La insidiosa “estabilidad” de la derecha

Por Carlos ARENAS POSADAS

Como tantos otros millones de españoles no estoy al corriente del curso político después del 25 J (fecha arriba fecha abajo). Eso sí; en los últimos días me resuenan, al oír los “partes”, como el estribillo de una canción mil veces repetida, las voces que van desde Rajoy al complejo PRISA, que repiten que este país necesita “estabilidad”, certidumbre, ausencia de aventuras discordantes para asentarse en la normalidad de las instituciones y valores afines a la Europa del día de hoy.

Los que nos hemos dedicado a estudiar la historia como instrumento de análisis sabemos de sobra lo que ha significado y significa la “estabilidad” política en España; a saber, el respeto al orden social, al “orden público” que satisfaga los intereses y valores inmarcesibles de las elites en el poder.  La estabilidad es siempre de derechas, la izquierda, por principio, es sinónima de caos.

El Estado español es, casi, un Estado fallido, porque ha sido usufructuado por las distintas corporaciones que han fabricado nuestra nación: antes el ejército y su destino en lo universal; la iglesia, la gran zorra que se nutre del trabajo ajeno; ahora, esas mismas, y otras que se han añadido al festín: la banca y las empresas del IBEX-35 que marcan el compás, el sistema educativo y las universidades que vegetan, la magistratura que ignora y, por qué no, aquellos partidos políticos que funcionan como minorías extractivas para alimentar sus tecno-estructuras.

En el debate de investidura de estos días, Rajoy vuelve a recordarnos que la “estabilidad” es necesaria para asegurar la “sociedad de socorros mutuos”, que decía Ortega, formado el aglomerado bancario-militar-patronal-eclesiástico-político;  por eso urge al PSOE a que siga siendo fiel a un sistema de privilegios corporativos en peligro.

Es realmente obsceno que todavía a la altura de 2016 nos quieran identificar estabilidad política y privilegio; en el pasado, los escasos intentos de subvertir la estabilidad del sistema pluri-corporativo fue cortado de raíz por golpes de Estado; quizás, de momento, no haga falta pues todo podría volver a su “cauce” con una terceras elecciones el 25 de diciembre.

Toda la estabilidad para las elites; todas las incertidumbres para las clases populares;  al fin y al cabo, en la derecha española aún pervive la idea medieval y racista de que el tercer y cuarto estado bastante tienen con sobrevivir a duras penas de las migajas que caigan de la mesa de los ricos,  con esperar el goce de la vida eterna o con admirar cómo la clase ociosa se divierte en los reportajes de la televisión basura.

La estabilidad que por encima de todo invoca Rajoy y de la que quiere hacer partícipe al PSOE se nutre de la incertidumbre que provoca el paro, el empleo precario, el futuro de las pensiones, de la educación  y de la libertad de los españoles. Atrapado entre la fidelidad al sistema y la ruptura con el sistema de privilegios, el PSOE está catatónico, indeciso entre aquello que le interesa como tecno-estructura y aquello que pueda contribuir a cambiar las reglas del juego elitista, a dar certidumbres a la mayoría de españoles.

En definitiva, en el parlamento y en la calle, solo corresponde hacer y esperar respuesta a una pregunta: ¿estabilidad para quién?

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