Atocha, Airbus y los silencios

Madrid, monumento a los abogados asesinados del despacho de Atocha

Por Juan MORENO PRECIADOS

El pasado día 28 de enero el Auditorio Marcelino Camacho estaba lleno para la presentación del libro “La matanza de Atocha” de Isabel y Jorge Martínez Reverte. La semana anterior la misma sala con capacidad para más de 1000 personas se había visto ampliamente desbordada en un mitin de CCOO y UGT en defensa del derecho de huelga y en solidaridad con las decenas de procesados (como los 8 de Airbus) por la huelga general contra la reforma laboral. En este caso, pese a que estaban presentes periodistas y fotógrafos apenas salió una línea en la prensa.

La presencia solidaria de intelectuales y artistas como Almudena Grandes, Luis García Montero o Miguel Ríos y de representantes del sindicalismo mundial, no fue suficiente para levantar  el silencio que los dueños de los medios imponen sobre cualquier actividad sindical.

Para no dar altavoz a los líderes de CCOO y UGT, silencian a los propios trabajadores procesados y a los juristas que intervinieron denunciando el atropello del derecho de huelga.

¿Dónde están los sindicatos? se preguntaba no hace mucho Soledad Gallego-Díaz, pero la misma pregunta se le puede hacer a su periódico del que soy lector diario y abonado. EL PAIS antes tenía una sección que se llamaba Trabajo y que ahora se llama Economía y Negocios. Claro que todo evoluciona… pero ¿hacia donde?

Malo sería que dos sombras del pasado revivieran al tiempo. De la mano de unos, el Tribunal de Orden Público (TOP), y de la mano de otros, la censura de prensa.

El libro de los Reverte es una oportuna denuncia antifranquista  y una apasionada  reivindicación de aquellos jóvenes laboralistas asesinados o malheridos  en el despacho  de la calle de Atocha. El acto fue muy serio, pero no exento de algún momento chusco. Es la primera vez que veo que los presentadores y presentadoras de un libro se creen obligados a hablar con detalle de sus errores y erratas, cuestión menor, al menos ese día.

Creo que los autores consiguen en una crónica muy dinámica, retratar la  trama fascista y homenajear a los abogados y abogadas de aquellos despachos inolvidables donde  además de asesorar a trabajadores y militantes hacían  un trabajo político imprescindible: María Luisa Suarez, Manolo López, Jaime Sartorius,  José Luis Núñez, Cristina Almeida, Paca Sauquillo, Manola Carmena; los que ametrallados aquel 24 de enero, y tantos otros. En ese empeño está también la Fundación Abogados de Atocha promovida por CCOO.

La narración, de estilo periodístico, consigue  esos propósitos,  aunque  no  aborda  en profundidad el papel que jugaba el movimiento obrero y que fue la causa de fondo del suceso.

A finales de noviembre de 1975, pocos días después de la muerte de Franco, el Secretariado clandestino de CCOO lanzaba un Llamamiento a la lucha para impedir el continuismo franquista que significaba el mantenimiento de Arias Navarro al frente del gobierno.  De diciembre de 1975 a febrero de 1976 media España estuvo paralizada por las huelgas.

El Sindicato Vertical quedó prácticamente disuelto y el gobierno muy desgastado.   Arias se tuvo que ir  y se puso en marcha una última operación dilatoria del cambio, que a la postre también fracasó: el proyecto reformista suarista y juancarlista de democratización a dos velocidades, amnistía parcial y legalización primero de los partidos de oposición moderada,  dejando al PCE fuera de la ley, y a muchos presos dentro de las rejas.

El movimiento obrero, los estudiantes,  las asociaciones vecinales, el PCE.., estaban en la calle todos los días para lograr la ruptura y también durante la semana sangrienta de enero de 1977 en la que los asesinos ultras entraron en Atocha 55. Y si fueron allí es porque ese despacho, al igual que otros, funcionaba ya como pre-sede de CCOO (esa misma tarde se había reunido en el despacho la Ejecutiva provincial de CCOO de Transportes y poco antes, el 17 de octubre, también allí, la Coordinadora General de CCOO había decidido constituir  la Confederación Sindical).  Por eso tenía  una pequeña oficina en Atocha 55 el líder de la huelga del transporte, como la tenía algún  otro sindicalista de otras ramas de Comisiones.  Y allí trabajaba  de administrativo Ángel Rodríguez Leal, uno de los 5 asesinados, militante  de CCOO y despedido por la huelga de Telefónica.

Jorge Martínez Reverte, impedido de hablar, hizo leer un texto de mucho calado, en el que además (otro detalle divertido) contó que había intentado varias veces afiliarse a CCOO sin conseguir que nadie le diera el carnet y volvió a pedirlo, a la vez que, respondiendo a los aplausos, levantaba el puño vigorosamente.


Artículo publicado en Nueva Tribuna. Aquí se publica con la autorización del autor.

Juan Moreno es miembro del Consejo Asesor de la Fundación 1 de Mayo.

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