Pactos y personas

Multitud. Foto Manolo Gómez

Por Javier ARISTU

Han pasado 37 días desde la celebración de elecciones. Todavía no hemos visto los españoles ninguna mesa de negociación para alcanzar un gobierno. A lo más, asistimos a declaraciones unilaterales, retiradas tácticas y  trampas contra el adversario.  Partamos de la base de que cualquier opción de gobierno capaz de salir adelante parlamentariamente es incómoda, por no decir hostil, para cada uno de sus protagonistas. Veamos algunas.

  1. Opción con eje en el PP. Supondría un gobierno del PP (119 diputados) con Ciudadanos (40 diputados) o bien formando parte del mismo o apoyándolo, y, además, requeriría la suma o abstención en la investidura del PSOE (89 diputados). Podría tener otros apoyos o abstenciones. De esa forma obtendría un apoyo de 159 diputados (PP+C’s), la abstención de los 89 socialistas y no tendría enfrente más de 95 o 100 diputados. Es la opción preferida por Rajoy y el PP y la que más se está barajando desde círculos del poder económico, desde personas relacionadas con el poder político en estos últimos años y desde la parte del Psoe que todavía está hipotecada por las reflexiones y apuestas de Felipe González. Con Susana Díaz y el Psoe de Andalucía como principal ariete de la misma (véanse las declaraciones del secretario de organización andaluz Juan Cornejo del pasado lunes y las del presidente del Psoe sevillano Rodríguez Villalobos de este miércoles). Sencillamente, me parece que sería un desastre para España, para el desarrollo de una democracia con menos dependencias de oligarquías y sistemas ocultos de poder. Entregar de nuevo el gobierno a un PP que sigue llenando de porquería el patio, y que no es capaz de sacar de la política a su principal responsable Mariano Rajoy, sería literalmente la mayor irresponsabilidad que podría hacer el Psoe. Puede que a última hora y con tal de alcanzar esta fórmula sea capaz el PP de proponer a otro candidato entre sus filas a fin de que Ciudadanos y Psoe puedan dar su voto o abstención a ese gobierno sin que se les caiga la cara de vergüenza. En política todo está abierto pero de cualquier modo, insisto, entregar el gobierno de la nación a este PP, con Rajoy o sin Rajoy, para dos años o para cuatro, sería un paso que podría costarles muy caro a Ciudadanos y al Psoe. En el caso del primero podría significar que en próximas elecciones pasaría a la insignificancia: ¿para qué votar a Ciudadanos si al final es votar al PP? En el caso del segundo podría suponer, en esas siguientes elecciones, el sorpasso por parte de Podemos o la ya recitada pasokización del partido.
  2. Opción del independiente o gobierno de notables. Alguien ya empieza a hablar de eso y es una modalidad de la anterior. Consistiría en un gobierno presidido por una “personalidad política de amplio respaldo” que contaría con el consenso de PP, Ciudadanos y Psoe. Sería una variante española de aquellas experimentadas en Grecia (Papademos) e Italia (Monti) durante los años 2011-2013. Me da el pálpito que es la opción que andan barajando en círculos empresariales y europeos. Supondría un gobierno de fuertes personalidades en la economía, la educación, las carteras políticas, apoyado por el 70 por ciento de la cámara. ¿Qué tiene de positivo esta fórmula? Que desplazaría al PP de la primera fila, provocando seguramente cambios internos en el partido, aportaría un gobierno fuerte y respetado en Europa y podría acordar ciertas reformas (constitucionales, educativas, económicas). ¿Cuáles son sus aspectos negativos? Dejaría, en primer lugar, sin sentido el juego electoral y parlamentario ya que se transmite la idea al pueblo de que poco importa a quien vote para presidir un gobierno porque luego puede ser otro. No transmite ningún mensaje en relación con una verdadera reforma constitucional y respecto del conflicto de Cataluña. Seguiría manifestando un rechazo al cambio por el que varios millones de personas votaron el pasado 20D dejando ver de nuevo un bipartidismo que se impone a todo lo demás, esta vez con la complicidad de C’s.
  3. Opción con eje en el Psoe. Es la opción manejada, mientras le dejen, por Pedro Sánchez y el actual equipo directivo socialista, y la que formalmente ha propuesto Pablo Iglesias. Se refiere a un gobierno presidido por Sánchez y coaligado con Podemos e IU (156 diputados), con apoyo por parte de Esquerra catalana y PNV (9 + 6) y algunos otros. Es una mayoría muy inestable, que siempre tendría enfrente un bloque de 159 diputados (PP y C’s). Tal como se están desarrollando los acontecimientos, y tal y como están actuando los protagonistas (Podemos, Psoe), no se ven visos de que esta fórmula pudiera salir adelante y recibiera una votación positiva en el Congreso. Son más los miedos, temores, resquemores y afrentas entre Psoe y Podemos que los puentes y acercamientos. Hablamos del rechazo creciente en el Psoe pero no olvidemos que un pacto con este partido supondría en Podemos también una revisión profunda de su estrategia y de su discurso que han sido en los últimos tiempos la de la confrontación y la oposición total con el partido de Pedro Sánchez.. Además, las líneas rojas (proceso catalán especialmente) dominan sobre los terrenos de acuerdo. Francamente, soy escéptico de que sea posible alcanzar esa fórmula y, además, el sostén y terreno de apoyo que habría tras ese gobierno se parecería más a un permanente movimiento de tierras que a un espacio estable para hacer política positiva. Pero el actual marco parlamentario producto de las elecciones pasadas indica que hay que ensayar esa fórmula, que hay que abrir la posibilidad de un gobierno que deje aparcada a la derecha del PP y realice unas pocas pero importantes medidas regeneradoras y de saneamiento público.

Como decía, cualquiera de las opciones no son atrayentes de momento para ninguno de los participantes en las alianzas. La cultura dominante en nuestro país, desde 1982, ha sido la de gobiernos cerrados a pactos, diálogos y alianzas. Si las hubo en el pasado fue solo con las denominadas minorías catalana y vasca. Nunca hemos participado de una cultura de pactos de gobierno; al contrario, se ha preferido imponer que dialogar. Y, si no se quiere negociar y pactar, se opta por ir a la oposición esperando de esa forma el desgaste del que gobierna para luego acceder libre y sin ataduras al gobierno, como así se expresan las voces del Psoe que hemos citado al principio. Lo cual, dados los tiempos que corren y los movimientos tectónicos que se están produciendo en la sociedad española, es cuando menos, una ingenuidad de tomo y lomo.

El drama de todo este folletín postelectoral es que, mientras, la gran mayoría social que trabaja o está en el paro o en el empleo precario, la que busca cada día salir del bache en el que está, recibe un mensaje de impotencia, de inutilidad de su voto y de su compromiso electoral. Remedando las palabras de Marx podríamos decir que el valor de uso que tiene el voto ciudadano de cada uno de nosotros, y que es por lo que podemos hablar de una democracia de iguales, se ha transformado tras el 20D en simple valor de cambio que unos cuantos están administrando para sus propios y parciales intereses.