Vista larga

Kyle Canyon Road. Foto: Nicola

Por Javier ARISTU

Los procesos políticos son a veces costosos, sinuosos y complejos. La política no es precisamente unas matemáticas de primaria; al contrario, está repleta de ecuaciones y problemas de gran dificultad. Por eso es, sencillamente, un auténtico arte… dispuesto, aunque no siempre, en manos de artistas.

Todo lo contrario de lo que está pasando en España a lo largo de estos meses tras las elecciones del pasado 20 de diciembre. La complejidad y el detalle pictórico se ha sustituido por el brochazo, el exabrupto y la superficialidad. Si alguna conclusión podemos sacar de estos meses es que nuestra actual clase política -salvo la del PP toda ella es nueva o casi-nueva– es francamente de trazo grueso, carente de finura y primor. Veámoslo.

En estos tres meses y medio -o 18 semanas, o, si lo prefieren, 100 días- hemos asistido, que se sepa, a unas pocas reuniones entre PSOE y Ciudadanos (que ha dado como resultado un acuerdo programático de gobierno, lo cual no es poco) y a solo dos reuniones (insisto: 2) entre PSOE y Podemos. Una de ellas en colaboración con IU, la otra con Ciudadanos el pasado 7 de abril y que, sorprendentemente, llevó a Podemos a convocar el mismo viernes 8 un referéndum entre sus bases para decidir los pactos a que atenerse. Referéndum que se está celebrando en el momento en que escribo estas líneas por lo que ignoro su resultado. En medio no sabemos cuántos contactos clandestinos, cuántas cenas secretas, cuántos intercambios de mensajes entre los líderes han ido cuajando un escenario que, si queremos utilizar una palabra moderada, diríamos es  “desastroso”.

Porque estamos en ciernes de un verdadero desastre político si no se alcanza un acuerdo político y de gobierno entre Psoe, Ciudadanos y Podemos que impida la posibilidad de que el PP siga gobernando, sin o con elecciones en junio. En el primer caso, antes de las elecciones, se produciría ese nocivo evento si, al no llegarse a un acuerdo político entre Podemos y Psoe (y que alcanzase también a Ciudadanos con las variadas y diversas fórmulas que son concebibles en una democracia parlamentaria), cuajase la fórmula de la gran coalición entre PP y PSOE que ciertos medios y componentes del “establishment” -pero también otros del área de Podemos- están deseando. En el segundo caso, tras unas lecciones en junio, que según los datos demoscópicos daría la posibilidad de un gobierno con mayoría absoluta entre PP y Ciudadanos. En cualquiera de los dos casos podremos asistir a la continuidad en el gobierno del partido que en estos momentos concentra la máxima densidad corrupta que puede alcanzar un sistema político.

Todas las variables y posibilidades llevan a pensar que unas elecciones anticipadas o repetidas en junio no aportarán soluciones claras favorables a la izquierda. Es más, todo apunta, como decíamos antes, a un posible debilitamiento de las correlaciones a favor de la izquierda y, en consecuencia, a un reforzamiento del arco de derecha o, si prefieren, de centro-derecha. Entonces, el partido de Rivera no tendría empacho seguramente en pactar con PP, cosa que hoy le es imposible por las correlaciones equilibradas entre izquierda y derecha y por la cercanía de la corrupción  en el entorno de Rajoy.

Lo que causa asombro y estupefacción es que nuestros ideólogos y teóricos de la nueva izquierda emergente y de la clásica izquierda institucional no sean capaces de vislumbrar ese escenario. La obsesión por una alianza electoral entre Podemos e IU (más que IU, con ese millón de votos que está tras esa fuerza) les hace olvidar la mayor: por mucho que Podemos e IU juntos superen al PSOE (cosa que nunca se va a demostrar antes de las hipotéticas elecciones) no superarían la correlación favorable al dúo PP/Ciudadanos. Ganar al PSOE en unas elecciones es seguramente ganar un partido…pero significa perder la liga durante cuatro años.

¿Cuáles son los asuntos verdaderamente centrales en estos momentos de crisis social y estructural que recorre todo el continente e europeo? ¿Son esos asuntos los que se están evaluando y sopesando en los cuarteles generales de Podemos, del PSOE, de IU? ¿No es acaso cierto que andamos enredados en pequeñas querellas cuando la gran batalla está discurriendo a poca distancia de nuestros campamentos? Un simple vistazo por los escenarios del conflicto actual en Europa (social, migratorio, fiscal, institucional) nos demuestra que estos no están siendo leídos ni percibidos como importantes por parte de nuestros líderes nacionales. Trágico.

La izquierda, ese concepto que es más cultural que político, se ha caracterizado a lo largo de su historia por ser una corriente social que ha primado la solidaridad por encima de los intereses particulares, la generosidad por encima de los pequeños intereses y la visión de la gran distancia más que la de vista corta. No parece que hoy andemos en esa fase de pensamiento.