Después del 13N

Foto flickr Jean-François Gornet

Por Francisco FLORES TRISTÁN

Me resulta sorprendente la unidad y la contundencia que han mostrado las fuerzas políticas francesas de Derecha y de Izquierda frente a los atentados del 13N si las comparo con las dudas y vacilaciones observadas en España. El asunto es lo suficientemente brutal y presenta tantas aristas como para meditar con calma sobre las posibles alternativas. Habría que distinguir dos vertientes sobre este asunto, la interior y la exterior. La interior se refiere a las medidas a adoptar en Francia o en otros países europeos para la detención de los autores de la masacre y para evitar que se repita. En Francia el Gobierno proclamó el estado de emergencia por el que suspende o limita ciertas garantías constitucionales como el registro de domicilios o la libertad de residencia. Este estado de emergencia fue ratificado por tres meses en el Parlamento con la casi unanimidad de los grupos políticos (solo 6 votos en contra en la Cámara baja y 12 abstenciones en el Senado). Quizá son explicables la unanimidad y la dureza de las medidas por el impacto brutal de la matanza pero cuando los ánimos se serenen sería preciso ponderar hasta qué punto es justificable la suspensión de garantías que forman parte del núcleo duro de libertades que hemos considerado esenciales en una Democracia desde le Revolución francesa acá. Sería triste que al final los terroristas consigan por vía indirecta el desmantelamiento de una parte del Estado de derecho que ellos quieren derribar. Me refiero especialmente a derechos como el límite de tiempo para la detención policial y la inviolabilidad de domicilio cuya suspensión solo me parece admisible en períodos de tiempo cortos en casos excepcionales. Que yo recuerde en España no se adoptaron medidas similares cuando el 11 M y la acción policial fue bastante eficaz.

