El espectáculo de la investidura

Foto Adolfo Luján

Por Francisco FLORES TRISTÁN

Vaya espectáculo el de la investidura. Todo el mundo diciendo que el resultado electoral supone un mandato para negociar y pactar y aquí no negocia nadie a no ser que se le llame así a mandar tuits o lanzar mensajes en programas de televisión… o quizá es que sí están negociando pero en absoluta clandestinidad.

El mayor espectáculo lo está dando el PP y en especial su jefe, Mariano Rajoy. Más de un mes insistiendo una y otra vez que el PP ha ganado las elecciones y cuando el Rey le encarga la formación de Gobierno dice que no… de momento, que más tarde ya se verá. Pero ¿qué astracanada es esta? Cuando se es la fuerza más votada y se aspira a gobernar se tiene la obligación como mínimo de exponer su programa de gobierno no en el programa de Ana Rosa o la primera cadena de TVE sino en el Congreso de los Diputados, que es la sede de la soberanía nacional. Además en este caso concreto el PP, que durante estos últimos cuatro años no ha pactado prácticamente nada con nadie aplicando el rodillo de su mayoría absoluta, ha perdido una oportunidad inmejorable para explicar en qué va a modificar su política para obtener el apoyo que pretende de otros grupos políticos. ¿Va a modificar la legislación sobre seguridad ciudadana, sobre el poder judicial, en materia laboral, en Educación? ¿Qué medidas va a plantear para combatir la corrupción, qué propuesta tiene sobre Cataluña? … Solo sabemos que el PP aspira a una gran coalición con el PSOE y Cs pero nadie ha oído una sola propuesta concreta de gobierno.

Esta actitud, que no deja de implicar un menosprecio al Parlamento, solo puede estar inspirada en la estrechez de miras del personaje que sigue al frente del Gobierno a pesar de la ola de corrupción que anega al PP. Rajoy ha debido pensar que una votación de investidura en la que solo obtuviera los 123 votos de su partido mostraría a las claras la absoluta soledad de su líder y su incapacidad para sumar apoyos, lo que evidenciaría la necesidad de hacerse a un lado y dar paso a alguien en mejores condiciones para obtener esos apoyos. Pero sea como fuere, esa actitud le incapacita para optar a la Presidencia al menos con esta configuración del Congreso. Es impensable que vaya a obtener estos apoyos tras el fracaso de una hipotética investidura del PSOE.

Podemos es otra fuerza política que ha contribuido también al espectáculo. Desde que irrumpió en la escena política en las elecciones al Parlamento europeo de hace dos años Podemos ha ido modulando su imagen inicial de partido rupturista, contrario al “Régimen de la Transición” y a la Constitución que lo encarna, partidario de abrir un proceso constituyente y contrario al pago de la deuda acercándose a posiciones más moderadas. La frustración de las esperanzas puestas en Syriza y los magros resultados en las elecciones autonómicas, allí donde se presentaba exclusivamente con sus siglas, han tenido sin duda que influir en la dirección de Podemos haciéndoles moderar su programa. En el programa de las últimas elecciones ya no hablaban de proceso constituyente sino de reformar la Constitución, no abominaban de la Transición sino que proponían hacer una “segunda transición” y en lugar del impago de la deuda se proponía “negociar con Europa”. De no atender a sus orígenes parecería que se tratase de un grupo socialdemócrata más o menos radical. Pero parece como si el éxito electoral se les hubiera subido a la cabeza mostrando que no acaban de sacudirse el pelo de la dehesa del populismo. Y no se trata ya de las cuestiones concretas que han defendido sino de la manera de hacerlo. Por ejemplo, es legítimo defender grupos diferentes para las candidaturas catalana, valenciana y gallega aunque conduciría, especialmente si los demás grupos usaran el mismo rasero, a una atomización del Parlamento que haría interminables los debates. Pero lo que me parece poco presentable es la sobreactuación posterior calificando de “bunker” a los grupos socialista, popular y de Cs por oponerse. Parecería una rabieta infantil si no recordara también la actitud intolerante de ciertos grupos extremistas. Lo mismo puede decirse de la sesión inaugural del Congreso. A estas alturas nadie se va a escandalizar del aspecto o la indumentaria de nadie pero oyendo las “imaginativas” proclamas que acompañaban la toma de posesión de cada parlamentario uno podría pensar que la llegada de Podemos al Parlamento es como el big bang. Antes de ellos parece que el pueblo no estaba verdaderamente representado. En algún periódico he llegado a leer que por fin llega el “hombre de la calle” al Parlamento, la gente humilde, los trabajadores… No sé yo que eran Marcelino Camacho, Nicolás Redondo o incluso remontándonos más, Largo Caballero que llegó a la Presidencia del Gobierno siendo un humilde estuquista.

