Trump guiando al pueblo

Manifestación de protesta contra la elección de Trump, Washington, 12 de noviembre. Foto Ted Eytan

Por Carlos ARENAS POSADAS

A pesar de las bufonadas que se le han descrito; es más, gracias a esas bufonadas, Donald Trump ha conseguido ser presidente de los todavía unidos Estados Unidos de América. No cabe duda de que este individuo, antes master chef de un programa de cazatalentos para empresas sin escrúpulos, ha seguido su propio instinto y el asesoramiento de la gente que ha dirigido su campaña para que 60 millones de norteamericanos se hayan sentido seducidos por el mensaje borde y zafio que el truhán de pelo panocha les ha metido en la cabeza.

El tipo, una vez llegado a la Casa Blanca, que es lo que quería, posiblemente reduzca la zafiedad de su discurso y abandone lo más grosero de su casposo programa; se pondrá en manos, como lo han hecho todos los presidentes anteriores, de los poderes fácticos y aquí paz  -espero- y después gloria. El truhán, desde el primer momento, apelando a la unidad de la nación en contra de la fractura social que preconizaba, ya ha abandonado a los suyos y, tirará a la basura, qué duda cabe, las reaccionarias pero sinceras expectativas de muchos de sus votantes.

Él trata de salvarse, pero la mitad del electorado americano ha quedado retratado ante el mundo como quedó retratada la mitad del pueblo británico con el brexit, del pueblo colombiano negando la posibilidad de la paz y quedarán retratadas las clases populares que se inclinen en el futuro por las opciones de ultraderecha y filo-fascistas. Trump ha guiado una parte del pueblo a la ignominia. Las pobres gentes lo comprenderán mejor cuando, dentro de pocos meses,  comprueben que nada de lo que les acontece y les abruma va a cambiar, e incluso es susceptible de empeorar.

¿Votar a Clinton? Qué remedio, pero lo que la candidata de la jet society les ofrecía era una  taza más de un despotismo ilustrado que, primero, no ha sabido ni querido darse cuenta del sufrimiento de un pueblo empobrecido y, por otra parte, ha permitido y alimentado toda esa basura nacionalista, televisiva, chusquera, grotesca que Trump ha sabido utilizar muy inteligentemente en su propio provecho. Dicho de otra manera, los demócratas en USA, los socialdemócratas en buena parte de Europa y en España, han estado contribuyendo a fomentar la estupidez de la gente y a indeseables como Trump, mientras se han negado a fortalecer o empoderar otro tipo de pueblo, los valores de la ciudadanía. Entienden que ellos trabajan para repartir mejor los rendimientos del capital, pero, ilusos, no se dan cuenta o no les interesa darse cuenta de que el gran capital los ignora y que está prescindiendo de ellos como gestores e intermediarios dentro de las administraciones públicas.

La clave está en recuperar el derecho a decidir de todos y cada uno de los que forman el pueblo. Nadie es libre bajo el síndrome de estado de necesidad; abrumado por todas las incertidumbres el individuo se verá abocado a ser guiado por quienes, como Trump, les ofrece una única y tramposa luz al final del túnel. Entre déspotas ilustrados como Clinton y déspotas a secas como Trump, la única luz que debe guiar al pueblo es la de la lámpara que el mismo pueblo porte; una luz que sirva al pueblo a reconocer las armas que usan sus enemigos para humillarlo y a conocer y usar las armas propias, que las hay y están al alcance de la mano, con las que derrotarlos.

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