Otro aspecto que me suscita reservas es la suspensión parcial de la legislación comunitaria en materia de tránsito que podría implicar la suspensión del acuerdo de Schengen. La lucha contra el terrorismo debería servir por el contrario para fortalecer la Unión, para hacer “más Europa” mediante la creación de una verdadera Europolicía, una especie de FBI europeo al menos dentro de la zona euro. Soy consciente de que organizar una Policía así no se consigue en tres días pero debería plantearse la idea que lógicamente conllevaría el reforzamiento de la Comisión europea como órgano del que dependería esta organización. Mientras esto no se consiga se pueden hacer otras cosas antes que suspender la libre movilidad dentro de la Unión, por ejemplo compartir los archivos de delincuentes por parte de las Policías de los diversos países, especialmente en los asuntos de terrorismo.
Al margen de las medidas policiales es necesario reforzar otras medidas a largo plazo que traten de prevenir o mitigar al menos la capacidad de reclutamiento de los yihadistas. Es sabido que la mayor parte de quienes se sienten atraídos por el integrismo son personas desarraigadas con un pasado de fracaso social. Es el mismo factor que en épocas pasadas provocó que muchas personas salidas del lumpen se integraran en las milicias fascistas o nazis. El fracasado, el desarraigado, el marginado social se siente importante con un correaje, un uniforme o un arma en las manos y cuando integra un grupo que supuestamente realiza sus acciones violentas en nombre de un ideal. Este individuo se siente redimido cuando se integra en su nuevo grupo, como el que se iba a la Legión en otras épocas. Es muy difícil y lento tomar medidas a favor de la integración social especialmente en época de crisis económica pero no podemos olvidarnos de ellas. Como mínimo se conseguirá disminuir el número de potenciales seguidores aunque es verdad que a veces pueden aparecer yihadistas en el lugar más insospechado, como por ejemplo en el pueblo más rociero de España. Desde luego en lo que no podemos caer es en criminalizar a todos los musulmanes. Aunque es tópico decirlo no deja de ser verdad que la mayor parte de las víctimas del yihadismo son musulmanes. Lo que sí se puede hacer desde los Gobiernos es impulsar a través de los servicios de inteligencia el control de las redes y fuentes de financiación del islamismo radical y apoyar a los musulmanes contrarios a este tipo de prácticas.
Pero es a la hora de abordar la vertiente exterior del problema donde han surgido más diferencias entre los grupos políticos. Hoy aparece la noticia de una convocatoria por parte de una serie de Alcaldes y personas del teatro, el cine y la comunicación que, bajo el lema “No en nuestro nombre” rechazan cualquier tipo de participación o apoyo a la guerra, a ningún tipo de acción armada contra el yihadismo. Esta convocatoria viene a sumarse a las reticencias mostradas por variadas fuerzas políticas entre las que curiosamente está incluso el PP. El paralelismo con el “No a la guerra” de la época de la invasión de Irak es inevitable. Lamento no coincidir con este planteamiento. Yo fui también de los que acudí a aquellas manifestaciones del 2003 y lo volvería a hacer en circunstancias similares. Pero creo que éste no es el caso. Muchos de los manifestantes de aquella época no éramos pacifistas radicales, entendiendo por tales a quienes consideran que una acción armada nunca está justificada y defienden las vías pacíficas como únicas admisibles. Estoy absolutamente convencido que si se hubieran aplicado exclusivamente las vías pacíficas, hoy Hitler o sus seguidores gobernarían Europa. “Poner la otra mejilla” es muy cristiano y digno de admiración en un comportamiento personal pero no puede ser norma de actuación de un Gobierno, entre otras cosas porque la mejilla en este caso es la del conjunto de los ciudadanos. Ante individuos que son capaces de disparar sin piedad arbitraria e indiscriminadamente contra todo tipo de personas o de degollar en masa a prisioneros de guerra es muy difícil pensar que la persuasión y el diálogo sean la única arma admisible. En 2003 Bush y sus aliados no tenían la menor justificación para invadir Irak porque ni Sadam Husein, por muy tirano que fuera, tenía el menor vinculo con Al Kaeda ni con el yihadismo ni tenía armas de destrucción masiva como más tarde quedó acreditado. Los que nos manifestábamos entonces sabíamos que la invasión era una excusa de Bush para controlar una zona geoestratégica, rica en petróleo además, muy importante del Oriente Medio. Para colmo la invasión y la decisión de desarmar el ejército iraquí y disolver el partido Baas hicieron de Irak un “Estado fallido” en el que ahora sí penetró ampliamente el yihadismo y lo reforzó en otros lugares. Algunos de los jefes militares de Sadam hoy están asesorando al Estado islámico.
La situación hoy es muy distinta. Hoy está meridianamente claro, entre otras cosas porque lo han reivindicado, que la bomba del avión ruso y los atentados de París han sido organizados o apoyados y respaldados por el Estado islámico radicado en Siria e Irak. Considero que esto “legitima” a Francia y Rusia para realizar acciones armadas contra el EI. Por supuesto esto no quiere decir que sea legítimo bombardear poblaciones civiles o que se justifique cualquier tipo de acción bélica. Por otra parte que una acción sea legítima no quiere decir necesariamente que sea la acción adecuada o eficaz. Por ejemplo creo que los bombardeos pueden ser eficaces si se dirigen a los almacenes de armas o a las vías de abastecimiento de las mismas pero no me parece adecuada una intervención de tropas terrestres europeas. Pero no solo porque, como ha dicho Iglesias “nuestros chicos volverán en ataúdes”. En cualquier acción armada puede haber muertos propios y ajenos. El problema es que, dada la historia de los últimos años la presencia directa de tropas europeas probablemente sería contraproducente; muchos habitantes del país la seguirían viendo como una invasión extranjera. Sería preferible fortalecer los ejércitos árabes de la zona y apoyarles desde el aire.
Y esto nos lleva a otro tema inevitable. ¿Qué hacer con Bachar el Assad? Hace 7 años viajé por la Siria de El Assad. Nada hacía presagiar todo lo que ha ocurrido después. Desde luego aquello era una dictadura. En Homs aún se recordaba la matanza de fundamentalistas islámicos hecha 20 años antes por “el padre de nuestro actual Presidente, Hafez el Assad”. Pero… ¿qué son los países vecinos, Arabia saudí, los Emiratos, Irán…? Pero me llamó la atención que en Siria muchas mujeres, al menos en las grandes ciudades Damasco, Alepo…. Iban sin velo. Y también me sorprendió positivamente el respeto a las minorías religiosas, cristianos, chiitas, drusos… En un pequeño y bellísimo pueblecito de las montañas llamado Malula, donde aún se conserva (o se conservaba) el arameo el 90% de sus 20.000 habitantes eran cristianos. Tenía dos espléndidos monasterios, San Sergio y San Baco, católico, y Santa Tecla, de monjas ortodoxas que por cierto fueron raptadas por el Frente Al Nusra al inicio de la guerra civil y nunca más se supo de ellas. Aunque no conozco Irak, la situación en este país era similar en la época de Sadam. Las mujeres y las minorías estaban protegidas. No cabe duda que tanto Sadam bombardeando con napalm a los kurdos o Bachar lanzando bombas expansivas en Alepo son dos auténticos canallas. El problema es que la zona está llena de gobernantes canallas. Porque… ¡cómo calificar al Rey de Arabia Saudí que ordena decapitar en público y luego crucificar a un prisionero que ha cometido el gravísimo delito de participar en manifestaciones de los chiíes contra el Régimen o dar 1000 latigazos a otro por el delito de no ser suficientemente respetuoso con el Corán? Si el actual Régimen sirio cayese, a las minorías y a las mujeres les ocurrirá igual que en Irak. Probablemente el mal menor es tolerar durante algún tiempo a algún canalla como Bachar El Assad o, como mínimo, conservar el ejército y el partido Baas para evitar la fragmentación del Estado. La solución mejor estaría en un acuerdo de Francia, EEUU y Rusia para organizar un Gobierno de unidad en Siria. Todo esto sin olvidarnos de cortar la financiación al EI y de dar pasos reales para la resolución del conflicto palestino sin la cual siempre se estará alimentando el resentimiento árabe y sin que algún tercero en conflicto se dedique a poner palitos en la rueda de las soluciones derribando algún avión ruso como acaba de hacer Turquía. La cosa se presenta muy difícil pero no imposible.

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