Un nuevo 28F

Entrega de medallas de Andalucía, 28F 2012. Foto Junta de Andalucía

Por Francico DURÁN LAGO

La celebración del 28 F, que los andaluces celebramos todos los años como una fecha importante en la historia de Andalucía, se está convirtiendo en un ritual folclórico, subida de banderas en las Instituciones, canto del Himno andaluz y flores ante la estatua de Blas Infante. Algunos movimientos sociales lo combinan con el día de los socios ofreciendo un canapé.Todo ese ritual esconde una verdadera celebración que debe, y puede ir, acompañado de una mayor concienciación y movilización ciudadana que reivindique y exija a los poderes públicos de Andalucía mayor rapidez y voluntad política para aplicar medidas políticas y sociales( con la participación de los partidos políticos y de todos los agentes sociales). Denunciando también que la crisis sigue siendo un verdadero drama para el millón de andaluces que no tienen un puesto de trabajo, y el que lo tiene es muy precario, con lo que impide salir de la pobreza. Reclamando que la Sanidad, la Ley de Dependencia, la Educación, y el pago de los medicamentos de los pensionistas tengan prioridad en las políticas de la Junta de Andalucía, reponiendo derechos eliminados de estos últimos años por el gobierno del PP.

El 4 de Diciembre del año 1977 más de un millón y medio de andaluces salieron a la calle exigiendo la Autonomía para Andalucía, (en la manifestación de Málaga, el joven José García Caparrós fue asesinado), y el 28 de Febrero de1980 fue aprobado el primer Estatuto de Autonomía de la historia de los andaluces, siguiendo el ejemplo de aquellos hombres y mujeres que en la revolución del año 1868 proclamaron en Cádiz la Republica Federal.

La Autonomía que los andaluces, con su lucha, conquistaron el 28F, fue una batalla ganada a un poder absoluto de siglos, y se ganó. También se conquistó el derecho a tener un autogobierno autonómico, que desarrollara políticas de signo progresista, terminara con las instituciones que durante siglos habían dominaron todos los resortes de poder, (que en parte perduran en la actualidad), culpables durante siglos de la miseria y el analfabetismo de una parte muy importante de andaluces. Si bien en estos últimos 36 años se ha avanzado en derechos democráticos, civiles, económicos y culturales posibilitando una mayor vertebración de la sociedad andaluza, no han sido suficientes para eliminar totalmente dichos poderes, superar el atraso y desterrar la desigualdad todavía existente en la actualidad en Andalucía.

Los andaluces que vivieron y lucharon en aquella época consideraban que el tener un autogobierno elegido democráticamente por ellos mismos significaba una gran victoria y, al mismo tiempo, una gran esperanza de acercamiento del poder hacia el pueblo. A través de la creación de  nuevas instituciones democráticas, donde el clientelismo y el caciquismo no tuviera cabida, se pretendía terminar de una vez por todas con las castas, que durante siglos habían sido los dueños del territorio andaluz y de las personas que vivían en él, otorgándole al pueblo verdadero protagonismo del cambio. mediante una mayor participación real en las instituciones democráticas. Estos anhelos de siglos, si bien no se puede decir con rotundidad que no se ha avanzado en nada, tenemos que reconocer que no se han visto totalmente, satisfechos. Así, se han producido no pocas frustraciones y hemos llegado al año 2016 cómo bastantes de las instituciones democráticas practican los mismos métodos, mucho más refinados a como lo hacían en épocas pasadas.

Lo que los andaluces desean es que de una vez por todas se haga realidad el penúltimo párrafo del Preámbulo del segundo Estatuto de Autonomía para Andalucía, aprobado el 18 de Febrero del 2007, que dice lo siguiente; «se trata de conseguir un Estatuto para el siglo XXI, un instrumento jurídico que impulse el bienestar, la igualdad y la justicia social, dentro del marco de cohesión y solidaridad que establece la Constitución», ese deseo, expresado y votado una vez más por los andaluces, es el que en realidad deberíamos estar disfrutando y, sin embargo, seguimos esperando con mucha paciencia sin que los resultados sean visibles para la inmensa mayoría de los ciudadanos, no así, para aquellos que siempre tuvieron el poder, unas veces descaradamente y otras desde la más profunda oscuridad.

