Alea jacta est

Foto Romina Campos

Por Francisco FLORES TRISTÁN

Alea jacta est. La suerte está echada o casi echada y no parece que haya nada que pueda evitar una nueva convocatoria electoral especialmente tras el referéndum interno de Podemos. Cuando han pasado ya casi cuatro meses desde las pasadas elecciones y estamos a punto de una nueva convocatoria quizá sea conveniente recapitular brevemente lo ocurrido.  Durante las últimas semanas la argumentación central del PSOE, pivote en torno al cual han girado todas las posibilidades de pacto, ha sido la de que no es posible un Gobierno de izquierdas (a la valenciana en términos de Podemos) porque la izquierda no suma más que con el apoyo o la abstención de fuerzas nacionalistas con las que es imposible pactar por sus exigencias soberanistas.  Pero si repasamos un poco lo ocurrido desde diciembre da la impresión que ésta no fue la posición inicial del PSOE, o mejor dicho, del equipo dirigente encabezado por Pedro Sánchez. Los indicios iniciales llevan a pensar que esta idea del “Gobierno a la valenciana” rondaba en las cabezas del equipo de Sánchez. ¿Por qué  si no el PSOE facilitó la creación de grupos en el Senado a los nacionalistas catalanes cediéndoles diputados? ¿No buscaban algo a cambio? Recientemente hemos sabido de la entrevista secreta entre Sánchez y Junqueras; no hay que ser un lince para pensar que Sánchez trataba de sondear una hipotética abstención de los nacionalistas en la investidura. Si esto fuera así ¿Qué habría hecho cambiar la perspectiva por parte de Sánchez y su equipo? Intuyo que fueron sobre todo tres elementos. Por una parte la presión contraria de los “barones” del PSOE encabezados por Susana Díaz. Pero Sánchez ya contaba con esta oposición. La mayor parte de los comentaristas atribuyeron el anuncio de Sánchez de someter el posible pacto a una consulta de las bases socialistas a un elemento potente de presión sobre los barones en el caso de una oposición de estos a un hipotético pacto de izquierdas.

Más importantes sin duda fueron otros obstáculos, en primer lugar el de la férrea negativa de los dos grupos nacionalistas catalanes no ya a un voto afirmativo sino ni siquiera a la abstención si no se concedía a cambio un referéndum soberanista. Incluir un referéndum soberanista en ese momento de la investidura hubiera supuesto un grave riesgo de quiebra interna en el partido socialista. Pero lo que ha dinamitado las posibilidades  de un pacto entre las izquierdas ha sido sobre todo la actitud de Podemos durante el proceso de “negociación”. Se ha dicho muchas veces pero hay que recordarlo una vez más que la rueda de prensa de Iglesias postulándose como Vicepresidente con amplísimos poderes que incluían el control de los servicios de inteligencia y proponiendo además a determinados dirigentes de Podemos en los ministerios principales se parece más a un torpedo en la línea de flotación del PSOE que a una propuesta de negociación seria. El efecto de ese anuncio era descolocar a Sánchez ante sus barones y a todo el PSOE ante la opinión pública que hubiera interpretado un pacto sobre esas bases como una entrega incondicional de Sánchez ante Iglesias.

A partir de ese momento la línea de la dirección del PSOE prioriza la negociación con Cs intentando al mismo tiempo una especie de cuadratura del círculo, a saber, un pacto a tres con Ciudadanos y Podemos o una hipotética abstención de Podemos a un Gobierno del PSOE apoyado por Cs.  Una vez descartado el voto favorable o la abstención de los nacionalistas no parecía quedar otra opción que negociar con el partido de Rivera. En otras circunstancias hubiera sido bastante plausible un Gobierno a tres; y no hay que remontarse a la Transición, simplemente no hay más que mirar como hoy mismo en Grecia un partido que podría homologarse con Podemos, como Syriza, gobierna en coalición con un grupo mucho más a la derecha que Cs como es ANEL. Pero con los mimbres que tenemos actualmente en España tal tarea ha resultado imposible. Podemos empezó negándose a sentarse conjuntamente con CS lo que obligó al PSOE a negociar en mesas distintas con Cs de un lado y con Podemos, IU y Compromís por otro. Tras el acuerdo firmado con Cs el PSOE siguió intentando conseguir algún tipo de acuerdo con Podemos y otras fuerzas de izquierdas con resultado nulo, lo que dio al traste con la investidura de Sánchez. Pero es que la tensión no hizo más que incrementarse durante el debate de investidura con la intervención de Iglesias aludiendo a los peores episodios de la “guerra sucia”  de la época de Felipe González. ¿A qué venía aludir a esos episodios de hace casi 30 años, época en la que los actuales dirigentes socialistas estarían todavía estudiando en el Instituto?