Pero lo que ha rizado el rizo ha sido la actuación de Pablo Iglesias tras la consulta con el Rey anunciando en rueda de prensa su propuesta de Gobierno de coalición. Nadie anuncia una boda a bombo y platillo sin anunciarlo previamente al futuro cónyuge, a no ser que lo tome por idiota, y menos dando los detalles del banquete, la ceremonia y los invitados y menos aún permitiéndose la ironía de decir que al cónyuge le “ha sonreído el destino” gracias al anunciante. Más que una propuesta pareció una manera de torpedear la posibilidad de acuerdo. Y súmese a eso el artículo posterior de El País en el que Iglesias ya se atribuía en la práctica la representación de UP-IU a quien no cesa de ningunear, sumando sus votos a los de Podemos e insinuando el acuerdo con las bases del PSOE muy diferentes de su “bunkerizada dirección”. La misma actitud que el PCE del inicio de los años 30, la táctica estalinista nada moderna e innovadora de división de la socialdemocracia antes de la formación de los Frentes populares.

Pero quizá el mayor espectáculo lo esté dando el PSOE. Da grima ver a ese partido convertido en una jaula de grillos donde los “barones” regionales, en lugar de arrimar el hombro, debatir y proponer soluciones a la difícil situación política, da la sensación que tienen como objetivo poner palitos en la rueda a su propia dirección cuando no torpedear directamente el trabajo de la misma. Se puede legítimamente discrepar pero no caer en la hipocresía ni proponer la cuadratura del círculo. Lo que es perfectamente admisible e incluso deseable en sus Comunidades Autónomas, contar con los votos de Podemos (en Extremadura, Castilla-La Mancha, Aragón) e incluso participar con ellos en el Gobierno regional (Valencia) se convierte en intolerable si lo propone Pedro Sánchez para el Gobierno de España. Y rechazan gobernar con o permitir el gobierno del PP pero tampoco quieren gobernar con Podemos ¿¿?? Efectivamente, la cuadratura del círculo… Pedro Sánchez, que durante la campaña me pareció que sobreactuaba y que estaba falto de “finezza”, sin embargo desde que empezaron a lloverle las críticas de los barones y de la prensa, incluyendo la de su ínclito predecesor en el Gobierno y en la Secretaría General, ha demostrado bastante temple “toreando la situación”. El último ejemplo es la propuesta que hizo el sábado en el Comité federal de consulta a las bases, que responde evidentemente a la necesidad de neutralizar así la oposición de los “barones”. Los que comparan esa actitud con la CUP podrían remitirse también al SPD alemán que en 2013 realizó una consulta a sus bases, paralizando entretanto la formación de gobierno antes de entrar en la “Gran coalición” [consultar noticia]

Coincido con Ramón Barragán que ha dado abundantes razones en estas páginas para un Gobierno progresista y para mandar a la oposición al PP. No voy a insistir en ello. Sin embargo la aritmética parlamentaria hace endiabladamente difícil esta posibilidad. Javier Aristu también lo ha comentado recientemente. Me voy a centrar en las posibilidades de un Gobierno del PSOE entendiendo que el fracaso de esta propuesta va a conducir inevitablemente a la repetición de las elecciones. La suma del PSOE (90), Podemos (69) e IU (2) alcanza los 161 diputados, suma menor que los 163 del PP (123) y Cs (40). Hay quien propone, y creo que Sánchez lo va a intentar, sumar a ese acuerdo a Cs o al menos conseguir su abstención. Yo creo que en materia de regeneración democrática, que incluye la anulación de la Ley mordaza, la lucha contra la corrupción, la independencia del poder judicial, RTVE, paralización de la Ley Wert e intentar un pacto por la Educación, en esta materia hay posibilidad de acuerdos. Más difícil será el acuerdo en materia laboral y de política económica, pero no imposible. Pero donde no habrá manera de acordar nada es sobre Cataluña y las nacionalidades. Además el problema es que tanto Cs como Podemos han declarado su incompatibilidad mutua. Mucho tendrá que templar Pedro Sánchez para conseguir un acuerdo. Si Cs vota en contra, la única manera de superar los 163 votos de la Derecha será consiguiendo los votos del PNV (6) y CC (1). Esto sumaría 168 votos. En una segunda votación de investidura serían suficientes siempre que se abstuvieran “Democracia y Libertad” (ex Convergencia, 8 diputados) y Esquerra republicana con 9. Me parece extremadamente difícil conseguir la abstención de ambos grupos. Y tendrían que hacerlo los dos porque si uno de ellos vota en contra sumarían sus 8/9 votos a los 163 de la Derecha incrementados previsiblemente por los 2 de Bildu. Esto daría una muralla infranqueable de 171/172 votos insuficientes frente a los 168 de la Izquierda más el PNV y Coalición canaria. Todo ello sin contar con que los barones socialistas, o alguno de ellos, o de ellas, insistiesen en que no se puede aceptar el Gobierno si es a costa del voto favorable, la abstención o la ausencia de los separatistas. Como decíamos antes, la cuadratura del círculo, extraordinariamente difícil .

En todo caso pienso que después de estos 4 años de corrupción y cercenamiento de los derechos laborales e incluso de las libertades individuales, la obligación de Pedro Sánchez y el PSOE es intentarlo. Y lo va a hacer con toda seguridad. Tendrá que hacerlo con el suficiente aplomo, templanza y habilidad como para que si el proyecto fracasa y vamos a nuevas elecciones, los ciudadanos visualicen con claridad quien es responsable de este fracaso.

[Nota: este artículo estaba redactado y editado antes de la comunicación de que el rey encargaba formar gobierno a Pedro Sánchez]