Mirar hacia adelante para superar el pasado

Foto: Manolo Gómez

Por Ramón BARRAGÁN REINA

(La izquierda en su conjunto, acordando o absteniéndose, podría gobernar de facto)

El desenlace, si nadie lo remedia, puede ser frustrante para todos los españoles que creyeron en las posibilidades de un acuerdo de izquierdas, que representase a 11,6 millones de votantes y que sirviese para echar al PP a la oposición y fuese el comienzo de nuevas políticas progresistas (en sanidad, educación, vivienda, salarios, pensiones, impuestos…) para la mayoría social de este país llamado España, sin establecer distinciones entre naciones, nacionalidades o regiones, aunque eso sí, con una clara vocación de buscar el mejor encaje posible de todos y todas, sin humillaciones, ni privilegios, dentro de una nueva Constitución.

La investidura del candidato a la presidencia del Gobierno debería haber llegado con un claro acuerdo de programa y de Gobierno, avalado por PSOE, Podemos y Confluencias, IU y Compromís, con el apoyo de Ciudadanos, PNV y CC, pues condiciones había para que ese hecho se produjera.

Sin embargo, el tortuoso camino (con ausencia de camino en algunos momentos) seguido durante el mes de febrero nos deja un panorama no muy esperanzador que digamos.

Unos y otros parecen que han hecho todo lo posible –posiblemente pretendiendo lo contrario– para “resucitar” al cadáver político que hasta hace poco era D. Mariano Rajoy, pues todo indicaba que podía alcanzar los “cielos” pronto, tras su desastroso y perjudicial mandato de cuatro años al servicio exclusivo del núcleo duro del capitalismo español, que algunos llaman IBEX35, otros “mercados” y algunos “los de arriba”.

Tocaba otra cosa, tocaba hacer nuevas políticas negociadas para un tiempo nuevo. Lo que en su lugar hay sobre la mesa es un acuerdo PSOE-Ciudadanos que no es precisamente todo lo que se esperaba, aunque aborda un conjunto importante de problemas, pero con tibias respuestas en muchos casos y faltando algunas de las propuestas estrellas que tantas esperanzas han concitado, introduciendo a su vez medidas de dudoso progresismo. Su principal virtud es que es el único acuerdo al que dos fuerzas políticas, la segunda y la cuarta del arco parlamentario, han llegado después de este azaroso mes. Otra virtud es que puede cerrar la puerta al PP, si Ciudadanos ceja en su empeño, aunque para Iñigo Errejón (Podemos) “es un pacto mirando al PP y depende de lo que haga el PP, (porque) han decidido ponerse en manos de su abstención”.

El mes comenzó con el encargo por parte del Jefe del Estado al líder del PSOE para que formase gobierno, dada la repetida negativa del Sr. Rajoy a aceptar tan tremenda responsabilidad, al considerar que no tenía, los apoyos necesarios para lograr el objetivo final, ni creo que los tenga. Declinó de nuevo… para mantenerse peligrosamente en la reserva (espiritual) de su querida España, pero estando siempre dispuesto a asumir el cargo, eso sí, sin hacer nada para merecerlo, sino porque le corresponde sin más. Algo esperpéntico, o sea, grotesco, absurdo y alejado de lo convencional, del orden o de la realidad.

Lo que ha dado de sí este mes, a partir de aquel momento, es archiconocido y mil veces valorado, según el ángulo de vista de cada tertuliano, periodista, periódico, comentarista o articulista. Hacer una lista de fechas y de declaraciones es arduo y excesivamente cansino, muy aburrido. Y además, todo lo ocurrido depende también de las diversas estrategias en juego, plenamente legítimas aunque no se expongan con claridad, ni tengan que ser necesariamente compartidas. Creo que no tiene valor alguno buscar culpables para lo que le interesa a los ciudadanos, que saben que la realidad es contradictoria, poliédrica y que la resolución o no de las contradicciones marca el camino a seguir, pero vivir hay que hacerlo todos los días llueva, ventee o caigan chuzos, aunque no se vea ninguna solución.

En estos momentos, y visto lo visto, la única esperanza que le queda a la ciudadanía (y la espera como agua de mayo) es que pronto haya un Gobierno, que gobierne para la mayoría social, y que no la lleven de nuevo a votar, que es lo que parece que más de un grupo están deseando desde que comenzó este proceso con la esperanza de cambiar las voluntades a última hora y aumentar votos y diputados.

Para el cometido de lograr un Gobierno, haya o no un acuerdo que englobe a todos, son necesarios los diputados del PSOE, Ciudadanos, Podemos, En Mareas, En Comú Podem, Compromís, IU, PNV y CC, como siempre lo han sido desde las elecciones del 20D. Nadie se puede quedar fuera, ya sea votando favorablemente o absteniéndose para que se constituya un nuevo Gobierno, que, presidido por Pedro Sánchez, pues no hay otro candidato, dé al traste con las posibles veleidades de unos y otros.

Dejarlo todo sin concluir en el segundo día de votación para lograr después un hipotético acuerdo programático y un Gobierno del cambio, tal como desea Podemos (“Hay vida más allá de esta semana”, insistió Errejón el día 27 de febrero en Atarfe-Granada), es demasiado arriesgado, porque esta maniobra requeriría antes de ser ejecutada “resucitar” al nuevo cadáver político (Pedro Sánchez), sin haber “enterrado” definitivamente al otro (Mariano Rajoy). Es una carambola casi imposible y de mal agüero, porque “matar” a uno el día 5 de marzo, significa automáticamente “resucitar” al otro, ponerlo en pie y dejar que ande y busque aliados.

El acuerdo PSOE-Ciudadanos, del 24 de febrero, según todos los indicios, no agotaba las negociaciones, como así lo aseguraba Sol Sánchez (IU) el día que decidieron dejarlas en suspenso, al levantarse Podemos de mesa de la Sala Roja del Congreso al darlas por terminadas. De hecho Pedro Sánchez sigue proponiendo un acuerdo de izquierda a todas las fuerzas por el cambio, que debería producirse cuanto antes, pero si no fuese posible un acuerdo explícito y claro, siempre quedará la acción en el Parlamento: Podemos, IU, En Marea, En Comú Podem y Compromis pueden protagonizar y conseguir en él que las medidas legislativas y de gobierno se aprueben en el sentido siempre pretendido de izquierda, haciendo –a su vez– un estricto control de la acción del Gobierno, aunque para ello sólo les quede abstenerse. De esa forma, Sánchez y las políticas a realizar, sean las que sean, ya no dependerían del PP, ni siquiera de Ciudadanos, sino de la izquierda en general, sin desdeñar otros apoyos.

Creo sinceramente que sería lo más inteligente: el acuerdo, y desde hoy hay tiempo para alcanzarlo, si se quiere, o la abstención en última instancia. En ambos casos, no habría que repetir las elecciones, se cerrarían las puertas al PP y podrían hacer políticas para la mayoría social… Es decir, se ahuyentarían los peligros, no habría vuelta atrás y la izquierda en su conjunto, acordando o absteniéndose, podría gobernar de facto, sin necesidad —en principio— de reparto de sillones, que si los hay, bienvenidos sean. Para conseguirlo sólo basta con mirar hacia adelante para superar el pasado…