Sorpasso y Programa común

Foto Teo Ruiz

Por Javier ARISTU

Desde hace días sigo las vicisitudes en el campo de “la izquierda” tendentes a configurar una candidatura unitaria con un programa común aunque compatible con que cada cual lleve además sus propias demandas y señas de identidad. Cosa que, modestamente, no termino de entender. ¿Programa común o programa forfait?

Las cosas han venido como han venido y no toca lamentarse ahora. Tampoco creo que estén las campanas sonando a mañana de gloria cuando atisbamos un 26 de junio cargado de temores a una abstención que, se pongan como se pongan, afectará sobre todo al voto de las candidaturas de “la izquierda”. Algunos, mejor, muchos, advertimos y advirtieron del error de no configurar un gobierno tras las elecciones de diciembre. Pero, repito, no es hora de lamentos sino de previsiones o miradas al futuro.

Amigos en los que confío sugieren a “los profetas desarmados” de IU y de Podemos que dejen el debate sobre la conveniencia o no de un acuerdo Podemos-IU para después de las elecciones del próximo 26 de junio. Es como decir “esto no hay quien lo pare” y, pase lo que pase, esto era inevitable y, por tanto, esperemos a los resultados…para atizar candela o para saldar cuentas. No voy a ser yo, aunque no sea profeta, de los que no hagan caso a la venerable voz del amigo y prometo que no hablaré en estas semanas de ese posible acuerdo. Solo el 27 de junio teclearé de nuevo y daré entonces mi opinión tras los resultados. Mientras tanto, el silencio, que ni es asentimiento ni discrepancia.

Otros amigos en los que también pongo mis oídos lanzan por Facebook un llamamiento a votar, como sea y en la candidatura que sea a IU. Nos dicen: “No coincido con todo lo que el programa de IU plantea, pero no hay alternativa mejor para alguien de izquierdas. Es una organización imperfecta, pero nadie puede negar su coherencia y su absoluto compromiso con los ciudadanos y ciudadanas, con los trabajadores y trabajadoras, y los que peor lo están pasando.” Es una voz de los callados y sufrientes militantes de esa formación que vienen asistiendo desde demasiado tiempo a un festival de incoherencias y contradicciones. Es esa militancia de oro de la que tanta se habla ahora pero de la que otras tantas veces sus dirigentes se olvidan a la hora de orientar los programas.

Sea como sea, ya digo que no voy a hacer de profeta ni voy a hablar para entorpecer nada. Tiempo habrá de reflexionar y de evaluar las opciones que se están tomando en estos días y las metodologías aplicadas para alcanzar esos objetivos. Pero antes de callar recordemos algunas pocas cosas, si no para profetizar sí al menos para hacer memoria.

  1. Como decía Marx en su carta a a Wilhem Bracke propósito del programa socialdemócrata de Gotha: «Cada paso de movimiento real vale más que una docena de programas». O, como dice nuestro refrán, no por mucho madrugar amanece más temprano. Los procesos sociales no dependen, en su gran mayoría, de las vanguardias políticas ni de sus iniciativas; los procesos de cambio responden a leyes más profundas que los simples acuerdos entre cúpulas políticas. La oportunidad de los cambios políticos depende de la convergencia de esa corriente social de fondo y la capacidad de interpretar y convertirla en programa mayoritario. ¿estamos en esa fase? Me temo que no…
  2. El PSOE ni va a desaparecer ni se va a recomponer automáticamente. Es una formación lo suficientemente anclada en la sociedad española como para resistir; pero, a la vez, es una formación que sufre en estos años una crisis radical de proyecto. Acabado el ciclo de la modernización y la adaptación social española a los parámetros de Europa, debilitado el proyecto de un estado de bienestar financiado con el estado fiscal que hemos conocido en el pasado, toca ahora al PSOE, a la socialdemocracia, refundar un proyecto de sociedad y de país para el que no parece disponer de los mimbres. El gran error sería creer que incrustando en la dirección federal una personalidad, un liderazgo y un estilo fuerte de gobierno del partido va a solucionarse ese problema de proyecto.
  3. No me parece que estemos abocados, a una alternativa de izquierda tras el 26J. Ni lo fue el 20D ni lo va ser en junio. Ese proyecto de alternativa de izquierda (aunque sea a la valenciana) es incorrecto y falso. No hay impulsos suficientes en la izquierda española como para construir un bloque de fuerzas sociales, políticas y parlamentarias capaz de derrotar a la derecha e imprimir un proceso de cambios irreversibles en lo social, lo laboral, lo económico y lo institucional. La sociedad actual española ha venido incubando en su interior procesos de cambio y de mutaciones cuyos resultados, en lo político, están a la vista. No podemos afirmar que la reestructuración de la sociedad española haya ido solo en la línea del progreso y de la izquierda; es una sociedad mucho más compleja y diversificada que lo fue en el pasado. Me parece por tanto que, a pesar del desprestigio que para algunos puristas pueda tener la palabra, la única opción sensata y coherente para imponerse a la derecha gobernante en España es plantear un programa de centro izquierda que sea capaz de reunir no solo a la autodenominada izquierda sino a segmentos de las nuevas clases medias aglutinadas en torno a Ciudadanos u otras fuerzas autonómicas de ese calibre. Como dice en su interesante reflexión Manuel Rico y que recomiendo vivamente: «lo que precisa la política española es, más que un pacto de izquierdas, un pacto desde la izquierda que vaya más allá de la izquierda». Ello quiere decir, por tanto, enterrar el viejo paradigma de una izquierda sesentayochista y verbalmente radical que hoy por hoy domina el discurso de la alternativa.
  4. De ahí que sea erróneo proyectar el encantamiento de la gente de izquierdas a través del mensaje de un sorpasso dentro de la izquierda. El único sorpasso que podría significar dar ánimos al pueblo de la izquierda es sobrepasar en votos al PP y a la mayoría parlamentaria de centro derecha. Y todo ello con un programa de mínimos que incluya medidas en asuntos claves como, por ejemplo: una política de negociación y diálogo con las autoridades europeas capaz de encontrar un terreno aceptable para la deuda del estado, la financiación de programas sociales y los compromisos de España con la UE; un acuerdo básico para reformar la Constitución en aspectos como la cuestión territorial por vía federal; una plataforma de consenso entre gobierno, fuerzas políticas y agentes sociales capaz de sacar adelante un plan económico y de intervención social que ayude a luchar contra la pobreza, la desigualdad y el paro. Y otras cuantas medidas más.

Parece que las cartas están ya echadas y que poco se puede hacer para cambiar el curso de los acontecimientos. O, a lo mejor, resulta que sí, que el pueblo soberano puede decidir y con su voto cambiar el curso de las cosas.  El próximo 26 de junio asistiremos de nuevo a otra jornada histórica donde el pueblo español se juega la posibilidad de avanzar o de retroceder. Nada está cerrado y todo está por cambiar. Como decía el historiador E.P. Thompson «la  historia  permanece  siempre  sin  resolver,  es  como  un  campo  de  posibilidades  inacabadas  que  queda  tras  de  nosotros,  con  todas  sus  contradicciones y  con  todas  sus  renuncias,  y  somos  nosotros,  actuando  en  el  presente,  los que  hemos  de  volver  atrás  para  rechazar  algunas  posibilidades  y  dar  apoyo y  empuje  a  otras».

Y aquí me callo yo, hasta que hablen las urnas.