Un periódico y un partido

Por Javier ARISTU

Un amigo me agradece desde Barcelona que le mantengamos informado de los sucesos andaluces y socialistas. El amigo es andaluz de Cádiz, gente sabia como la que más, pasado por las aulas universitarias de Sevilla en los años setenta del pasado siglo y, desde entonces, afincado en Cataluña. Uno de esos catalufos, o andalusos, que tuvieron que emigrar a las tierras entre el Besós y el Llobregat para ganarse la vida. Él me pone al día de lo que pasa por allí, de las cuitas independentistas, y yo trato de actualizar sus saberes sobre esta tierra de maría santísima. No sé si, de todos modos, lograremos entre los dos captar toda la sutileza e ingenio con que se está desarrollando el actual proceso de crisis en el PSOE. En mi anterior entrada bosquejaba un análisis de la situación actual. Conforme han pasado las horas esta se complica y endurece en vez de flexibilizarse, por lo que no parece claro que vaya a haber una pronta y, sobre todo, buena solución.

En dicha entrada hablaba del factor S por referencia a Susana Díaz, la secretaria general del PSOE andaluz y presidenta de la Junta. En ella está concentrada en este momento la mayor densidad de masa que ha generado la tormenta. No es que Pedro Sánchez no tenga responsabilidades —que las puede tener y grandes al haber favorecido una estrategia de ambigüedades en política de alianzas y de enrocamiento orgánico—; ocurre que con otra secretaria general andaluza y con otro talante de partido andaluz seguramente no se habría llegado a este límite. La aparición en televisión, ayer, de las dos personas que secundan y ejecutan las decisiones de Susana Díaz (Verónica Pérez y Antonio Pradas) ha dejado nítido y claro el perfil del partido socialista de Andalucía. Esto es lo que hay. La dinámica impulsada por la máxima dirigente socialista ha sido, desde el primer día, llegar hasta arriba, ocupar el máximo sitial que representa el poder dentro del partido socialista y, en consecuencia, optar a la presidencia del gobierno español. Ni más ni menos.

Sorprende, por tanto, el editorial de El País de hoy mismo en que dice textualmente: «Como señaló ayer Susana Díaz, la prioridad debe ser restaurar la unidad interna, recuperar la memoria y el legado de los Gobiernos de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero y reconstruir un proyecto político autónomo tanto frente a la derecha como a las injerencias de Podemos.». En un párrafo tan breve no se pueden expresar tantas incoherencias. Veámoslas.

Susana no puede personalizar la unidad del partido socialista al ser, precisamente ella, la que ha impulsado desde hace tiempo la estrategia de enfrentamiento con el secretario general, la que ha hecho estallar la bomba de las famosas dimisiones de los miembros de la Ejecutiva. En alguna información de prensa se cita expresamente al gabinete de la Presidencia la Junta de Andalucía , y a su jefe,  como cuartel general de la insurrección. No soy yo, lego en asuntos del PSOE quien lo dice, es precisamente uno de los cargos institucionales más representativos de Andalucía, el alcalde de Dos Hermanas Francisco Toscano quien dice: «en el PSOE andaluz “no se mueve una mosca orgánica sin la anuencia de Susana Díaz”» Y añade: «Susana es una experta en operaciones como la emprendida contra Pedro Sánchez, es decir en “cargarse las ejecutivas». Proclamar, como dice el periódico de Prisa, que Susana ha propugnado la unidad, o que ella es factor de unidad, es sonrojante.

«Recuperar la memoria y el legado de los Gobiernos de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero» es otra afirmación cuanto menos irónica. Que el editorialista siga proclamando por los cielos a Felipe González no desmiente lo que ha venido haciendo en las últimas décadas, casi desde la fundación, El País; pero que a estas alturas el medio de Prisa proclame el valor de la gestión de Zapatero tiene que ver más con el sarcasmo que con la objetividad. Todo vale, incluso utilizar al antiguo enemigo Zapatero, para derribar a Pedro Sánchez. Además, seguir usando los precedentes de González y Zapatero como modelos de partido y de gobierno para el día de hoy es no enterarse de lo que está pasando en Europa y en España, y de lo que ha sucedido aquí desde 2008.

Y, el remate del tomate, hablar de que el PSOE tiene que «reconstruir un proyecto político autónomo tanto de la derecha como de Podemos», dicho por un medio que está dominado y controlado por bancos y grupos financieros internacionales no sé cómo denominarlo. Leer en estos últimos meses los editoriales de este periódico produce vergüenza ajena por la desfachatez con que analiza la realidad política y social española —no hablemos de la internacional, especialmente la latinoamericana— y por el descaro en la defensa de los intereses de sus propietarios. Lo que realmente busca El País es reconstruir el viejo modelo del consenso bipartidario, un reparto de papeles entre PP y PSOE que permita, en el fondo, realizar una política que a quien beneficie sea precisamente a los grupos financieros que andan tras la cabecera del periódico. No creo, desde luego ese no ha sido el comportamiento de Sánchez, que el hasta ahora secretario general socialista haya propugnado un proyecto dependiente de Podemos. Hemos visto  cómo ha tratado de montar un proyecto de gobierno alternativo o disyuntivo al del PP. Seguramente se ha equivocado en jugar con pocas cartas y en un terreno muy limitado. Posiblemente le ha faltado ambición estratégica y mirada larga como para haber hecho propuestas más allá del simple acuerdo PSOE-Ciudadanos. Pienso que la situación española, en el invierno y en la primavera pasada, propiciaba propuestas más allá del simple acuerdo parlamentario (los famosos 176 escaños de la mayoría) y tendentes a implicar a fuerzas sociales y cívicas que hicieran posible acumular una “fuerza de convencimiento” capaz de desalojar al PP del gobierno y abrir un, seguramente corto, periodo de regeneración y saneamiento de media docena de asuntos públicos. Pedro Sánchez, y el PSOE en su conjunto, no fue capaz de ello, manteniéndose en un «No es No» que no abría posibilidades constructivas. Pero la alternativa de Susana Díaz, siguiendo la estela del “padre” Felipe González, era peor: dejar que siguiera gobernando el PP prolongando de este modo el sufrimiento nacional y pensando que en las trincheras de la oposición (¿oposición?) se podría regenerar el partido, a su horma y a su molde, el de Susana Díaz.

Hoy estamos donde estamos. La solución a este engorro es difícil, compleja y posiblemente tortuosa. La experiencia me dice que nunca este tipo de conflictos partidarios se han resuelto con “más unidad”; al contrario, las soluciones han solido ir por dos caminos, o bien el de la derrota de un bando que tendrá que irse a su casa o buscar acomodo en otros lares; o bien, la división del partido en dos grupos distintos y antagónicos. La experiencia europea de los dos últimos decenios está repleta de ejemplos de división y recomposición de partidos socialistas. ¿Por qué va a ser el PSOE la excepción?