Lunes de resaca

Foto: Escael Marrero

Por Javier ARISTU

Todos tenemos derecho a equivocarnos un día como hoy. Los resultados han sido espectacularmente extraños aunque hayan a la vez visualizado lo que ya se suponía: la pérdida de potencia del bipartidismo y la emergencia de nuevas propuestas políticas. Sin embargo, todos andamos desconcertados. Han sido muchas las lealtades que se han roto, muchas las variables nuevas que surgen. Es verdad que un ciclo viejo parece que acaba pero no se ve con claridad por dónde irá el nuevo. Me atrevo a expresar mis dudas con estas notas.

  1. Esto no ha hecho sino comenzar… Los resultados del domingo no cierran nada, al contrario, son un punto —importante, decisivo— en una larga marcha de acontecimientos que se vienen desarrollando desde hace al menos seis años —por ponernos cortos— y que va a durar unos años más. Quiere ello decir que el sistema de partidos ha cambiado en gran medida, sí, pero no está ni mucho menos cerrado. No sabemos hasta dónde está escrita la bajada electoral y la pérdida de influencias del PP y PSOE ni la subida de Podemos (Ciudadanos me parece que demuestra ser un cierto bluf). En otras palabras, el mapa electoral que salió ayer no es fijo ni permanente: puede cambiar en los próximos años. En todas partes.
  2. Las correlaciones parlamentarias (y regionales) nos indican un país conmocionado, tocado por la crisis, donde ninguna fuerza política tiene la varita mágica. Las corrientes de fondo que están afectando a la sociedad española —y que se sitúan en los factores productivos, los modos de producir, las nuevas tensiones del trabajo, la relación de la gente con la economía, los cambios culturales— han salido a la superficie castigando a las viejas recetas y premiando nuevos discursos. Pero, que nadie se engañe: estas elecciones no confirman ni cierran casi nada; a lo más que llegan es a indicar tendencias y abrir nuevos ciclos. Queda mucha tela por cortar en estos inmediatos años.
  3. El voto del que sufre la crisis ha sido, creo que hoy más que nunca, un voto prestado, dado a plazo, para tratar de resolver problemas, no para jugar a las casitas. Si las nuevas fuerzas (Podemos, En Común, Compromìs y otros) no responden a ese voto a plazo serán sustituidas por otras o sus votos volverán a la candidatura de donde procede. Y aquí paz y mañana gloria.
  4. El Pacto de Izquierdas (con mayúscula) está inmaduro en sus contenidos programáticos. No se puede estar dos años poniendo verde al vecino y de la noche a la mañana tratar de vender la buena vecindad. Las izquierdas, españolas y periféricas, tienen por delante un largo recorrido de diálogo y encuentros si quieren hacer posible, algún día, la posibilidad de una propuesta de gobierno de izquierda en España. Tanto PSOE como Podemos, los periféricos e Izquierda Unida (cerca de un millón de votos) deberían leer con mucha atención el mensaje de sus votantes…pero también de los que han votado al vecino. ¿Serán capaces?
  5. El PP pierde muchos votos y mucha influencia pero sigue siendo el primer partido de este país. La derecha cede terreno, bastante, pero no pierde la guerra. Alguien piensa que un titular relativo a la corrupción puede desmantelar una red de clientelismos, influencias y dependencias pero no es así. La derecha, aunque no guste, tiene sus mecanismos de influencia y convencimiento que son sólidos y sostenidos en la España actual.
  6. El PSOE pierde también votos, influencia y territorios. Pero mantiene un suelo sólido y fiable. Sigue siendo eje de futuras combinaciones gubernamentales y será decisivo en las propuestas parlamentarias. Para ello tendrá que replantearse de una vez qué nuevo papel debe desempeñar una socialdemocracia en el siglo XXI, más allá de sus hipotecas (felipismos, susanatos y todas esas zarandajas). Si no entra en hostilidades intestinas podrá dedicarse a hacer política; si llega la guerra, apaga y vámonos.
  7. Vienen tiempos nuevos que todos deberían ver como nuevos, incluidos los emergentes. Las recetas y las cartillas de la lección deben ser corregidas a la luz de los resultados de ayer (algunos las deberían tirar a la basura) para tratar de leer con atención y con perspicacia los cambios que están sucediendo y que no siempre son como uno los tiene en su cabeza.
  8. Y como parece que esta va ser una legislatura corta, las fuerzas de izquierda, todas ellas, las viejas y las nuevas, deberían apagar la televisión y dedicarse a construir un verdadero proyecto transformador con base social estable y sólida. Todo los demás es un programa de variedades.