Cultura obrera

Una vista de Ewen Breaker of the Pa. Coal Co, 1911. The U.S. National Archives

Por José Ramón ÍÑIGO

No sé qué ha de ser eso que antes se daba en llamar cultura obrera. Seguramente tenga que ver con comentarle a un compañero, a un amigo, a tu propio jefe, sobre las dificultades de otro compañero, tuyo, de ambos, y que éste se levante de su mesa inmediatamente para interesarse por ese otro del que le habías hablado antes. Ese no titubear cuando se trata de echar una mano, a veces más que eso, a alguien a quien te unen no sólo los años de trabajo en la misma empresa sino una manera heredada de concebir la vida, la lucha por un futuro mejor, más justo, más libre, las risas compartidas sin las que ninguna tarea puede tener éxito.
Tal vez la cultura obrera tenga que ver con preparar un mercadillo de venta de libros cada año en vísperas de Navidad, hablar de novelas, de escritores: perder la paciencia para que cada año pudieran entrar un puñado de cajas llenas de libros en una fábrica. Soñar con una clase obrera culta, o al menos leída, tolerante y abierta, y soñar con que nuestros hijos puedan llegar hasta donde nosotros no pudimos, sin dejar atrás las señas de identidad de lo que hemos sido y somos.
Cultura obrera quizás pudiera ser dejar abierta la caja de herramientas, ese acto desesperado, casi suicida de generosidad que terminaba con frecuencia convertido en el ridículo por no poder hacer el propio trabajo a tiempo. Aquellas pegatinas de apoyo a la asediada ciudad de Sarajevo adheridas al costado de la caja, soportar los días de frío sin calefacción, reconocer por la mirada a quienes de verdad eran y son capaces de olvidarse de sí mismos por un instante.
No sé qué es eso que daban en llamar cultura obrera. No sé si existió alguna vez. Seguramente haya que mirar muchas fotos antiguas de gente trabajadora para poder reconocerla, si es que se consigue.
Creo que, en suma, tiene que ver con que en cada día de trabajo tus preocupaciones no son las únicas que importan y, de esta manera, vas incorporando a tu equipaje las preocupaciones por otros como tú. En algunos casos las preocupaciones llevan a algunos, los más valiosos, a sacrificar un poco, o tal vez mucho, su propio bienestar, sus expectativas profesionales, su tiempo libre, sus horas de sueño o de juego con sus hijos para que a muchos otros nada nos desvele durante la noche y cada mañana podamos reanudar la tarea donde la dejamos, o donde la dejó el compañero del turno de tarde.

  • El texto nos ha sido enviado por José Ramón Íñigo, trabajador de la factoría de Airbus San pablo-Sevilla.