Y Rajoy bailando la muñeira

FOTO de JOSE LUIS ROCA

Por Francisco FLORES TRISTÁN

Los acontecimientos de la semana pasada han supuesto una crisis tan grave para el PSOE que amenaza con invalidarlo como uno de los instrumentos más importantes  y eficaces que ha tenido la Izquierda en este país desde hace casi siglo y medio.  Y todo ello ocurre en medio de una crisis general que afecta al conjunto del Estado y sus instituciones a su vez enmarcada en la crisis de la Unión Europea y que evidentemente ha tenido una incidencia importante en la propia deriva del PSOE.

Los factores que han provocado el enfrentamiento abierto entre los dos sectores tienen su origen en la incapacidad del partido para fraguar una alternativa sólida y creíble tanto al PP como a las nuevas fuerzas emergentes, en especial Podemos. En primer lugar tendríamos que recordar que, a pesar de los cuatro años de Gobierno del PP caracterizados por políticas laborales orientadas a bajar los salarios y facilitar el despido, por recortes antisociales en Sanidad y Educación, fuertes restricciones de las libertades individuales y múltiples casos de corrupción, además de la absoluta incapacidad para afrontar el problema de Cataluña, a pesar de todo ello los partidos de Izquierda, incluyendo en ella al PSOE, a Podemos e IU, han sido incapaces de alcanzar la mayoría parlamentaria tanto en las elecciones del 20 D (la suma de todos ellos suponía algo más de once millones y medio de votos, un 46,3%) como en las del 26 J (algo menos de diez millones y medio, un 43,7%). Esto significa que a pesar del coste de las políticas del PP para las clases populares y para las clases medias, los partidos de Izquierda no han logrado convencer a la mayoría de la población de que poseen alternativas eficaces contra las mismas. Y la consecuencia de esto es que las fuerzas de Izquierdas necesitaban, tanto en el Parlamento salido del 20 D como en el del 26 J del concurso de otras fuerzas de Centro (Ciudadanos) o nacionalistas (la mayoría de las cuales son también de centro, como el PNV o incluso de derechas, como la antigua Convergencia) para poder formar Gobierno.

Por ello no andan desencaminados los intelectuales y artistas que han firmado el famoso manifiesto abogando por un Gobierno de progreso formado o apoyado por PSOE, Podemos y Ciudadanos. Esta es la única fórmula eficaz de formar un Gobierno alternativo al PP o mejor podríamos decir “era la única fórmula eficaz”, lo era especialmente después de las elecciones del 20 D y antes del 26 J. Así pareció entenderlo también Pedro Sánchez en aquellas fechas cuando intentó negociar a la vez con CS y con Podemos. Pero aquel intento ya sabemos que fracasó por las reticencias de los “barones del PSOE” a entenderse con Podemos, a pesar de que la mayoría de ellos podían gobernar sus territorios gracias a alianzas con los mismos, por la resistencia también de Cs a pactar con esta formación política y creo que especialmente por el rechazo visceral de Podemos hacia Cs, las exorbitantes exigencias de los primeros en un hipotético Gobierno de coalición y los inoportunos gestos y declaraciones de Pablo Iglesias, irritantes para el PSOE, y que quizá respondían a un deseo inconfesado de repetir las elecciones en la creencia, que luego se demostró falsa, que en las mismas se produciría el “sorpasso” que situaría a Podemos como la principal fuerza alternativa al PP.

Pero el desencadenante último de la crisis del PSOE ha sido el resultado de las elecciones del 26 J y los acontecimientos posteriores. A mi entender tanto la dirección encabezada por Pedro Sánchez como la oposición de los “barones” han cometido graves errores que han desembocado en los sucesos de la calle Ferraz del pasado sábado. Seguro que los empresarios del Ibex y los medios de comunicación, singularmente El País, han influido en la crisis pero el desarrollo de la misma ha sido fundamentalmente responsabilidad, casi mejor decir “irresponsabilidad”,  de los dos sectores que se han disputado el poder en el PSOE. En primer lugar Pedro Sánchez ha mostrado una actitud errática en los últimos tres meses. Tras el fracaso de Rajoy en la investidura hizo continuas declaraciones equívocas en las que pareció postularse como alternativa para desmentirlo poco después a través de sus colaboradores quizá por temor a suscitar la irritación de los barones. Tras esperar un mes “mareando la perdiz” se decide, tras los malos resultados del 25 S en Galicia y Euskadi,  a intentar formar un Gobierno alternativo y convocar unas primarias exprés antes de finalizar octubre y un Congreso del partido en diciembre, fecha en la que podrían celebrarse las terceras elecciones.

