Se busca una izquierda posibilista

Foto: Lucas Reiser

Por Paco RODRÍGUEZ DE LECEA

Anabel Díez firma en la sección de Política de elpais un artículo titulado «El PSOE y Podemos cierran las puertas a entenderse aunque fracase Rajoy». No parece que se trate de especulación ni de intoxicación; los hechos que se narran, en particular el cruce de insultos entre algunos diputados en el acto solemne de constitución de las cortes, son tan penosos que renuncio a transcribirlos. Las dos formaciones siguen con los puentes levadizos alzados, y sin la menor intención de bajarlos. Ahora todo se reduce, pues, a un pulso para ver quién capitanea las tareas de oposición durante la próxima legislatura. Si eso es hacer política, que venga Togliatti y lo vea.


Existe otra izquierda, sin embargo. Algunos opinantes consideran que Pablo Manuel Iglesias y las Mareas son una cosa y la misma. Error equivalente a decir que son lo mismo la ola de fondo y la espuma que la corona. Iglesias ya ha dado de sí, probablemente, todo lo que podía dar en política; mientras la fuerza de las mareas se consolida en las ciudades rebeldes, a la espera aún del momento de dar el salto – el de verdad – a la política nacional.

Es ya dolorosamente evidente que Iglesias no es un político sino un líder mediático, que baraja los programas y los resetea continuamente en busca de un titular de prensa; que se siente a gusto en las campañas electorales, pero no en el día a día laborioso que exige la puesta en práctica de un proyecto de cambio con cara y ojos. La torpeza inicial de igualar bajo el mismo rasero de la “casta” a populares, socialistas y comunistas, desde la idea de que la correlación de fuerzas es algo tan etéreo que puede transmutarse a golpe de entrevistas en los medios, se ha ido agravando por la pertinacia en no elegir entre amigos y enemigos y empeñarse en mantener abiertas todas las opciones, que es tanto como bloquearlas todas. Iglesias parte de la idea de una “gente” transversal que no es de derechas ni de izquierdas, sino de Iglesias. Si la primera bofetada de la realidad no le ha bastado para recapacitar, no tardará en recibir la segunda.

Del lado del PSOE, se percibe un desconcierto fenomenal. Sigue instalado en la perspectiva de 2006, en la gestión prudente de lo existente cuando lo existente ya no existe, en la necesidad de sacrificios en aras de un estado del bienestar que se fue para no volver, en la confianza del buen entendimiento con una Unión Europea de tinte socialdemócrata en la que los Almunia y los Solana no tienen ya voz, ni peso, ni repuesto. El PSOE ha cerrado los ojos a los efectos del terremoto profundo desencadenado a partir de la quiebra de Lehman Brothers en 2008: a los rescates bancarios, al endurecimiento de la gobernanza europea, a las imposiciones de cambios constitucionales nocturnos y de tapadillo que su propio líder Zapatero se encargó de implementar. Hoy sigue empeñado en un pulso desigual con una derecha que alinea en su campo a todos los poderes fácticos, y sigue rechazando incorporar a ese pulso a las fuerzas reales situadas a su izquierda, con lo que el resultado está cantado.

Da igual, el PSOE sigue soñando con un vuelco del electorado a su favor; con las posibilidades de su cogollito de abrirse paso en un universo hostil. Sin cambiar de programa, sin cambiar de discurso, sin modificar su política de alianzas. Solo por imagen y por prestigio, cuando la imagen aparece empobrecida con cada nuevo resultado electoral que vuelve a ser, una y otra vez, el peor de su historia; cuando el voto joven ignora de forma consistente sus candidaturas, y el viejo prestigio se aproxima aceleradamente a la irrelevancia en casi toda la geografía peninsular.

Con este par de fuerzas, el Podemos vertical y el PSOE de las baronías rampantes, no se va a poder desalojar a la derecha de sus casamatas. Se busca una izquierda nueva, imaginativa, flexible, cooperativa, solidaria. Y sobre todo, posibilista.

[Publicado originalmente en Punto y Contrapunto, el blog del autor]