El último desencuentro se ha producido hace una semana. Por fin las tres principales fuerzas, Podemos, PSOE y CS accedieron a reunirse juntas pero la negociación duró un solo día. Argumentando que CS rechazaba todas sus propuestas, Podemos abandonó la negociación anunciando un referéndum  a sus bases. Tanto este referéndum como el anterior del PSOE no han contribuido en absoluto a prestigiar los instrumentos de Democracia directa. En el caso del PSOE la pregunta era ambigua y abierta pues se pedía a los militantes que opinaran tanto sobre el pacto ya firmado con Cs como sobre otros “posibles” en ese momento inexistentes.  En el de Podemos no se presentaban todas las opciones posibles, como un Gobierno a tres o la abstención de Podemos. El resultado final de este último es imposibilitar en la práctica cualquier salida que no sean unas nuevas elecciones.

¿Qué balance se puede ofrecer de todo este proceso de negociación? Del PSOE se puede decir cualquier cosa menos que no lo ha intentado. Muy probablemente impelido por el hecho de que Sánchez y su dirección se juegan también su puesto en la misma  pero el caso es que han hecho todos los esfuerzos posibles para llegar a un acuerdo tanto con Cs como con Podemos. Respecto a Cs está claro que nunca les ha gustado un pacto con Podemos; su carácter de centro-derecha les ha llevado a buscar más un pacto que incluya al PP. Eso sí, un PP sin Rajoy despojado al menos de las caras más visibles de la corrupción. Pero en cualquier caso no se han levantado de la mesa y han aguantado con desgana los intentos del PSOE de llegar a acuerdos con Podemos. No sabemos qué habría hecho si se hubiera llegado a acuerdos serios con Podemos. Pero en el caso de Podemos la sensación que transmiten es que no han tenido nunca un verdadero interés por negociar y llegar a acuerdos. De sus dirigentes se podrá decir cualquier cosa menos que no son inteligentes. Por ello me inclino a pensar que su actuación obedece a una estrategia meditada y pensada por Iglesias y el núcleo duro de Podemos para priorizar el objetivo del “sorpasso”, de situarse como primera fuerza de izquierdas. De ahí las continuas acusaciones al PSOE de situarse en la Derecha, de preferir la alianza con la nueva Derecha de CS a la llamada estrategia del 161 (aludiendo a la suma de diputados del PSOE, Podemos e IU; por cierto que nunca explican cómo conseguirían los 15 votos que faltan para la mayoría absoluta). El único verso suelto que podía obstaculizar esta estrategia en Podemos, Íñigo Errejón, que cada vez recuerda más a Bujarin,  ha sido neutralizado con la destitución de Sergio Pascual, con la nueva alianza de Iglesias con la antigua ala radical de Echenique y Teresa Rodríguez y con el resultado de la consulta interna que siempre se podrá esgrimir contra los críticos (hemos hecho lo que la militancia ha aprobado abrumadoramente).

Aunque las encuestas de momento no le sean favorables es posible que esta estrategia magistralmente llevada por Iglesias tenga éxito y Podemos se sitúe tras las inevitables próximas elecciones como primera fuerza de la izquierda (recordemos que antes de las pasadas elecciones las encuestas también situaban a Podemos como 4º fuerza). Pero, en el mejor de los casos ¿qué se conseguiría con esto? ¿Aspira realmente Iglesias a encabezar un Gobierno de izquierdas tras las elecciones? La fuerte desviación del déficit, creo que propiciada por el PP antes de las elecciones de diciembre, dibuja un panorama nada halagüeño para cualquier gobierno que se forme tras las elecciones de junio. Mucho me temo que este Gobierno tendrá que negociar a cara de perro con la UE el aplazamiento de los objetivos de déficit y,  si tal Gobierno fuera de izquierdas, se vería obligado, como le ha ocurrido y le sigue ocurriendo a Tsipras en Grecia, a aplazar gran parte de su programa de reformas y a tomar medidas impopulares.  Me parece más que dudoso que Iglesias haya planteado esta estrategia para “quemarse” en un Gobierno con graves dificultades económicas. Da la impresión que la opción más probable tras las elecciones, un Gobierno del PP y Cs, o quizá una gran coalición PP, Cs y PSOE, que implicaría desde luego la sustitución de Pedro Sánchez y probablemente también de la de Rajoy no sería una opción indeseable para Pablo Iglesias y su equipo,  pues dejaría a Podemos liderando la oposición. Los cielos pueden esperar su asalto 4 años más. Lo que no sé es si los problemas de los trabajadores, de los emigrantes, de los jubilados, los conflictos territoriales pueden esperar otros 4 años. Me da la impresión que es demasiado tiempo. Una cosa es clara: Cuando se disuelvan las Cortes decaerán las iniciativas ya planteadas en este momento en el Congreso de paralizar la LOMCE, de derogar la Ley mordaza, reformar el voto rogado  y aprobar la llamada Ley de emergencia social propuesta por Podemos y apoyada por el PSOE y otro partidos. Todas estas iniciativas tendrán que esperar a después del verano o sencillamente no se volverán a plantear.