Europa: otra vez

Foto: Rareclass

Por Javier VELASCO MANCEBO

Después del Brexit es obligado enfrentarse a  algo que lleva pendiente desde muchos años atrás: la definición de una nueva organización institucional con el objetivo de dar estabilidad, equidad y eficacia al conjunto de países pertenecientes a la Unión Europea, sobre todo a los integrados en el euro.

Natixis es una empresa financiera, fundamentalmente orientada a la inversión industrial, que tiene una excelente página de investigación económica. En sus comentarios “flash” del 29 de junio desarrolla una serie de ideas enfocadas a imaginar una nueva organización institucional para evitar el desbordamiento e implosión de la  actual Unión. Curiosamente, sus propuestas pueden ser asumidas por la izquierda, si esta deja de preocuparse de hacer política sobre la política.

¿Cuál debería ser el futuro de la Unión? Tres grandes temas estructuran  las posibles vías a seguir.

  1. Es importante que, para los países de la zona euro, se incremente la dosis de federalismo, no con el objetivo de que haya más o menos poder arriba o abajo sino para evitar la divergencia, cada vez mayor, entre los niveles de renta de dichos países del euro. Es decir, mayor cohesión a través de mayor unión federal.
  1. El federalismo solo puede ser útil si va unido a un trabajo de identificación de la aplicación del principio de subsidiariedad, algo ya enunciado en 1987 por Schioppa y Krugman. Eso pasa por el análisis de las externalidades de cada política común; quiere decir que hay que conocer el impacto que tienen las medidas políticas, sociales y económicas de cada país sobre las actividades de los otros países. Esto exige identificar a qué nivel (europeo, nacional, regional) impactan, cuanto y cómo, las políticas sectoriales y qué reglamentaciones son más eficaces y cohesivas ante esos impactos. Ni que decir tiene que, en el caso de España y sus regiones, este debería ser el criterio de reparto de competencias, algo que está lejos de los análisis federalistas españoles.
  1. En algunos sectores (militar, tasa sobre las transacciones financieras, energía, sistemas de protección social, investigación) se puede considerar una “Europa a la carta”, pero con cooperaciones reforzadas para conseguir una convergencia en el futuro.

Estos tres objetivos, moderados, sin embargo tienen fuertes vientos en contra de su realización:

  1. El federalismo tiene una fuerte oposición en la mayoría de los países, empezando por Alemania
  1. La Unión Europea no ha sido capaz, o no ha querido, definir correctamente, en base a la aplicación del principio de subsidiariedad, a qué nivel se tienen que establecer las competencias políticas. De hecho, muy poca gente conoce qué es el principio de subsidiariedad (incluidos los analistas de izquierdas) y su importancia radical en la preservación de la Unión y en su progreso; cada vez que se habla de él, se le identifica con las luchas de poder nacionalista o con interpretaciones jurídicas irrelevantes. No obstante, es la vertiente económica, social y territorial la que hace fundamental el principio. A partir del momento que las nuevas tecnologías se aplican a la actividad humana se produce algo que hace difícil la competencia y por eso es crucial la reglamentación a nivel europeo. Las nuevas tecnologías llevan a la centralización del poder económico por el camino de las economías crecientes de escala; ahí es donde son inútiles los esfuerzos nacionales para luchar contra la concentración y contra sus efectos: la desigualdad individual y territorial. El sentido de la Unión, como primer paso, es evitar esos efectos, que tienen como consecuencia el aumento de países que, apoyados en demagogos, y basándose en las divergencias de niveles de renta cada vez mayores, provocan crisis políticas proponiendo irse de Europa o de sus propios países.
  1. Las cooperaciones reforzadas entre países o grupos de países no pueden tener el desorden actual con grupos de países diferentes en cada tema y reunión; tienen que tener un orden y un objetivo: la convergencia.

Para resumir, la estabilidad y el progreso de la Unión en estos momentos difíciles  imponen los siguientes pasos:

  1. Para los integrantes de la zona euro, una dosis suficiente de federalismo. Esto obligará a discutir a cada país de manera paralela.
  2. Ese federalismo deberá estar fundamentado en el principio de subsidiariedad, que viene a decirnos: el poder de decisión se situará en el nivel más eficaz para el conjunto de los países integrantes. En el caso español, no se podrá eludir este requisito previo antes de identificar la distribución de responsabilidades en España. Es evidente que cualquier decisión política debe ir avalada por una análisis serio del impacto negativo o positivo de cada política en territorios que rebasan el lugar de esa toma de decisión. El derecho a decidir nacional puede derivar en políticas injustas y desestabilizadoras en otros países y territorios.
  3. Hay que conseguir posiciones únicas en política exterior (seguridad, medio ambiente, comercio…)
  4. Hay que tener una dosis de Europa a la Carta porque no todo el mundo está en las mismas posiciones de partida. Eso sí, se tienen que ir elaborando herramientas que conduzcan a la convergencia

 

 

 

 

 

 

 

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