Las fechas escogidas para estas decisiones no podían ser más inoportunas, incluso la del Congreso de diciembre, disparatadas. Si Sánchez quería intentar un Gobierno alternativo, lo cual es perfectamente legítimo y posible según la aritmética electoral aunque altamente improbable, debió haberlo intentado desde el día siguiente a las elecciones o, al menos, tras el fracaso de la investidura de Rajoy aprovechando su desprestigio tras haber tenido entretenido al país (parece que esto de “marear la perdiz” se nos da estupendamente bien en España) durante todo el mes de agosto mientras “meditaba en su retiro vacacional de Galicia” en la respuesta a las exigencias de Cs. El desprestigio de Rajoy además aumentó cuando al día siguiente de la investidura en la que acababa de prometer medidas contra la corrupción nos desayunamos con su propuesta de mandar al Banco Mundial al ex ministro Soria. Si había alguna posibilidad de formar un Gobierno alternativo, era ese el momento propicio, con Rajoy reculando y Cs irritado por el caso Soria. No habrían hecho falta muchos días para averiguar si era posible un Gobierno apoyado por el PSOE, Cs y Podemos (bastante improbable por lo sucedido antes del 26 J y por las reiteradas declaraciones de los líderes de Cs negándose a esta solución) o en su defecto un Gobierno apoyado por PSOE, Podemos y los nacionalistas en el que estos no pusieran como condición el referéndum.

Si estos intentos de Gobierno alternativo hubieran sido inviables, que es lo que considero más probable, la postura más lógica hubiera sido reunir a la dirección del PSOE para plantearle las dos únicas soluciones posibles: o ir a unas terceras elecciones o condicionar la abstención al PP a una serie de exigencias que podían ir desde la sustitución de Rajoy por otro candidato a, como mínimo, un cambio sustancial de lo más lesivo de la política del PP: derogación de la Ley mordaza, derogación de la última reforma del Poder judicial, paralización de la aplicación de la LOMCE hasta llegar a un consenso sobre la reforma educativa, derogación de la parte más lesiva de la reforma laboral, reforma fiscal y un compromiso de abordar la reforma constitucional para, entre otras cosas, buscar una solución al problema catalán.

Lo que no se puede perseguir es la cuadratura del círculo, decir que no se quieren terceras elecciones, ni tampoco un Gobierno alternativo, ni la abstención. Hay que escoger. La falta de valentía en plantear soluciones me temo que va a provocar la peor de las soluciones, la abstención gratuita, sin contrapartidas. Al equipo de Sánchez le ha faltado también sin duda capacidad negociadora. Es increíble, si es verdad lo que afirman los barones, al menos no ha sido desmentido, que Sánchez no se haya sentado a negociar con sus oponentes en el partido. El dibujo de un Parlamento cada vez más fraccionado exige mucha negociación. Y… ¿cómo se va a poder negociar con otras fuerzas si no se es capaz de negociar con tus oponentes dentro del mismo partido? La incapacidad para negociar culminó la tarde del último sábado cuando ante la falta de acuerdo sobre la votación secreta se inició una votación “a las bravas” que irritó incluso a partidarios de Sánchez como Pérez Tapias y Borrell. Esto provocó la “rendición” de Pedro Sánchez, la admisión del voto a mano alzada y la posterior dimisión tras perder esa votación.

