1974-1977, y al margen de la valoración que cada uno tenga de su resultado, fue Historia con mayúsculas. Lo de ahora, lo que va de 2014 a 2017, creo que se queda simplemente en historia con letras muy minúsculas. Me explico.

pceEn el cortísimo periodo que va desde la muerte de Franco (noviembre de 1975) a la legalización del PCE (abril de 1977) hay una inmensa concentración de elementos y factores políticos. En solo dieciocho meses se acumula una masa de actividad social y de acción política como nunca después hemos podido experimentar. Leer el libro de estos autores es constatar esa energía social que se destapa por todas partes y esa destilación de política que durante esos meses surge de los actores en campo. En ese corto espacio de tiempo se tomaron (y se cambiaron) decisiones a un ritmo vertiginoso; decisiones y cambios que afectaron tanto a los postfranquistas de Suárez como a los comunistas, y por supuesto a socialistas, nacionalistas y cualquier otra formación. Nadie se salvó de aquella dinámica de modificaciones de anteriores presupuestos y preceptos; la realidad iba tan rápida que obligaba a adaptarse a una gran velocidad.

Hoy veo todo muy distinto. En estos dos años transcurridos desde las elecciones europeas, años en que se alcanzó el máximo punto de deterioro de la política del PP, las iniciativas políticas han sido escasas, los cambios en las instituciones muy superficiales y las repercusiones de la influencia política sobre la vida de la gente muy moderada. Es como si después de un vendaval (2014) la playa hubiera quedado menos afectada de lo que podríamos pensar (2017) y la gente volviera a la arena a pasar el día. El PP sigue gobernando, el PSOE atraviesa por un periodo de redefinición política y crisis interna que creo va a tardar en resolver, y Podemos —el fulgurante nuevo actor político que iba a barrer el tinglado de la farsa— se ha metido en un proceso de crisis de estrategia y de modelo de organización que no pinta nada bien.

Frente a aquella intensa fábrica de iniciativa y condensación política que fue la Transición nuestra actual escena política expresa monotonía, falta de imaginación, poca audacia y mucho de retórica vana del viejo teatro.

Recomiendo que lean el libro porque a lo mejor algunos políticos del presente pueden sacar orientaciones interesantes para este tiempo. Yo, entretanto, me adentro en la Segunda Parte.

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