La celebración de este año 2016 está enmarcada en un proceso político desconocido para los españoles. En las últimas elecciones generales del 20-D los españoles con su voto están poniendo a prueba la capacidad política de sus representantes políticos (nuevos y veteranos) para formar un gobierno que recoja los sentimientos de cambio y progreso que necesita España, y principalmente, Andalucía. Nuestra comunidad desde hace siglos se encuentra   entre las últimas de las autonomías española, en cifras de desempleo, en factores generadores de desigualdad y otras carencias en muchos otros terrenos del desarrollo de la vida de las personas.El proceso secesionista de Cataluña es otro escollo. En este proceso que vivimos los españoles, Andalucía y su gobierno tienen y deben jugar un papel importante en su solución política, defendiendo una España plural en cuanto a identidad al mismo tiempo que preservar la igualdad de derecho de todos los españoles.

Los avances en derechos políticos, sociales, económicos, y culturales son irrefutables en estos años de democracia en España y también en Andalucía, y negarlos es una irresponsabilidad que no corresponde a la realidad. Ahora bien, con la misma contundencia tenemos que decir que los andaluces, por nuestros propios defectos y falta de conciencia, seguimos siendo los máximos responsables de nuestro atraso en relación con las demás autonomías, y sólo los andaluces en general y principalmente los trabajadores, tanto manuales como intelectuales,tenemos el deber de ser los que en esta nueva etapa de salida de la crisis, más organizadamente, y con mucho más contundencia, le exijamos a nuestros representantes, tanto, en el Parlamento de Andalucía como en el de España, soluciones a los problemas más urgentes.

Los andaluces, como nunca en nuestra historia y desde hace ya 36 años, disponemos de las herramientas políticas necesarias para un avance más rápido, y para alcanzar a las autonomías más desarrolladas del Estado español, desterrando las malas prácticas recientes, y de otras épocas más antiguas de nuestra historia que tanto atraso, miseria y analfabetismo trajeron a nuestra tierra. Estas herramientas están incluidas en el Estatuto de autonomía para Andalucía, en sus 250 artículos fundamentales para nuestro desarrollo. Si estas herramientas se van poniendo en prácticas, sin olvidarlas ni meterlas en el cajón del olvido, como se ha hecho con la Constitución Española, donde una gran parte de su articulado todavía no se han desarrollados después de 38 años vida, y necesitada ya de una reforma que la adecue a los nuevos tiempos. El Parlamento andaluz, con 109 diputados y diputadas, y el Gobierno de la Junta de Andalucía, además de las instituciones (intermedias), como instrumentos de apoyo para poder poner en funcionamiento con la suficientes garantías democráticas, las políticas emanadas del parlamento, que a la hora de legislar deben tener en cuenta en primer lugar a las capas más vulnerables de los andaluces.

Al celebrar el 36 aniversario de la autonomía, no debemos olvidar que el éxito de la movilización del 4 de diciembre del 1977 y su continuación hasta culminar en el 28F, fue organizada por partidos políticos, sindicatos de clases, movimiento popular ciudadano y universitario que habían salido, muy recientemente de 40 años de una dictadura represiva franquista y, por tanto, de luchar en la clandestinidad. Las fuerzas políticas y sociales asumieron y entendieron los deseos y anhelos de los andaluces por recobrar un espacio político descentralizado del poder central que les permitiera salir del subdesarrollo en el que Andalucía había sido sometida durante siglos, por una entrelazada casta de terratenientes andaluces, banqueros españoles y grandes capitales extranjeros. Los andaluces no debemos olvidar que Andalucía ha sido en la historia de la descentralización del poder la primera región en la España democrática en implantar su Autonomía por la vía del artículo 151 de la Constitución de 1978, ratificándola en el Referéndum que en estos días celebramos.