¿Cuál es el pacto necesario?

Foto Eduardo A. Ponce

Por Javier ARISTU

No son tiempos para segadoras, sierras ni pavimentadoras. Estas son máquinas definitivas, absolutas, no dejan nada tras de sí. Una segadora arrampla con todo y lo que deja son simples ramajes sin uso; la sierra corta, desmocha y convierte en pequeñeces las grandes ramas; y la pavimentadora, qué le voy a decir, arrasa con todo vestigio anterior cubriéndolo con una capa negra de asfalto. Las elecciones del 20D han dado como resultado un panorama que hace imposible propuestas políticas rotundas, radicales, terminantes. No hay fuerza suficiente en ningún partido ni coalición a dos para aplicar un programa de cambio sustancial de la situación. Se imponen, por tanto, acciones de corte fino, sutil, delicado, capaces, aun sin ser radicales, de modificar lo suficiente el actual estado de cosas y abrir para el futuro un escenario más positivo y regenerador. Frente al hacha y el mazo, el bisturí y el martillo de platero. Y mucha precisión, en vez de fuerza bruta.

  1. No se trataría de marginar al PP de la vida política —cosa por otra parte inviable o imposible amén de indeseada ya que él solo representa a varios millones de votantes— pero sí de someterle a una cura de sueño que posibilite que se pueda hacer otra política capaz de recomponer los desastres producidos por ese partido en estos últimos cuatro años.
  2. Un llamado “pacto de izquierdas” es forma imposible de gobierno con los resultados parlamentarios que hay. A no ser que, ahora, se considere al PNV de izquierdas, o a Esquerra Republicana —fuerza política más basada en la independencia nacional que en la autonomía de clase— un partido que en esta fase estaría por dicha alianza de partidos o a Bildu —fantasma parlamentario en Madrid— transparente aliado de Pedro Sánchez. Los votos de PSOE (¿es o no es de izquierdas?) Podemos y confluyentes periféricos, e IU, no dan más de 161 votos. PP y Ciudadanos alcanzan los 163. Ambas soluciones no obtienen mayorías para gobernar. Un “pacto de izquierdas” es una operación difícilmente realizable. A eso podría llegarse solo con una abstención de PP o Ciudadanos en la investidura, hecho, según los meteorólogos políticos, al parecer de casi imposible realización. Creo, además, que la llamada fórmula de “pacto de izquierdas” es una solución de poca practicidad en los tiempos que corren. No voy a aludir a los hechos de Chile de 1973, que poco tienen que ver ciertamente con nuestra situación, ni a las reflexiones de Enrico Berlinguer tras aquellos sucesos, reflexiones que se materializaron en la propuesta de “compromiso histórico”. No estamos en eso, de acuerdo, pero…¿por qué no releer aquel documento cargado de profundas reflexiones sobre nuestra sociedad, los poderes reales y el papel de la izquierda de cara a dirigir los cambios sociales?
  3. Solo veo factible, por tanto, un gran acuerdo de mínimos que fuera capaz de acometer aquellos nudos de problemas que, sin ser los únicos, hoy son los que atan futuros desarrollos de nuestro país. Me refiero a reformas en la cuestión social y del trabajo, a la modificación de ciertos aspectos de nuestro marco constitucional o institucional, al inicio de un proceso de profundización en la federalización del estado y a la mejora y sostenibilidad del estado de bienestar. Para casi todo ello se necesitan más fuerzas que las de 161 o 163 diputados y es imprescindible una plataforma de amplio acuerdo que traslade a la Unión europeo la necesidad de revisar sus políticas de recortes y contención del estado fiscal y social. Me parece, por tanto, que fotografiar la realidad política surgida del 20D a través de la dicotomía entre una izquierda (esta vez, al parecer, sin distinción entre la radical, la alternativa y la socioliberal) y una derecha (popular o del Ibex35, que es la última gran novedad de nuestro catecismo izquierdoso) es hacer nuestra propia foto retocada, para nuestro consumo interno, pero foto que no recoge ciertamente la realidad presente. Plantear, por tanto, la bifurcación existencial, casi metafísica —para referirse a las opciones del partido central en estos momentos, el PSOE— con la ya manida frase “o con Ciudadanos o con Podemos” es deformar la realidad y hacer imposible “un gobierno de progreso y de cambio”. Para un programa de mínimos hacen falta los máximos esfuerzos por todas partes. Creo que en ese sentido algunos no están trabajando lo suficiente ni en la dirección adecuada.