Guerra a la española

Por Javier ARISTU

Leo los periódicos y no me aclaro. Veo los telediarios y sigo confuso. No sé qué es lo que está pasando en nuestro país, no sé si habrá gobierno en tres semanas o se abrirá el camino hacia las terceras elecciones. La situación es de confusión completa. Y me temo que nadie de los que se dedican a la política me está ayudando a aclararla.Lo más significativo de todo este panorama, o al menos lo que más claro me aparece, es la dinámica subalterna de la izquierda parlamentaria —término impreciso, confuso y difuso cuando hablamos en España de este concepto. Desde que se acabaron las campañas electorales los dos exponentes principales de esa llamada izquierda española  no saben qué hacer. Solo saben que van a hacer oposición al PP. Bonito papel que representar tras haber alcanzado casi diez millones de votos, frente a los ocho del PP. Toda la batería de proclamas, propuestas, discursos y mensajes electorales se han reducido a una simple consigna: hacer oposición al PP. Un partido que solo alcanza un tercio del electorado y tiene una minoría parlamentaria se puede alzar con el gobierno de la nación frente a una mayoría de electores y diputados. Jugada genial. Y todo por una desastrosa estrategia política de los dos principales exponentes de esa izquierda española.

Lo peor que le puede ocurrir a una fuerza política que quiera ser decisiva en un contexto de fuerzas enfrentadas es asumir, desde el primer momento y como carnet de identidad, el papel de oposición, negarse a ejercer un papel de gobierno. Es archicitada la frase del demócrata cristiano Andreotti (“El Poder desgasta sólo a quien no lo posee”) para argumentar que, en líneas generales, la oposición política no suele ser un terreno fecundo para avanzar y, sobre todo, desarrollar políticas que repercutan sobre la gente. Algunos han transmutado aquella otra de “partido de lucha y de gobierno” —que partía de una aguda interpretación del papel del gobierno y de la fuerza organizada en el tejido social— en “partido de la oposición”: como no tengo mayoría por mí mismo me siento en la oposición hasta ver caer el cadáver de mi enemigo ya que, luego, el poder me vendrá dado por sí solo. Y, mientras, que gobierne la derecha. Así, mientras gobierna Rajoy, la izquierda inmaculada podrá hablar del 12 de octubre como fiesta culpable y del genocidio de hace 500 años, podrá decir siempre la verdad (que es el auténtico oficio del político, como todo el mundo sabe), podrá hacer sus discursos cargados de retórica y mística, podrá desarrollar sus peleas internas por ver quién manda en el partido…todo porque la derecha, que gobierna y gobernará por los siglos de los siglos, le dejará todo el tiempo del mundo para hacer estas cosas. Todo menos gobernar.

En la guerra naval ha habido muchas tácticas y formas de desarrollarla a lo largo de la historia. Sabemos de la “guerra anfibia”, la “guerra submarina”, la “aeronaval” de tiempos modernos, por citar solo algunas. Me ha sorprendido saber que en la batalla entre barcos existió una táctica llamada “guerra a la española” que consistía en aproximarse lo más posible al barco enemigo y lanzarse al abordaje para tomarlo con la superioridad de la infantería de marina embarcada. Era un planteamiento de todo o nada, como se puede ver: yo me acerco todo lo que puedo al barco enemigo y cuando estoy a la distancia adecuada, ¡zas!, echo toda mi tropa a bordo del barco enemigo y lo ocupo. Esperar y echar toda la tropa encima cuando estoy próximo. Frente a esta y a partir del siglo XVIII se fue imponiendo la denominada “guerra galana”, en la que prevalecía el duelo artillero a distancia sin llegar al abordaje. La tecnología artillera tuvo mucho que ver con esto, seguramente: la “guerra a la española” era eficaz ante la carencia de cañones de alcance, todo debía desarrollarse a distancias cortas, con arcabuces y espadas. La Royal Navy inglesa optó por una batalla más a larga distancia, más estratégica si quieren, porque tenían una técnica más desarrollada. Y ya conocen cómo destacaron los marinos ingleses en el dominio de los océanos. No tuvieron rivales durante muchas décadas.

El inteligente lector, o lectora, ya habrá deducido cuál es la estrategia escogida por nuestra inteligente y aguerrida izquierda en su batalla contra la derecha. Cuestión de estrategia y de artillería de alcance.

 

 

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