Por un nuevo terreno de juego

Foto Flickr Daniel

Por Carlos ARENAS POSADAS

Nos hemos llevado el año 2016 (y van…) preguntándonos qué le pasa a la izquierda, por qué carece de nuevas ideas que puedan ofrecerse como alternativas a la avalancha de las derechas neo-fascistas que padecemos fuera y dentro de España.

La penosa imagen que ha dado el PSOE, las riñas infantiles entre directivos de Podemos por quítame allá unos procedimientos, la desaparición virtual de Izquierda Unida, la ausencia de proyectos claros sobre los asuntos reales que importan al país, el papelón que todos ellos están haciendo como oposición parlamentaria, añaden confusión y elementos añadidos a la desesperanza.

Me pregunto, sin embargo, si la perplejidad de la gente de izquierda no es sino expresión de un error de cálculo, de una fallida apuesta por los partidos políticos y la vía representativa y parlamentaria como la única manera de modificar una realidad que considera, consideramos, infamante. Hay que preguntarse si no hay otro escenario de “lo político”, otra manera distinta de pensar políticamente que la de delegar en unos partidos que operan como minorías extractivas a favor del sostenimiento de sus aparatos y de la carrera política de sus más atrevidos cuadros directivos.

Pienso que estamos jugando a la “política” en un terreno de juego en el que tenemos todas las de perder, porque los asuntos verdaderamente importantes son resueltos por agentes no electivos –la banca, las eléctricas, los grandes medios de comunicación, las constructoras y el resto de grandes compañías-, que se infiltran en las estructuras del Estado –y de los partidos-, mientras que los representantes de los ciudadanos se topan con un sinfín de regulaciones normativas que deben acatar “por imperativo legal”.

No vengo a reproducir la vieja idea desmerecer la “partitocracia” para terminar levantando el brazo de cara al sol. Lo que quiero decir es que los partidos de izquierdas deben hacer bastante más que intentar ocupar en minoría las instituciones que los financien, que, a lo sumo, montar de vez en cuando manifestaciones “monstruos” para lavar la conciencia. Quiero decir que hay que jugar, además, en otro terreno de juego.

Ese terreno de juego es el de los “mercados”. Se hará nueva política cuando la izquierda organice la movilización de los ciudadanos contra los grandes monopolios y empresas que hoy dictan las leyes. Del “derecho a decidir” de los ciudadanos debe salir la estrategia política de fragmentar lo que hoy es monolítico: fragmentar los mercados, repartir el capital y posibilitar la igualdad de oportunidades. Además, en el nuevo terreno de juego, habría que construir la acción política desde abajo, desde lo local; es la única manera de rescatar el Estado de la prisión en la que lo tienen encerrados los grandes lobbies del país, los grandes beneficiarios del llamado régimen del 78.

No resulta complicado; al fin y al cabo se trata de reproducir la misma estrategia exitosa diseñada por la burguesía desde su erección como clase dominante: controlar mercados y, en paralelo, controlar las instancias políticas.

Feliz 2017

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