Y si la actuación de Sánchez y su equipo ha sido torpe ¿Qué decir de la oposición de los barones? Son verdaderos expertos en “fontanería política”, es decir en controlar que todos sus delegados “sean leales”, que no se les escape ningún voto. La inmensa mayoría de esos delegados/as lo son por su “lealtad” al jefe, o (a la jefa) de su delegación. Por eso no se les escapa ningún voto; por eso hay “mayorías a la búlgara”… y por eso también declararon una guerra sorda a Sánchez al poco de salir elegido, como en su día lo hicieron con Borrell. Un candidato elegido por las bases se escapa a su control, sobre todo si sale díscolo como Sánchez. Como dice Javier Aristu en estas mismas páginas, y como ha dicho Borrell, lo primero que tiene que hacer el PSOE es abrirse a la sociedad. Un partido cupular, jerarquizado, en el que “el que se mueva no sale en la foto” quizá pudo ser útil en tiempos de clandestinidad pero es incapaz de enfrentarse a los retos del s. XXI. Entre otras cosas porque aleja a los dirigentes de la sociedad. Los cuadros le dicen al jefe lo que éste quiere oír. No hay comunicación, no hay ósmosis con la sociedad.

Pues bien, con toda la fuerza y el control que mantienen los barones en su respectivo territorio no fueron capaces de plantear ninguna alternativa al equipo de Sánchez. Salvo excepciones, como Fdez. Vara, han apoyado el “no es no” pero también han negado la posibilidad de buscar una alternativa de Gobierno (aquello de “con 85 diputados no se puede gobernar” de Susana Díaz) y también han rechazado las terceras elecciones, es decir la “cuadratura del círculo”. En el fondo estaban esperando que Sánchez se cansara y dimitiera tras el fracaso del 25 S. Lo que les dejó descuadrados fue la “huida hacia adelante” de Sánchez convocando primarias y Congreso, señal inequívoca de que no pensaba renunciar. Llegados a este punto, en lugar de plantear abiertamente su oposición en el Comité federal del sábado e incluso votar una moción de censura, prevista en los Estatutos, optaron por la solución más sinuosa, la del fontanero (o “fontanera”) que se mueve en alcantarillas, provocar la dimisión de Sánchez forzando la dimisión de 17 miembros de la Ejecutiva que suponía, tras la dimisión de otros dos hace tiempo y la muerte de Zerolo, que la Ejecutiva se queda con menos de la mitad de sus miembros. Pero como dijo Borrell, si esto hubiera sido un golpe lo habría organizado un “sargento chusquero” porque los Estatutos no dicen que, en esta situación cesa el Secretario General sino que el Comité federal debe convocar de inmediato un Congreso extraordinario. De ahí la resistencia de Sánchez. Va a resultar muy impactante en la opinión pública la forma tan chapucera con la que el aparato del partido ha acabado con el primer Secretario General elegido directamente por los afiliados.

En esta operación no ha faltado nada, ni siquiera la irrupción  del que se ha llamado a sí mismo  “jarrón chino” que, lejos de comportarse como tal, ha intervenido  en abierta hostilidad contra Pedro Sánchez revelando datos de una conversación privada que, aún pudiendo ser ciertos, supone una actitud desleal de una bajeza impropia de un ex secretario del partido. Imagino que nadie, a partir de ahora, tendrá la osadía de revelar ninguna confidencia a Felipe González.

Pero lo importante son las consecuencias de lo ocurrido. Al PSOE le va a costar bastante tiempo recuperarse del desprestigio entre sus electores y de la desmoralización de sus militantes. Diremos que ha sido una victoria pírrica en la que los vencedores han arrostrado graves pérdidas. Alguno podrá pensar que los partidos son instrumentos, que cuando dejan de ser útiles, son sustituidos por otros. Pero creo que el vacío que puede dejar el PSOE no va a ser rellenado fácilmente por Podemos, la otra gran fuerza de Izquierdas. Algunos dirigentes de Podemos no han ocultado su deseo de emular a Syriza y “pasokizar” al PSOE. Pero ni Podemos es Syriza, ni Iglesias es Tsipras. Mientras Podemos tenga al frente a un dirigente que se jacta de “dar miedo” la mayor parte de los votantes desencantados del PSOE van a preferir abstenerse a votar a Podemos. Quienes probablemente  no se van abstener van a ser los votantes del PP convenientemente asustados por sus dirigentes ante la amenaza roja. Mucho me temo que si hay terceras elecciones el PP va a aumentar su representación, espero que no hasta la mayoría absoluta, haciendo buena la viñeta del gran Forges que describía a Rajoy “bailando una muñeira” al anunciarle las noticias del Comité federal del PSOE.

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