Notas electorales 6. Una campaña en la nube

Por Javier ARISTU

Paseo por mi ciudad una tarde noche de sábado y noto al personal inquieto y bullicioso en torno a los quioscos de navidad. Se nota que llegan momentos de consumo y gasto. Llevamos una semana de campaña electoral y solo diviso un cartel colgado de una farola que dice “Vota PP”. Estamos justo en el ecuador de una campaña electoral que dicen los expertos es “decisiva”. Pero la calle no es testigo de esta agitación política. La campaña y la política han dejado la calle para dominar la nube. Hoy todo vive y asienta su realidad en el espacio de la televisión y de twitter. Fuera de ahí no existe nada. No hay mítines en la plaza, no hay encuentros de calle, no hay reparto de consignas. Es otro tiempo electoral con otra forma de comunicación.

Seguramente estamos pasando de una cultura política a otra. Los recursos, lenguajes y códigos que habíamos venido practicando en la democracia española de los últimos treinta años ya están periclitados; están siendo sustituidos por los 140 caracteres del tuitero y el plasma del programa de televisión. Esto no ha sido un salto en el vacío ni brusco, se ha venido desarrollando en los años pasados, la televisión comenzó a ser un instrumento político incontestable para los españoles desde el discurso de Adolfo Suárez en junio de 1977 (“puedo prometer y prometo”) y se hizo más directa y eficaz conforme se fueron perfeccionando las técnicas y lenguajes. Pero, aquí está la madre del cordero, junto a la televisión había un engranaje político denominado “sistema de partidos” que era quien decidía el cómo, el cuándo y el por qué del discurso televisivo. La pantalla era el medio, el partido decidía. Hoy la televisión se ha hecho, creo que para mayor desgracia, el foco central de producción de ideología política.

Están desapareciendo los cuerpos intermedios que hicieron posible un funcionamiento de la democracia política y social. Los partidos, sindicatos, asociaciones y otros elementos que median entre la política en estado puro y el ciudadano han cedido el terreno ante la irrupción de la televisión como factoría de producción política. La realidad electoral de esta campaña nos proyecta un sistema de personalidades que son los que generan cultura política y decisión de voto: hablamos de qué ha dicho Ana Pastor en su programa igual que en otro tiempo comentábamos los chascarrillos de Alfonso Guerra; comentamos el discurso de Antonio García Ferreras en la 6ª cadena del mismo modo que el mensaje que lanza Pedro Sánchez; hablamos de Paco Marhuenda (¡alabado sea el Señor!) como si fuera un líder político similar a Pablo Iglesias; creemos que Jordi Evole es un representante de esta sociedad porque lleva a dos políticos a un bar de barrio a hablar de política; establecemos un ranking de programas de debate como antes clasificábamos a los partidos en izquierda y derecha. La política, en definitiva, se ha dejado invadir por la televisión y hoy está secuestrada por su gramática y por su vestimenta.  Antes había cedido el terreno ante la privatización económica, había dejado de pensar en clave de sociedad en su conjunto para comenzar a ser un instrumento de privatización de demandas corporativas. Las fronteras entre mercado, política y sociedad se han venido diluyendo en los últimos tiempos a favor del primero. Y ese mercado hoy tiene un apellido televisivo: se llama medio y a él se han rendido la política y sus instrumentos, los partidos. Los medios, especialmente la televisión, han dejado de ser intermediarios entre las demandas sociales y el poder para ser precisamente poder, poder puro y duro.

Nos vienen tiempos difíciles.

[Acabo de leer este artículo de Ernesto Ekaizer sobre el asunto. Merece la pena leerlo: El quinto poder]

 

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